Religión en Libertad

El obispo auxiliar de Jerusalén ve rencor mutuo, pero también «milagros» para conservar la esperanza

Rafic Nahra, de orígenes libaneses, explica el agravamiento de la desconfianza entre las partes.

Monseñor Rafic Nahra, estrecho colaborador del cardenal Pizzaballa en Jerusalén.

Monseñor Rafic Nahra, estrecho colaborador del cardenal Pizzaballa en Jerusalén.Community of the Beatitudes (captura)

Redacción REL
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Rafic Nahra (n. 1959), de orígenes libaneses, fue ordenado sacerdote en París en 1992 y desde 2022 es obispo auxiliar de Jerusalén, y por tanto un colaborador directo y esencial del cardenal y patriarca latino Pierbattista Pizzaballa.

La Iglesia en Israel

Reside en Nazaret (19.000 cristianos, un 25% de la población) y junto a la basílica de la Anunciación ha sido entrevistado en el último número de Tempi en torno a la situación, en el presente momento de intenso conflicto, de los cristianos en Israel, que son 185.000 de todas las confesiones (140.000 de ellos árabes), más un grupo de rusos y ucranianos y algunos cientos de católicos de expresión hebraica, según él mismo explica: “El número es exiguo, pero nuestra presencia es importante”.

Añade que la Iglesia no crece en Israel, al revés: “La disminución es constante”. Las causas son la caída de la natalidad y la violencia, pero no solo la vinculada a causas políticas, sino la producida por “grupos mafiosos” que incluso matan en medio de la calle a plena luz del día. Muchas familias huyen por ese motivo. En lo que va de año han sido asesinadas una cincuentena de personas en las ciudades árabes de Israel.

Lo que cambió aquel 7 de octubre

Monseñor Nahra subraya que, además de eso, el 7 de octubre de 2023 supuso un antes y un después porque “algo se rompió y se hundió la confianza”, de modo que ahora gran parte del pueblo judío siente un peligro en los árabes y gran parte de los árabes sienten que para los judíos su vida vale menos. También hay una división entre los propios israelíes: la mitad “es muy nacionalista y no quiere contacto con el mundo árabe” y la otra mitad “es más pragmática, querría la convivencia pero ha quedado traumatizada por la guerra en Gaza y lo sucedido con los rehenes”.

La posición cristiana es “tender la mano a todos”, afirma, ante “una realidad que pone a prueba la autenticidad del sentimiento religioso de cada cual”. Hay que aprender a vivir juntos, pero “falta la confianza mutua, que lo es todo”, y falta porque “cada comunidad ha visto probado que la otra no está dispuesta a la pacificación”.

En opinión del prelado, la clave de la reconciliación es “no ceder a los estereotipos”: “No todos los palestinos son terroristas, no todos los israelíes son criminales”.

Un caso ejemplar

La clave de la esperanza son casos como el del judío Alon Gat, muy presente en los medios, a quien el prelado conoce y ante cuya historia, contada a él personalmente, llegó a llorar. 

Alon Gat, judío víctima del terrorismo palestino por partida triple, renuncia al odio.

Alon Gat, judío víctima del terrorismo palestino por partida triple, renuncia al odio.ICEJ (Embajada cristiana de Jerusalén)

Aquel fatídico 7 de octubre, la madre de Alon fue asesinada por Hamás y su hermana y su esposa secuestradas. A su hermana la mataron en el túnel de Gaza y a su mujer la liberaron, pero sigue traumatizada. 

La reacción de Alon no ha sido de odio: “La vida para mí ya no tiene sentido, la única cosa que quiero ahora es hacer el bien” y está trabajando en proyectos de conocimiento mutuo entre judíos y palestinos.

Es un “milagro” a la vista de las circunstancias, dice monseñor Nahra, pero “estas personas existen, hay esperanza”.

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