Religión en Libertad

La verdadera rebeldía es perder la vida por Cristo

Universitarios llamados a transformar universidad, redes y trabajo desde la fe audaz.

P. Ignacio Amorós, director de

P. Ignacio Amorós, director de "Se Buscan Rebeldes", tras el Congreso LAUFE en Elche.Se buscan rebeldes (captura)

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El padre Ignacio Amorós regresa del IV Congreso LAUFE (La audacia de la fe) en Elche, organizado por la Universidad CEU Cardenal Herrera, con una certeza inquebrantable: la sed de Dios que arde en los universitarios españoles es infinitamente más profunda que los efímeros likes, eslóganes y sucedáneos de felicidad que el mundo les ofrece. Allí, ante más de cien jóvenes venidos de toda España, ha alzado la voz sin filtros para convocar a una “revolución” de auténticos “rebeldes” que descubran la alegría plena no en el consumismo afectivo ni en la validación digital, sino en la paradoja evangélica de perder la vida por amor a Cristo y al prójimo. 

En esta entrevista desgrana con concreción cómo el lema del congreso, “El envío”, se hace carne en quirófanos, oficinas de ingeniería o aulas universitarias seculares; por qué la mejor apologética ante el vacío posmoderno es una vida coherente rebosante de alegría; y qué rol decisivo juegan los influencers católicos como René ZZ, junto a las capillas y parroquias locales, para impulsar a estos jóvenes de vuelta a la Eucaristía, la Confesión y una fe vivida de rodillas, audaz y transformadora.

- ¿Cómo aplica el lema "El envío" a la integración de la fe en carreras universitarias como ingeniería o medicina, más allá de la comunicación?

- "El envío" no es solo para los que tenemos un micrófono o estamos en redes sociales. Significa entender que Cristo tiene sed de almas en cada rincón de la sociedad. Un médico católico toca la carne sufriente de Dios en cada paciente, viviendo de cerca ese misterio de la sed de Jesús. Un ingeniero, por su parte, construye un mundo que debe reflejar la belleza de la fe católica hoy. La universidad es el primer gran campo de misión; el título universitario es la "credencial" para entrar en las periferias profesionales y llevar allí nuestra revolución.

-En un mundo laboral competitivo, ¿qué estrategias concretas propone para discernir la vocación profesional sin comprometer principios cristianos?

- A veces parece que vivimos en una cultura acomodada, donde cuesta exigirnos y hacer sacrificios. La primera estrategia es la excelencia: un católico tiene que buscar ser el mejor profesional, no por vanidad, sino por vocación de servicio. El discernimiento real pasa por el silencio y la oración diaria frente al Sagrario. Si no le preguntas a Dios qué quiere de ti, el mundo te impondrá lo que quiere que seas. No hay que tener miedo a ser rebeldes frente a las lógicas de poder que aplastan a la persona; la verdadera vocación siempre trae paz interior, incluso en medio del estrés corporativo.

-¿De qué forma las redes sociales pueden fomentar noviazgos auténticos entre universitarios, evitando la cultura del "like" efímero?

- Las redes son un escaparate brutal que, si no tenemos cuidado, nos deja vacíos. Fomentar un noviazgo auténtico implica usar la tecnología para facilitar el encuentro real, no para buscar una validación narcisista constante. La pantalla jamás podrá sustituir la mirada. Tenemos que recuperar el valor de tocarnos, de estar presentes de manera encarnada. El amor verdadero requiere sacrificio, paciencia y presencia física, alejándose del consumismo afectivo donde las personas se descartan como si fueran un swipe más en la pantalla.

-Tras su ponencia en Elche, ¿qué interacción con los asistentes le sorprendió más y cómo impulsará su "rebeldía" cristiana postcongreso?

- Lo que más me impactó de los universitarios en Elche fue confirmar esa inmensa autenticidad con la que se muestran cuando les hablas de frente. En el congreso abordé precisamente el tema de la felicidad, porque todos la buscamos; el corazón humano tiene una sed y un hambre profundos de amor y de ser feliz. Sin embargo, me sorprendió (y a la vez me dolió) ver cómo están rodeados de los engaños de la felicidad que les vende el mundo: sucedáneos egoístas e inmediatos que, al final, les dejan completamente vacíos y ansiosos.

La "rebeldía" que quiero impulsar postcongreso es desenmascarar esos engaños. Quiero que entiendan que la verdadera felicidad no es euforia pasajera, sino una alegría llena de paz. Y el secreto para alcanzarla es ir a contracorriente: la felicidad está única y exclusivamente en dar la vida por amor a Dios y a los demás. Se resume en esa paradoja brutal y hermosa del Evangelio: "El que quiera guardar su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí, la encontrará". El mayor acto de rebeldía hoy es dejar de guardarnos a nosotros mismos y atrevernos a perder la vida por Cristo.

-¿Cómo preparar a jóvenes para defender la fe públicamente en entornos seculares como la universidad, sin caer en confrontaciones?

- La mejor apologética siempre será la alegría y la coherencia de vida. No se trata de ganar discusiones dialécticas, sino de ganar corazones para que se enamoren de Dios. La preparación pasa por dos vías innegociables: una formación intelectual sólida —para dar razón de nuestra esperanza— y una vida de gracia profunda. Un joven que reza y se forma es imparable. No entramos al debate universitario para aplastar al otro, sino para mostrar la inmensa belleza y el sentido que da la fe frente al vacío del secularismo.

-Desde su rol en "Se Buscan Rebeldes", ¿qué rol juegan los influencers católicos o creadores como René ZZ en la misión colectiva del laicado?

- Los creadores de contenido son misioneros en el continente digital. Perfiles como el de René conectan de una manera brutal con las inquietudes más profundas de una generación que muchas veces se siente perdida, infeliz o que no sabe cómo afrontar el sufrimiento. Hablan un lenguaje directo, de tú a tú y sin filtros. La misión es estar exactamente ahí, en las plataformas y en los podcasts, tendiendo puentes. Es un primer anuncio fundamental: despertar la pregunta por el sentido de la vida para luego acompañar a esas personas hacia un encuentro real y transformador con Cristo.

-¿Qué mensaje de audacia daría a universitarios españoles ante el declive de sacramentos, enfocándose en comunidades locales?

-El mensaje es que se atrevan a vivir el Evangelio cuando nos pide ser audaces e inteligentes como serpientes. San Agustín lo explicaba de forma magistral: la serpiente, cuando es atacada, enrolla su cuerpo y lo expone a los golpes para proteger su cabeza a toda costa, porque sabe que ahí reside su vida. Para nosotros, los cristianos, nuestra Cabeza es Cristo. Ser audaces hoy en la universidad significa proteger nuestra fe y nuestra unión con Él, ofreciendo nuestro "cuerpo" —es decir, asumiendo la incomprensión, el riesgo al desprestigio o la burla— con tal de no perder a nuestra Cabeza.

Además, la serpiente se arrastra por grietas estrechas para rasparse y mudar la piel vieja. Los jóvenes tienen que despojarse de esa "piel vieja" de la mediocridad, del qué dirán y del conformismo. Y la forma de renovarnos, la manera física y real de tocar a Dios hoy, son los sacramentos. Mi mensaje es rotundo: ¡Volved a la Eucaristía y a la Confesión! Sed valientes para proteger a vuestra Cabeza e invitad a vuestros amigos a las capillas y parroquias universitarias. Esa es la verdadera rebeldía, la que transforma el mundo empezando de rodillas en la comunidad local.

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