Un café en Roma con el padre Álvaro Serrano: historia y legado de la Radio Vaticana

El padre Álvaro Serrano, en una retransmisión durante el cónclave.
El padre Álvaro Serrano, apasionado por la comunicación y la historia de la Iglesia, nos guía por los orígenes, desafíos y la influencia global de la Radio Vaticana. Una conversación que revela cómo la fe y la tecnología se encuentran al servicio de la evangelización.
Padre Álvaro, ¿Puedes contarnos cómo surgió la Radio Vaticana y cuál era su objetivo original?
La historia es fascinante. Nace en un período entre guerras, tras la Primera Guerra Mundial, un momento en el que las ideologías se expanden rápidamente por radio. El Papa de entonces, Pío XI, entendió que si la mentira se transmitía con rapidez, la verdad también debía hacerlo. Así, en 1931, encargó a Marconi, el padre de la radio, diseñar y construir una emisora dentro de los muros del Vaticano, confiando la misión a los Jesuitas. El 12 de febrero de 1931, por primera vez en la historia, la voz del Papa pudo escucharse en toda la superficie de la tierra. Pío XI pronunció palabras tomadas del Deuteronomio: “Audite, caeli, quae loquor; audiat terra verba oris mei” —“Escuchad, cielos, lo que digo; oiga la tierra las palabras de mi boca”— y luego sonó una sinfonía de Beethoven.
¿Qué papel desempeñó la emisora durante los momentos de crisis internacional o conflictos del siglo XX?
Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis y fascistas controlaban casi toda la información en Europa. Se cuenta que Goebbels llegó a decir que “el veneno de las ondas vaticanas era más peligroso que las balas de los aliados”. Desde un estado diminuto, los mensajes llegaban a todo el mundo. Además, la Radio Vaticana gestionó un servicio humanitario de información para prisioneros de guerra y desaparecidos, dirigido por Mons. Montini, futuro Pablo VI, transmitiendo más de 1.240.000 mensajes y acumulando 12.000 horas de emisión. Esto fue tan relevante que, en 1943, un avión no identificado bombardeó los jardines del Vaticano intentando interrumpir la señal.
¿Cuáles han sido los momentos históricos más emblemáticos de la Radio Vaticana?
Varios destacan: la inauguración con Pío XI, el servicio de búsqueda de desaparecidos en la Segunda Guerra Mundial, el llamamiento de Pío XII en 1942 alertando sobre la persecución de inocentes durante el Holocausto, y la cobertura del Concilio Vaticano II, traducido a más de 30 idiomas, mostrando el alcance universal de la emisora.

Una imagen de la inauguración de Radio Vaticana, el 12 de febrero de 1931. En el centro, Pío XI; a la izquierda de la foto, en primer término, su secretario de Estado, el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII; entre ambos asoma Guillermo Marconi.
¿Cómo ha evolucionado la relación entre la Iglesia y los medios de comunicación gracias a la Radio Vaticana?
Al inicio, con Pío XI, los medios eran herramientas funcionales para difundir el mensaje. Durante Pío XII y la guerra, la radio se convirtió en un servicio humanitario, un medio para hablar y también escuchar, buscar y ayudar. Con Pablo VI y el Concilio Vaticano II, los medios de comunicación social se reconocen formalmente como parte de la misión evangelizadora de la Iglesia, gracias al decreto Inter Mirifica. La radio ya no es solo mensaje; es diálogo y presencia.
Hoy, con Internet, redes sociales y streaming, ¿Qué valor añadido tiene la Radio Vaticana?
La radio ofrece paz en un mundo saturado de imágenes y velocidad. Su voz no exige atención completa: se puede escuchar mientras conduces o cocinas. No impone una imagen: permite a cada oyente imaginar y reflexionar. Además, llega a lugares donde Internet no alcanza: África, Asia o zonas de conflicto. Para muchos, Radio Vaticana es el único puente con la Iglesia universal, un medio de esperanza y compañía en medio del caos.
¿Qué lecciones nos deja la Radio Vaticana sobre comunicar la fe en contextos adversos?
Primero, que la Iglesia utiliza la tecnología disponible para alcanzar a cada persona, incluso en guerra o aislamiento. La radio no se detiene: siempre encuentra un camino. Segundo, que la gente necesita verdad y neutralidad; la propaganda y el miedo saturan, y la radio ofrece claridad y confianza. Y tercero, que el contenido esencial es la fe, la evangelización y la esperanza. La Radio Vaticana muestra que la Iglesia puede ser presencia, palabra y consuelo incluso en los momentos más complejos.