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EVANGELIO

El que escucha la palabra y la entiende, ése dará fruto

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Vosotros, pues oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.

Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».

Palabra del Señor.

Avisos:

  • Retiro de Palma de Mallorca: del 26 al 28 de julio. Orad por los frutos.
  • Retiros en Madrid: 13-15 y 27-29 de septiembre (Casa de Espiritualidad Emaús – Oblatos). Más información aquí: http://wp.me/p6AdRz-1QQ
  • Retiro en Málaga y campamento para niños: 04-06 de octubre. Apertura de inscripciones mañana viernes 19 a las 20h. Infórmate aquí: https://wp.me/p6AdRz-1RV


(Retiros pendientes de apertura de inscripciones. Informaremos más adelante)

  • Retiro en Sevilla: 18-20 de octubre


Mete la cuarta.

El Señor explica el Evangelio, con lo cual, poco hay que añadir.

Las tres primeras no dan fruto. Pero escuchar la Palabra y entenderla produce mucho fruto, aunque no lo veamos, aunque pensemos que no hay cambios. Dios va haciendo y va purificando, en silencio, en el corazón que le busca sinceramente. Dicen los expertos que la tierra más fértil produce el veinte por uno, por tanto, el Señor se está refiriendo aquí a la sobreabundancia de Dios. Así que, esposo, anímate y ¡Mete la cuarta!

Podría ser que los cuatro tipos de tierra estén presentes en cada uno de nosotros, según las circunstancias. Superficial, emocional, terrenal o humilde. Son las cuatro actitudes que marcan mi respuesta ante la Palabra transformadora de Dios.

Aterrizado a la vida matrimonial:

1) Superficial:

Juan: Otra vez la donación. Siempre lo mismo: El matrimonio consiste en donarse al esposo. Es muy pesado, siempre igual.

Teresa: ¿Has descubierto la belleza, lo maravilloso que es tener a alguien a quién donarse?

Juan: ¿Maravilloso? ¡Es un suplicio!

Teresa: Juan, profundiza en ello o nunca calará en ti el mensaje Evangélico. No te quedes son la primera sensación que te llega…

2) Emocional:

Marisa: Jo! Qué pasada! Cómo me ha gustado el tema de la cruz en el matrimonio. Estoy deseando vivirlo.

Pedro (Su esposo): La cruz es cargar sobre uno los pecados del otro para colaborar en su redención. Eso es muy duro, Marisa.

Marisa: Ya, que tú lo haces muy bien ¿Verdad?

3) Terrenal:

Cristina: Cariño, este año no tenemos dinero para todo. O hacemos un viaje, o el retiro.

Ramón: Yo necesito descansar. A mí déjame de retiros…

Cristina: Pero el año pasado nos hizo mucho bien.

Ramón: Pero ¿No es mejor que estemos juntos, disfrutando de los paisajes, la buena comida, un hotelito romántico…?

4) Humilde:

María: Cariño, necesitamos estar más con el Señor. Con las circunstancias que estamos viviendo, últimamente estamos más nerviosos y no estamos siendo fieles a nuestra vocación de ser uno.

Pedro: Sí, María. También necesitamos estar un poco más tiempo juntos, y hablar de nosotros. Yo te tengo que contar algunas cosillas que me están costando y necesito de tu ayuda ¿Vale?

María: Vale.

Pedro: Por cierto ¿Te he cantado mi último súper éxito de amor en exclusiva para ti?: “Oh cariño, a ver cuando me besas/ que tus besos me saben a hamburguesas/ y tus ojos que brillan como el hielo/ dulces como helado de caramelo…”

María: Jajaja… Anda, anda, que lo tuyo es para grabarte…

Madre,

Me emociona saber que Dios no para de sembrar en mí, y me entristecería no acoger todo lo que me quiere dar. Hazme más humilde, Madre, para acogerle, para valorar los tesoros que pone en mis manos. Dios es inmensamente generoso conmigo. Bendito y alabado seas por siempre, Señor.

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