Religión en Libertad

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Personalmente, me gusta muchísimo este apartado de la Teología fundamental que reflexiona sobre el hecho mismo de la teología, condiciones, premisas, funciones, estatuto eclesial, vocación, misión. Hay un clima de anti-intelectualismo en la Iglesia que es peligroso; se sospecha de la intelectualidad, del estudio y de la investigación, y se suprime por el "fervorín" de tono apologético, que siempre es una repetición anodina. Se sospecha del estudio y se le opone la oración, como si acaso oración y teología fuesen dos polos opuestos ante los que hubiera que escoger. Incluso de los males de la Iglesia se culpa a la teología y a los teólogos, con un simplismo grande de análisis; y entonces, más que teólogos, se buscan "compiladores" de lo que otros dijeron, y repetidores de citas magisteriales que vean peligros por todas partes. Pensar es una noble función por la cual participamos del Logos-Jesucristo; investigar es una función irrenunciable de la fe que busca entender, siempre dentro de la Comunión de la Iglesia. El bello y verdadero nombre de la teología no se puede empañar con sospechas. ¿Y qué es la teología? Un primer paso lo da el papa Benedicto XVI:

La teología corresponde a la Verdad que es Cristo. La razón indaga movida y acompañada por la fe; la razón busca, piensa, reflexiona, investiga y abre nuevos caminos.

Recordemos simplemente un dato: el cristianismo no entabló diálogo con las religiones, sino con la filosofía. No se vivía el cristianismo como una "religión" al uso de la época, cultual, exterior y formal, sino con la filosofía que buscaba la Verdad y que el cristianismo reconocía en Jesucristo. Rechazaba el formalismo y el esteticismo de los cultos de las religiones para entablar diálogo con la filosofía, mostrando la filosofía verdadera, el pensamiento que llega y descubre a Jesucristo.

La teología es muy necesaria para la Iglesia, y el teólogo la ejerce por una vocación superior y un impulso de su propia razón-logos. Cualquiera no es teólogo, ni basta un grado académico para serlo: es algo más, más hondo e interior. Es la tarea propia de los pensadores que transitan por terrenos nuevos, guiados por la fe y el amor, con horas de estudio, confrontación, reflexión y mucha plegaria.

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