Del Sagrado Corazón de Jesús que acabamos de celebrar: una breve reseña histórica
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Santa Gertrudis Una reseña histórica sobre la devoción al Corazón de Jesús debe comenzar reconociendo que, en realidad, se trata de una tradición tardía, y que no es hasta el s. XII que encontramos trazos de ella. Y ello en el supuesto caso de que, como apuntan algunas fuentes, su iniciador sea el cisterciense San Bernardo de Claraval (10901153), si bien podría ser incluso posterior si como señalan otras fuentes, tal condición recayera en el franciscano San Buenaventura (12181274). Como quiera que sea, Santa Matilde (m.1298) o Santa Gertrudis (12561302) demuestran en sus escritos conocer ya la devoción. Precisamente la visión de ésta última durante la fiesta de San Juan Evangelista, relatada en las “Revelationes Gertrudianae”, constituye un hito en la historia de la tradición. Según el texto citado, habiendo recostado la santa su cabeza en el costado herido de Jesús, pudo escuchar los latidos de su corazón. Preguntando al apóstol y evangelista Juan si al reposar él la cabeza sobre el pecho de Cristo durante la Última Cena (Jn. 13, 25) también experimentó tal sensación, éste habría respondido que sí, y al inquirir por qué no hablaba de ello en su Evangelio, habría respondido que tal revelación estaba reservada para tiempos posteriores. Parece ser que es en el siglo XVI que la devoción se extiende, cosa que sabemos gracias a los escritos del cartujo Lanspergius de Colonia (m.1539) y del benedictino Lois de Blois (n.1566). A su culto se incorporan importantes personalidades de la vida del cristianismo. Así el reciente doctor de la Iglesia San Juan de Ávila (m.1569), San Francisco de Sales, la beata española Marina de Escobar (m.1633), las carmelitas francesas Magdalena de San José y Margarita del Santísimo Sacramento, la beata María de la Encarnación (m.1672)… Y sobre todo muchos jesuitas, que tintarán la tradición de un recio sabor a Compañía de Jesús. Así, Álvarez de Paz, Luis de la Puente, San Francisco de Borja, San Pedro Canisio, San Luis Gonzaga, San Alfonso Rodríguez... Junto a ellos no faltan tratados especializados como el opúsculo del Padre Druzbicki, “Meta Cordium, Cor Jesu”. A San Juan Eudes (16021680) corresponde la primera celebración del Sagrado Corazón en el Seminario de Rennes el 31 de agosto de 1670.
Pero el gran hito del Sagrado Corazón está reservado a la aparición en el escenario de Margarita María Alacoque (16471690), monja francesa de la Visitación de Santa María (las llamadas “visitandinas”) del monasterio de Paray-le-Monial, quien con ocasión de una fiesta de San Juan, probablemente de 1674, recostó su cabeza como antes Santa Gertrudis, sobre el corazón de Jesús. En otra aparición, Jesús le habría pedido ser honrado a través de su corazón. Y en otra habría solicitado que se practicara una devoción de amor expiatorio: la comunión frecuente, la comunión cada primer viernes de mes, y la observancia de la Hora Santa. En una cuarta, conocida como la “gran aparición”, ocurrida el 16 de junio de 1675 durante la octava de Corpus Christi, Jesús le habría dicho: “Mira el Corazón que tanto ha amado a los hombres... en vez de gratitud, de gran parte de ellos no recibo sino ingratitud”, mientras pedía que se celebrara una fiesta de desagravio el viernes después de la octava de Corpus Christi. Margarita María informa de todo al Padre De la Colombière, superior de la pequeña casa jesuita en Paray, quien ordena a la visitandina escribir los detalles de las apariciones. La narración del Padre Croiset de la vida de Margarita en el apéndice de su libro “De la devotion au Sacre Coeur” en 1691 contribuye grandemente a la devoción. En 1693, Roma concede indulgencias a las cofradías del Sagrado Corazón, y en 1697 otorga a la visitandinas licencia para celebrar la fiesta junto con la de las Cinco Llagas.
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