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«Tres halcones para Tamerlán»: otro salto a Oriente de Jesús Sánchez Adalid

Sánchez Adalid, párroco y novelista, quedó deslumbrado con Samarcanda y la embajada castellana del año 1403.

Jesús Sánchez Adalid con aves rapaces de la Asociación Cetrera Andaluza en la presentación de su novela en Córdoba

Jesús Sánchez Adalid con aves rapaces de la Asociación Cetrera Andaluza en la presentación de su novela en Córdobafacebook jesus sanchez adalid

Pablo J. Ginés
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En el año 1403, el rey Enrique III de Castilla, abuelo de Isabel la Católica, envió unos embajadores a la lejanísima Samarcanda, para negociar con su sultán Tamerlán, heredero de Gengis Khan, una posible alianza contra un enemigo común, los turcos otomanos. Los embajadores eran el militar Ruy González de Clavijo (madrileño, nacido en la Plaza de la Paja) y el dominico Alonso Páez de Santamaría. Escribieron en castellano un texto detallado y realista sobre lo que vieron, La Embajada a Tamorlán.

Y cuatro siglos después, el sacerdote y popular novelista Jesús Sánchez Adalid recupera esa historia y la amplía con su imaginación en Tres Halcones para Tamerlán, una novela de 670 páginas. El lector participa en ese viaje desde el punto de vista de Alvar, un joven aprendiz de halconero que tiene que cuidar que lleguen a Samarcanda tres valiosas aves rapaces para regalar al sultán. Alvar no sólo verá lugares y criaturas extraños, sino que aprenderá sobre el hombre, la guerra, el amor y la Providencia.

Sánchez Adalid está de gira presentando el libro. En Córdoba lo hizo acompañado en las Bodegas Campos Córdoba, con halcones de ACEAN (la Asociación de Cetrería de Andalucía). Y en Madrid lo ha hecho en la Casa Árabe de Madrid, como hizo hace ya unos años con su novela Los Baños del Pozo Azul, ambientada en época de Almanzor, poco antes del año 1000.

En Madrid le acompañó Jorge Urbiola, antiguo embajador español en Kazajstán, actualmente en la embajada de Montenegro, que fue quien le embarcó en la "aventura" de Samarcanda. Asistieron también los embajadores de Kazajstán y Uzbekistán en España.

"Con este libro se salda una deuda histórica", dijo Jorge Urbiola. Ruy González de Clavijo y de Alonso Páez de Santamaría recorrieron 20.000 kilómetros, llegaron a Trebisonda, al Cáucaso, a Irán, a Uzbekistán... y su historia es mucho menos conocida que el viaje de Marco Polo, de cien años antes. "Tamerlán tiene potencial para hacer películas, novelas, documentales y lo que quieras", explicó Sánchez Adalid.

Urbiola detalla que la novela está llena de aventuras y tiene "rigor histórico", pero es también la historia de un personaje joven "en búsqueda interior, que busca la verdad".

Sánchez Adalid presenta Tres Halcones para Tamerlán en la Casa Árabe de Madrid, al lado del embajador Jorge Urbiola

Sánchez Adalid presenta Tres Halcones para Tamerlán en la Casa Árabe de Madrid, al lado del embajador Jorge Urbiolacasa árabe de madrid

Le invitaron a Kazajstán dos veces

El novelista explicó luego que él ya no tiene muchas ganas de viajar, pero el embajador Urbiola le insistió tanto que aceptó. En Astaná, la capital kazaja, tienen un ejemplar de su libro El Mozárabe, en su Centro Internacional para el Diálogo Interreligioso e Interconfesional, "una pirámide de cristal impresionante", dijo el escritor. Esta novela, que cumple 25 años y vendió un millón de ejemplares en español, se está ahora traduciendo al kazajo.

Astaná es una ciudad de nueva planta, "impresionante", dice Sánchez Adalid. En su segundo viaje pensaba estar 4 días pero se quedó 14 y lo llevaron a Samarcanda. En Samarcanda le admiró la tumba de Tamerlán en lapislázuli.

"Siento la mano de la Providencia, una fuerza más potente que yo me llevó allí tomado de los pelos", considera el sacerdote. Le impresionó la arquitectura en Astaná y en Samarcanda, "divina, con cúpulas de azulejo, el sol la ilumina y la hace brillar a ciertas horas".

"Parece que los rusos abrieron la tumba de Tamerlán el día antes de que empezará la invasión nazi de la Unión Soviética. Una leyenda decía que profanar la tumba la puerta abriría la puerta a los demonios... y llegó esa guerra", detalló.

El novelista investigó sobre aquella embajada del año 1403. La crónica antigua es apasionante pero muy difícil de leer. Hay palabras con significados muy distintos. Tamerlán, por ejemplo, organizaba ejecuciones muy crueles de enemigos o funcionarios corruptos y exhibía los cadáveres. "¡Qué maravilla!", exclamaba González de Clavijo al ver los cuerpos. Pero en castellano antiguo, la expresión significaba "qué horror".

