«Haz que lo vean»: Alfonso Gordon y la fotografía que revela la presencia de Dios
«Me di cuenta de que Dios existía y su presencia era real» – Alfonso Gordon

En la obscuridad te siento
Hablar con Alfonso Gordon por teléfono, mientras él avanzaba a pie por mi tierra rumbo a Santiago, y descubrirme llorando al escucharle ha sido uno de esos regalos inesperados del oficio. A estas alturas de mi vida, que un testimonio atraviese así la coraza del periodista es casi misión imposible.
Alfonso, fotógrafo de viajes y fauna salvaje, nunca imaginó que su vida cambiaría radicalmente en 2024. Una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) y un encuentro espiritual en la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos lo transformaron. De aficionado a la fe pasó a convertirse en un fotógrafo que capta lo divino en imágenes únicas. Su misión ahora es clara: usar la cámara para mostrar la presencia de Dios en el mundo, desde monasterios hasta el Camino de Santiago.
Una cámara entre las manos desde los ocho años
¿Cómo empieza esa pasión, vocación y profesión que es la fotografía?
“La fotografía, en realidad, empieza cuando yo tengo 8 años, cuando mi padre —al que también le gustaba la fotografía— me regaló una Kodak Instamatic que todavía conservo. Siempre me gustó la fotografía, pero hasta ahora era una mera afición. Primero, la típica fotografía de viajes y de eventos familiares, y luego aquello evolucionó. Como siempre me ha gustado mucho el campo, lo siguiente fue especializarme en fotografía de fauna salvaje y en retrato”.
Cuando la vida cambia de dirección
¿Cómo empiezas a asimilar ese giro en el que ya notas que han cambiado cosas?
“Hay tres fechas importantes en este proceso. La primera es el 31 de enero de 2024, cuando tengo una ECM (Experiencia Cercana a la Muerte) y por primera vez siento de forma inconfundible la presencia de Dios y su infinito amor”.
“Todo es gradual. Lo primero que me pasa es que cada amanecer me parece un regalo y disfruto más los días. Ya disfrutaba antes porque siempre he sido una persona, entre comillas, disfrutona en el buen sentido, pero desde entonces mucho más. Y lo otro es que dejas de tener miedo a morirte. Sabes que te vas a morir algún día y te das cuenta de que es un sitio bonito, que no pasa nada y que está bien, y que además es un buen sitio al que ir. Entonces eso te ayuda a relativizar mucho las cosas”.
De creer a saber
¿Cómo empieza a entrar Dios en tu vida? ¿Cuál es la gran diferencia?
“La gran diferencia es que antes creía que Dios existía, pero era una creencia racional. A partir de ese momento tienes la absoluta certeza de que Él está ahí: lo sientes contigo, sientes su presencia real y entonces empiezas a tener inquietud. Inconscientemente… bueno, la verdad es que no creo que fuera inconsciente. Creo que el de arriba, una vez que te pega el zambombazo, te empieza a poner gente en tu vida que te ayuda en este nuevo camino. Empiezas a conocer a personas que tienen más fe que tú, empiezas a hablar de ello y eso va consolidando tu fe. En mi caso, todo este proceso me ayudó a abrirme mucho más. Antes era una persona bastante hermética, hasta que una amiga mía me preguntó un día si la acompañaba a una misa bonita”.
«Haz que lo vean»
La segunda fecha clave es el 8 de septiembre de 2024. ¿Qué ocurrió ese día?
“En realidad hay tres fechas: esas dos y luego el 15 de febrero. Pero la segunda fue en la Iglesia Abacial de la Santa Cruz, donde, gracias a esta amiga mía, asistí a la misa conventual de las once. Yo todavía no estaba muy metido en el rito, tenía inquietud, pero la conversión real aún no había llegado.
Recuerdo que ese día, durante la consagración, se apaga la basílica y queda iluminado solo el Cristo. Yo estaba con los ojos cerrados y, al abrirlos, me encuentro con una escena brutal. Y el señor de la derecha me dijo: ‘Haz que lo vean’. Cuando me giré a la derecha para darle las gracias, no había nadie. Durante un mes amanecía dándole vueltas a esa frase, hasta que llegué a la conclusión de que aquella voz me pedía inmortalizar, a través de la fotografía, el recogimiento que se vive en el interior de la basílica. Empecé a trabajar con ellos con ese fin, hasta que en la Misa del Gallo sacamos la foto que lo cambiaría todo”.
El corazón sobre Cristo
Una imagen única, una sola copia, 100.000 euros
“Una de las instantáneas que capté con mi cámara en la Misa del Gallo de 2024 me ha marcado especialmente. En ella se ve a Jesús crucificado siendo incensado. Es la única imagen donde el incienso se rompe y deja a la vista el Cristo, y si además miras justo encima, la nube de incienso forma un corazón”.
“Y aquí llega la tercera fecha, el 15 de febrero, cuando Borja Pérez de Brea, de Decrux, me presenta a Ana María González, propietaria de la Galería Baluarte. Durante dos meses celebramos una exposición en su galería de Claudio Coello, 64, donde mostramos la vida interior de la abadía. Durante esa exposición, Ana vendió la foto por 100.000 euros a un comprador anónimo, y el dinero se donó a los monjes de la comunidad benedictina”.
«Soy una marioneta de Dios»
¿Qué significa vivir así?
“Desde hace un año y pico, desde que fui al Valle, pero sobre todo desde la exposición, le decía a Ana que sentía que nos estaban llevando, que no tomábamos ninguna decisión. Con cada cosa que hacemos, Él nos manda a la persona adecuada para dar el siguiente paso. Y es así. Durante todo este año he visto que muchas de las cosas que han ido pasando no eran decisiones mías, no eran algo que yo dijera ‘quiero hacer esto’, sino que surgían delante mío. Yo solo tenía que decir: esto sí o esto no. Casi siempre ha sido esto sí, claro”.
No buscar, dejarse encontrar
¿Qué consejo darías a quien busca a Dios?
“Probablemente el error es salir a buscar algo. Dios es amor y Dios está en todos lados, es omnipresente. No tienes que salir a buscarlo: está en el café de las mañanas, en el paseo de las tardes, en el tobillo que te duele cuando te lo has torcido. A lo mejor el error que cometemos es salir a buscar algo que no sabemos qué es. Yo lo he visto porque tuve la ECM, pero no se lo recomiendo a nadie. A veces basta con parar, abrirse y dejar que entre”.
Escuchar a Alfonso Gordon mientras avanza hacia Santiago es una lección de espiritualidad en movimiento. Su historia, sus fotografías y la forma en que la fe se ha transformado en obra de arte y servicio recuerdan que Dios se encuentra en lo cotidiano: en la luz que entra por una ventana, en la nube de incienso que forma un corazón y en la mirada sincera de quien abre su alma a lo que no entiende, pero acepta.