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La decisión definitiva de dar muerte a Jesús se decide con la resurrección de Lázaro. Pero, ¿Por qué con tanta claridad después de que el Señor da la vida a su amigo Lázaro deciden terminar con él? Quizás porque no terminan de creer en la resurrección de los muertos como el signo de los tiempos futuros, o porque resucitar muertos era propiamente una acción divina, y los judíos veían en esa acción de su naturaleza divina, una blasfemia de aquel que siendo hombre decía de sí mismo, que era el Hijo de Dios, o sea, era Dios hecho hombre.

Sea lo que sea, deciden acabar con él. El Señor que da la vida a los muertos y levanta a los caídos va a morir porque otros no llegan a ver en el al Hijo de Dios.

Jesús va a dar la vida a su amigo Lázaro, que lleva 4 días en el sepulcro. Lázaro está enfermo, pero el Hijo quiere hacer un signo por ti y por mí. Y por ello, se va a jugar la vida y la condena a muerte.

Jesús da vida y recibe muerte, trae esperanza y recibe condena, se dona y recibe el juicio. Los judíos solo veían en él a un hombre, el Padre ve al Hijo amado. Los judíos se quedan en la ley que da muerte, el Hijo en la gracia que hace resucitar de entre los muertos.

Jesús levanta a su amigo, pero también el viene a levantarte a ti y a mí. Tenemos enfermedad, heridas, pobrezas y debilidades, pero él que se ha levantado de entre los muertos, quiere darte no una vida cualquiera, sino la suya propia. Tienes dolor, mírale a él. que cura. A lo mejor no como deseas, pero te ayuda a aceptar mejor la enfermedad que vives. Tienes tristeza pon tu pena en él, que da la alegría de la fiesta. Tienes desanimo y desesperanza, pon tu vida en sus manos, aquel que en la cruz ha vencido al demonio.

Jesús da la vida, en medio del dolor. Y cuando Lázaro resucita se organiza la fiesta y la comida sin fin. Porque seguir a Cristo, es vivir en medio del dolor, la alegría continua de la fiesta.

Seguir a Cristo es vida, resurrección, esperanza. Es pasar del luto al baile, aunque Jesús sabía el destino final de su muerte. Pero, iba a resucitar. Vivamos este tiempo que nos falta hasta la Pascua sabiendo que tras la muerte hay vida, que tras la tormenta hay calma. Tras la depresión y el vacío, está Dios que levanta del sepulcro a un muerto.

Aunque sientas depresión, descubre que el Señor de la vida, quiere cambiarte por completo. Aunque la lluvia y su agobio se apoderen de ti, Jesús viene a ponerse a tu lado. Te dice: no temas, porque yo soy tu Dios.

Vivamos como en una fiesta continua. Porque eso es lo realmente cristiano la alegría y el júbilo sin fin.

Belén Sotos Rodríguez

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