Epifanía: la revolución de los Reyes Magos
El sacerdote Ignacio Amorós desmonta algunos mitos sobre los primeros gentiles que adoraron al Niño Dios.
Ignacio Amorós, del canal Se buscan rebeldes, de quien estamos recogiendo en ReL una serie completa sobre espiritualidad basada en su libro Un mundo dentro de ti, ha preparado esta reflexión sobre la fiesta de la Epifanía del Señor:
La revolución de los Reyes Magos
Lo que sucedió el día de Navidad fue algo inaudito, una paradoja que a menudo pasamos por alto entre el papel de regalo y el roscón. Imagínate la escena: en Roma, el hombre más poderoso de la tierra, el emperador César Augusto, dormía en su palacio creyéndose el centro de la historia y un dios en la tierra. Hoy, sin embargo, pocos se acuerdan de él.
En cambio, en la última aldea de la provincia más pequeña del Imperio, en una cueva fría de Belén, sucedía lo inconcebible. Unos sabios llegados de Oriente, la élite intelectual de su tiempo, cruzaron el mundo conocido no para firmar un tratado con el emperador, sino para arrodillarse ante un Niño pobre.
Como decía G.K. Chesterton, aquellos Magos representaban a toda la filosofía y la ciencia antiguas. Eran hombres que habían estudiado todo, pero su búsqueda terminó en una cueva. "La sabiduría humana tuvo que hacerse pequeña para entrar por la puerta baja de la cueva de Belén", escribió el pensador inglés. Mientras el mundo antiguo moría de cansancio por sus complejidades, los Magos encontraron la eterna juventud en la simplicidad de un Niño.
El fin de la dictadura del destino
Esto es lo que celebramos en la Epifanía: la "manifestación" de Dios. Pero hay un detalle en esta historia que es vital para el hombre moderno, tan obsesionado a veces con las energías, el karma o el destino.
Los Magos eran astrónomos. En el mundo antiguo, la gente vivía aterrorizada por los astros; creían que el destino estaba escrito en las estrellas y que éramos esclavos del hado. Pero Benedicto XVI, con su habitual lucidez, nos explicó que la Epifanía trajo una revolución cosmológica: "No es la estrella la que determina el destino del Niño, es el Niño quien guía a la estrella".
Esta es la gran noticia: Cristo es el Señor de las estrellas. Tu vida no depende del horóscopo ni de un destino ciego. Tu vida está en manos de un Dios que te ha hecho libre. La Epifanía es el grito de la libertad de los hijos de Dios.
La advertencia de San Agustín: no seas un "poste"
Sin embargo, el viaje de los Magos tiene una sombra. Cuando la estrella desaparece, preguntan en Jerusalén. Los escribas abren las Escrituras y saben la respuesta teológica perfecta: "El Mesías nacerá en Belén". Lo sabían todo, pero no se movieron de sus palacios.
San Agustín nos lanza aquí una advertencia que me estremece. Dice que estos escribas son como los "hitos kilométricos" o los postes de las carreteras: indican el camino a los demás, pero ellos se quedan clavados, inmóviles, sin vida. ¡Qué peligro para nosotros! Podemos sabernos toda la doctrina, explicar el camino a otros, pero tener el corazón paralizado. La fe no es teoría, es caminar. No seamos postes, seamos caminantes.
Tres regalos para hoy
Al final, el encuentro se da en la adoración. Y los Magos abren sus cofres. ¿Qué podemos regalarle nosotros hoy? Actualicemos el significado de ese oro, incienso y mirra:
- Oro: es el regalo para el Rey. Significa tu amor, pero sobre todo tu desprendimiento. El oro de hoy es entregarle tu ego, tus planes y tu comodidad.
- Incienso: es el regalo para Dios. Es el tiempo que "pierdes" (o ganas) en la oración, elevando tu alma hacia Él.
- Mirra: era usada para embalsamar, honrando la humanidad doliente. Es el sacrificio. Es tu capacidad de perdonar al que te hiere o de consolar al que sufre.
San Gregorio Magno decía que "haber conocido a Jesús nos prohíbe volver por el camino por el que vinimos". Si esta Epifanía te encuentras de verdad con Él, no puedes seguir igual. Tienes que volver a tu vida por otro camino, transformado.
Te invito a ver el vídeo completo donde profundizo en estos misterios. No lo olvides: Dios te quiere, y te quiere feliz.
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ReL