El rey Enrique envió los tres halcones en respuesta a una embajada que llegó a Castilla con tres damas, cristianas de Oriente que habían sido cautivas del derrotado turco Bayaceto. "En Sevilla una señora me contó que esas tres damas se casaron en España, que una entró en un linaje de un caballero de la corte que se puede conocer. Uno quiere contar más historias, ¡una novela lleva a otra!", admite el novelista extremeño.

Sánchez Adalid destaca que el libro de Clavijo era detallado y realista. "Veían animales extraños, avestruces, jirafas, elefantes... y trataban de describirlos pareciendo serios y creíbles. Así, al elefante, que llaman marfil, lo describen como "mayor que 40 vacas" y añaden "sé que parece exagerado pero es así"". "El libro medieval detalla muchas ceremonias del vino en la Corte, pero lo curioso es que González de Clavijo era abstemio, y dice varias veces que ya no quería más vino", añade.

Al documentarse, Sánchez Adalid descubrió que no hay mucha información académica sobre la embajada de González de Clavijo, sólo "tres tesis de temas muy específicos relacionados con ese viaje". Él se encerró 6 meses "para dar forma al relato y hacerlo propio".

La simbología de los tres halcones

Sobre los halcones, recordó que la cetrería requiere "el temple, que es un juego entre el ave y el humano; el ave siempre ha de estar en el puño del cetrero". La embajada acudió con tres valiosas aves: "el gerifalte blanco, que es el de mayor jerarquía, que solo los reyes pueden llevar; el halcón peregrino, el más rápido, símbolo de la Península Ibérica, y el baharí, muy apreciado entre los árabes". Era una diplomacia simbólica muy pensada.

Tres halcones para Tamerlán, una novela de Sánchez Adalid sobre unos hechos reales de 1403

Tres halcones para Tamerlán, una novela de Sánchez Adalid sobre unos hechos reales de 1403harper collins

Sánchez Adalid, como antiguo scout y actual párroco, tiene especial sensibilidad por los jóvenes y su crecimiento, aunque muchas de sus novelas están protagonizadas por adultos. En este caso, el joven Alvar va madurando "porque el viaje es físico y es espiritual, es una metáfora de la vida", detalla. "La sabiduría es interpretar el propósito de la vida", añade el sacerdote novelista.

"Todo lo que estudié en mi juventud, y lo que aprendí después, lo considero un regalo de Dios. Luego miras atrás y ves que las piezas van encajando. Por ejemplo, ahora, cuando releo El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, veo cosas distintas a cuando era adolescente".

Sobre su interés por Oriente, admite que viene desde su juventud, cuando leía libros de Évariste Lévi-Provençal, arabista francés experto en Al-Ándalus, y traducciones de los poetas andaluces. "Escribir El Mozárabe me abrió puertas", admite. Pero detalla que también en la Antigüedad la Península Ibérica estuvo enlazada con Oriente. Y que en la Edad Media, ya en el siglo XIII unos monjes jerónimos españoles lograron llevar al Santuario de Guadalupe unas moreras que trajeron de Samarcanda.

Así, en Kazajstán descubrió un dulce que allí llaman djaddjad, que es idéntico al que en Extremadura llaman candelilla o piñonate, "y que se hace igual". "La Universidad de Cádiz ahora está preparando un proyecto de intercambio de estudiantes con la Universidad de Samarcanda", dice con aprobación.

La historia de España, un pozo que no se agota

"La Historia de España es tan vasta, que es difícil conocer muchos de sus episodios, por su enorme densidad. Es un pozo sin fondo", dice él, que ha escrito una veintena de novelas históricas visitando distintas épocas: la Antigüedad romana, los berberiscos del siglo XVI, los jesuitas en el Paraguay, las guerras del año 1000... Recuerda que la embajada de Samarcanda coincide, por ejemplo, con la agitada época del Papa Luna, el Papa aragonés que quedó solo y abandonado en Peñíscola.

Sánchez Adalid insiste en que "la literatura crea imaginario", en la sociedad. "Hoy los mozárabes son más conocidos; son gente. Antes solo eran una liturgia y una arquitectura. En 2005, tras un congreso, nació la idea de recuperar el Camino Mozárabe, y ya se ha hecho. Los mozárabes no lo llamaban así, lo llamaban Camino a Santiago y punto. Y creo que los mozárabes peregrinaban por imitar a los musulmanes que iban a La Meca. Es lo que defiendo y nadie me lo ha rebatido".

Él escribe novela histórica, y las personas que leen novela histórica, evidentemente, aman el pasado y quedan fascinadas por él, por tantas épocas, culturas y vidas. Pero anima a vivir de verdad en el presente, con lo que cada uno aprende al envejecer. "Ya lo dice Eclesiastés: solo el necio dice que cualquier tiempo pasado fue mejor", sentencia.

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