¿Puede un católico buscar rentabilidad económica? Cómo responder al «no se puede servir a Dios y al dinero»
Borja Barragán responde a cuestiones sobre finanzas y economía que todavía hoy generan muchas dudas entre los católicos.

Borja Barragán, experto en inversiones financieras coherentes con la fe católica
El dinero y la fe han estado siempre en un conflicto eterno, en el que ha existido la tensión entre el riesgo de la idolatría y el uso debido para el que fue creado. La relación con el dinero es una cuestión de la que todavía hoy es necesario arrojar luz entre los católicos, pues es fácil caer o bien en una dependencia tóxica con respecto a él o en un desprecio irracional a la providencia.
Sobre esta cuestión habla Borja Barragán, fundador de Altum Faithful Investing, experto en inversiones financieras coherentes con la fe, en una interesante entrevista con Javier Lozano en la revista Misión, publicación de suscripición gratuita y leída por miles de familias católicas españolas.
Precisamente, en dicha entrevista aborda, entre otras cuestiones, cómo tiene que ser la relación con el dinero, cómo educar a los hijos en estas cuestiones o sobre si un católico puede buscar rentabilidad pensando en su bienestar futuro. A continuación ofrecemos algunos extractos de la entrevista.
Creo que no se entienden bien las Escrituras. Por ser católico no tienes que ser pobre. Es lícito que unos padres de familia luchen por la prosperidad de su familia. La clave está en dónde ponemos el corazón, si está sólo en el dinero o si es un medio para llegar a un fin. Y ahí las familias tienen que decidir cuál es su fin. Es muy fácil caer en la hipocresía, porque todos sabemos que para hacer el bien se necesitan bienes.
No es que sea bueno, es que sería irresponsable no hacerlo y no velar por el futuro de los que dependen de nosotros. Ya que tenemos ese don que nos ha sido dado, tenemos la obligación de administrarlo correctamente. Bajo ningún concepto se debe pensar que el hecho de incluir criterios de fe a la hora de tomar decisiones de inversión debería sacrificar rentabilidad. Y el mercado nos lo está demostrando. Carteras de inversión que nosotros estamos gestionando están rompiendo el mercado en cuanto a rentabilidad.
Hay que sacar la sustancia de lo que nos quieren decir las parábolas, no quedarse en la literalidad. Ahí lo que se denuncia es que tu corazón no esté puesto en el dinero. Pero Dios nos ha hecho providentes de nosotros mismos. Lo malo no es pensar en el futuro, sino obsesionarse con él hasta tal punto que te impida creer en la actuación de la Providencia en tu vida.
Es un faro y es un ancla, pero no está para dar soluciones técnicas o recetas de cómo vivir. Ahí es donde entra la libertad y donde entramos los laicos. Sería injusto pedirle a un teólogo cuánto de renta variable o fija tiene que tener un católico. Pero sí es útil para dar orientaciones sobre lo bueno y lo malo. La DSI nos da miedo porque muchas veces nos confronta con nuestra propia miseria. La verdad a veces escuece y queremos huir de lo que nos dice la Iglesia. En Altum, todo el que entra a trabajar tiene que hacer el curso de Doctrina Social en la Universidad de San Dámaso, porque es el sustrato y la fuente de la cual bebemos.
Somos analfabetos financieramente. Estoy en contacto con muchos jóvenes que se van a casar y no saben cómo pedir una hipoteca ni qué aspectos tener en cuenta. Y si hablamos de temas de inversión, ya ni te cuento.
Es importante que tengan una noción de lo que cuestan las cosas, porque te sitúa en el mundo en el que vives. Pero, sobre todo, hay que educarles en el trabajo y en el sacrificio que cuesta ganar ese dinero, que sepan realmente valorar el dinero como fruto de un trabajo. Siempre le digo a mis hijos que cuando elijan su profesión, lo importante no sea el dinero, sino pensar si van a ser lo suficientemente buenos como para que alguien pague por su trabajo. Esto va de la mano de su vocación profesional y de escuchar a qué los llama el Señor.
En un mundo a golpe de clic es bueno tener cierta formación para tomar decisiones financieras. Debe exigirse cierta curiosidad intelectual para ser mejores administradores de aquello que les ha tocado gestionar. De la misma manera que integramos el trabajo en la familia, debemos saber integrar el dinero en la familia. Nuestros hijos nos están observando y si ven que estamos agobiados y obsesionados con ganar más, y que el dinero se convierte en el ídolo de la casa, esa es la religión que van a seguir.