Un libro trascendental
Pablo Cervera nos acerca a la figura incomparable del padre Luis María Mendizábal, S.I., con sus «Escritos escogidos».

Luis María Mendizábal, gran apóstol del corazón de Cristo, nació en 1926 y falleció en 2018.
Si a ocho de cada diez chicos y chicas jóvenes españoles de hoy les cuentan que hubo una España que se consagró, como nación, al Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles, con el Rey de entonces como protagonista, alucinan en colores.
Dicen los encuestadores de todo lo habido y por haber que se registra hoy en España, en las películas y en las canciones y en las discotecas, un rebrote de espiritualidad católica –ellos dicen revival, claro, porque así les parece más rebrote– y, desde luego, hay que reconocer que motivos no les faltan a las nuevas generaciones de españoles para estar hasta el mismísimo gorro de lo que hay; pero tengo mis dudas de que esos rebrotes sean de verdad y, si lo son, de que vayan a ser adecuadamente injertados, regados y guiados, o mucho tienen que cambiar las cosas.

Luis María Mendizábal, 'Escritos escogidos' (I), edición de Pablo Cervera.
El hecho es que esa España fue un hecho y este libro, en el que el infatigable Pablo Cervera ha recogido los textos de un gigante espiritual, el jesuita Luis María de Mendizábal, da suficiente superabundante fe de ello. Lo ha editado Fonte, en el centenario, este año, del nacimiento del protagonista; tiene 606 páginas, es el primero de dos tomos (el segundo será de escritos ignacianos), y se titula Escritos escogidos (Teología espiritual). Advierto al lector, ya de entrada, que éste no es un libro para pasar el rato… Es un libro de meditación, de reflexión profunda, más que adecuado, por ejemplo, para un retiro de Semana Santa de esos chicos y chicas del rebrote espiritual.
Está dividido en cinco partes: Reparación, Iglesia, Vida consagrada y Vida espiritual, pero el meollo, la base y fundamento, que diría el padre Mendizábal, está en la primera parte: Corazón de Cristo, centralidad e interioridad.
Tuve la suerte de conocerle cuando era director nacional del Apostolado de la Oración, y me encanta recordar a Don Marcelo, el primado de España, tronchándose literalmente de risa al oír al padre Mendizábal contar chiste tras chiste, a los postres de un almuerzo en Toledo. Pude comprobar, en mis años de Roma, que en la Universidad Gregoriana se recuerda con admiración entusiasta a aquel pedagógico profesor de Ascética y Mística, profundísimo teólogo que fue Mendizábal, un teólogo que contaba chistes con la verdadera alegría de la santidad.
Juzgando las capacidades de un alumno, Mendizábal le dice a un rector: “Mire usted, ser bueno se pasa, pero ser tonto, eso es para siempre” (página 131 del libro). Se estaba muriendo Juan Pablo II y recibió en audiencia a un obispo que le dijo: “Bueno, adiós, Santo Padre”; y San Karol, ni corto ni perezoso, le replicó: “¿Qué le pasa monseñor, está enfermo?" Por cierto: la causa de canonización del padre Mendizábal está en marcha.
En el prólogo de este libro, monseñor Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares, define al padre Mendizábal como “un hombre de Dios, cuya fragancia de Cristo se había derramado por cada uno de nosotros en algún momento de nuestra vida. Fue faro de luz y de sabiduría rumiada, como la de la Virgen”.
Quines crean, por desgracia incluso dentro de nuestra propia Iglesia, que la devoción al Corazón de Jesús es algo sensiblero, algo de otros tiempos, no han entendido lo esencial de nuestra fe, y el padre Mendizábal dedicó su vida entera a hacerlo entender, como se ve en estas páginas.
La devoción al Corazón de Cristo es la quintaesencia de la religión, una nueva concepción de la vida y del mundo: “Estoy vivo. Mirad mis manos y mi Corazón que palpita de amor ahora mismo por vosotros”. Misteriosamente, este Corazón sigue amando. Siempre ha enseñado la doctrina católica que la tercera persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, es el amor entre el Padre y el Hijo. Es pura teología, altísima y misteriosa sabiduría: Jesucristo me ama ahora. San Juan de Ávila llama al Espíritu Santo “Corazón de Cristo”.
Y añade el padre Mendizábal, en sus homilías con motivo de los 60 años de la consagración de España al Corazón de Cristo, en 1919, que “los pecados de los católicos, aún los más ocultos, causan una verdadera herida al Corazón de Cristo”. Y dedica su vida entera a la maravillosa Teología de la Reparación: "No hay crisis devocional que valga. Lo que hay es crisis de teología. 'Pero ¿qué nos está pasando?', he preguntado más de cuatro veces, y los que más saben me responden con tres escuetas y tremendas palabras: 'Es el pecado...'”
Siempre he mantenido que en esta querida Ex-paña seguro que, en un momento de exaltación, hay españoles dispuestos a dar la vida por Cristo Rey.
Vivir cada día de cada semana de cada mes y de cada año por Cristo, con Cristo y en Cristo, eso ya es harina de otro costal. Si algo tengo seguro hasta más no poder, es que libros como éste son los que ayudan a conseguirlo.