Toledo, ciudad martirial hoy: cómo vivir el "mártir de cada día"
Diego del Cojo Gómez profundiza en los mártires de Toledo

Diego del Cojo Gómez con el Papa Francisco. En la audiencia junto a sus hermanos en el Seminario Mayor de Toledo (7 de noviembre de 2024).
Diego del Cojo Gómez (@martiresdetoledo), seminarista del Seminario Mayor de Toledo y colaborador de la Causa de los Mártires, responde a preguntas que profundizan los temas tratados en su primera entrevista con Elisa (@ladamahispana) sobre la persecución religiosa en Toledo. Aquella conversación presentó los hechos históricos clave: el origen de la expresión "mártires de la persecución religiosa" frente a "mártires de la guerra civil", los antecedentes políticos desde Alfonso XIII hasta la Alianza Republicana, las cifras del clero masacrado (47,6%), el contexto del asedio al Alcázar con el "Ángel" Antonio Rivera Ramírez, y testimonios impactantes como los del beato José Polo Benito o el sacerdote José López Cañada.
Ahora se explora el sentido espiritual y actual de estos sucesos: qué significa llamar a Toledo "ciudad martirial", qué rasgos unen a estos testigos con los mártires de los primeros siglos cristianos, cómo cultivar una espiritualidad del "mártir de cada día" en entornos hostiles como universidades o trabajos, y qué responsabilidad asumen los comunicadores católicos al narrar esta memoria con verdad evangélica, evitando cualquier uso ideológico o partidista del sufrimiento de las víctimas.
-A lo largo de los siglos, Toledo ha sido cuna de la tradición cristiana y del desarrollo espiritual de España. Hablamos de que ha sido casa de grandes maestros de espiritualidad como San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús... El interés de la reina Isabel la Católica y de Cisneros por Toledo... Todo ese tesoro espiritual creo que también ha ayudado a ser la ciudad que hoy somos. Y por supuesto, durante la Guerra Civil fue el "broche de oro". Decía Tertuliano que "la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos". Y hoy lo confirmamos: tras la guerra civil, el seminario triplica el número de seminaristas, los conventos se llenan... Ahí es donde vemos que la muerte de tantos sacerdotes dio realmente su fruto.
-Creo que el papel del católico se debe ceñir al Evangelio, no hace falta hacer grandes cosas, simplemente ser fiel en lo pequeño para ser fiel en lo mucho. El ejemplo a seguir es Jesucristo, que siendo Dios se dejó crucificar por todos los pecados de la historia de la humanidad. Los mártires no han hecho cosas extraordinarias, simplemente han sido fieles a aquel SÍ que dieron al ordenarse sacerdotes.
-Si nos fijamos en la historia de nuestra ciudad, antes de la Guerra Civil no había sido martirizado ningún cristiano desde el Imperio Romano, cuando muere Santa Leocadia (304 d.C.). Es decir, en más de 1.700 años no había sido asesinado ningún cristiano hasta 1936. Si comparamos a los mártires actuales con los de aquellos siglos, se repite el mismo patrón: la fidelidad.
-Mi maestro sobre los mártires, don Jorge López Teulón, a estas personas que se entregan en su vida cotidiana los llama "el mártir de cada día". Y creo que no hay mejor definición.
Lo que yo diría a los jóvenes que hoy se sienten violentados por sus profesores, compañeros y amigos en sus universidades, en sus ambientes de trabajo, estudios y familia es que sean TESTIGOS del amor de Cristo. Que sean otro San Pablo, y sigan defendiendo su fe en medio de esta cultura de la imposición ideológica. Que no se callen, que invoquen al Espíritu Santo, que él les dará la fuerza y las palabras que tengan que decir. Actuando con la mansedumbre de Cristo ante Caifás, y hablando desde la Verdad.
-El martirio en la tradición de la Iglesia no es un relato ideológico, sino un hecho concreto vivido por personas reales.
La primera responsabilidad es la verdad: investigar, contextualizar y evitar la ideología. En el cristianismo primitivo ya se insistía en esto. Por ejemplo, las actas del martirio de santos como san Policarpo se redactaban con cuidado precisamente para preservar lo sucedido y evitar exageraciones.
La segunda responsabilidad es la memoria. Recordar a los mártires debe: honrar su sacrificio, invitar a la conversión, fortalecer la fe y evitar el odio o el resentimiento.
Por eso la Iglesia, incluso al reconocer mártires contemporáneos, suele insistir en el perdón a los perseguidores como parte del testimonio cristiano.
Yo preguntaría a los comunicadores y fieles laicos: ¿Este relato que estoy contando acerca de la verdad, a la caridad y a la reconciliación, o alimenta el enfrentamiento?
Por eso insisto en que hay que tener un enfoque absolutamente evangélico y nunca partidista ni que alimente el odio.
Y no mezclar la ideología con la fe. El odio no es cristiano.