Viernes, 24 de mayo de 2019

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Lutero: "¿testigo del Evangelio?"

por El Patio de los Gentiles

Si hay algo que nos caracteriza como sociedad es la mala costumbre de ser desmemoriados. Probablemente es esta obsesión por el progreso y por el “ver hacia adelante”, que muchas veces olvidamos que hay un camino detrás, que es justamente el que nos ha llevado hasta donde estamos, y que, por tanto, requiere ser analizado constantemente a fin de que el “ver hacia adelante”, valga la pena. En el ámbito eclesial, el camino detrás se llama Tradición, y aunque para muchos es objeto de desprecio, desde los tiempos de los Apóstoles, es la brújula que nos ha regalado el Espíritu de Dios.

Toda esta introducción reflexiva me parecía necesaria para abordar el tema de Lutero, a la luz de las recientes declaraciones del Papa Francisco, de los apelativos de “testigo del Evangelio”, de las celebraciones por los 500 años de una pseudo-reforma y el ambiente tenso al interior de la Iglesia por quienes no vemos en Lutero más que un revolucionario soberbio y causante del desmembramiento del cristianismo.

Lutero “testigo de sí mismo”
Rasgos obsesivo-compulsivos durante la mayor parte de su vida, sobre todo en lo relacionado con la condenación de sí mismo al infierno y la realidad del hombre como un ser arrojado a su propia miseria. Durante una fuerte tormenta en el 1505, un rayo cayó cerca de él lanzándolo por el aire, a lo que el joven Lutero rogó a Santa Ana que interceda por él (seguramente este episodio revuelve hasta nuestros días el estómago de todo protestante detractor de la intercesión de los santos), y le prometió que si lo ayudaba se haría monje. He aquí al monje agustino, Fray Martín Lutero, que como monje ciertamente no le fue mejor. Se negaba a confesar mujeres y vivía constantemente obsesionado por el pecado, haciendo evidente sus escrúpulos extremos. Es conocido su exacerbado odio hacia el Papa y la jerarquía en general, sin embargo, me permito un par de ideas clave y luego dejamos a Lutero descansar en la misericordia de Dios:

La tesis de Lutero respecto de la fe sin obras es una falsificación premeditada e intencional de todo el Nuevo Testamento, desde hacer decir a San Pablo lo que no dice, hasta eliminar las Cartas de Santiago porque son incómodas. Luego, su enseñanza de la sola fide (por más significados profundos y espirituales que algunos católicos bienintencionados quieren sacarle) es una muestra de su necedad con respecto a las enseñanzas del Evangelio. Para Lutero, no se trata de ser santo o un miserable, sino sencillamente de creer en Jesucristo, indistintamente de si se peca fuerte o muy fuerte.   

Luego, si quisiéramos entender como reformador a alguien que ha puesto orden donde no lo hay, amor donde hay odio o paz donde hay guerra, ciertamente que Lutero no califica como tal. Sobre todo, en esta última, pues que en cuanto a búsqueda de la paz se refiere, fue justamente ésta una de sus máximas guerras. Erasmo de Rotterdam fue uno de esos incansables buscadores de la paz, anunciando la necesidad de una Europa más cristiana, sin embargo, Lutero (años después) atacará duramente a Erasmo, porque vio que esta idea de paz estaba unida a la de tolerancia, a lo que respondió:

“¡Dejen de lamentarse! ¡Dejen de tratar de curar los males del mundo! Esta guerra es la guerra de Nuestro Señor. Él la empezó. El la mantiene y no terminará mientras todos los enemigos de Su palabra se hayan convertido en estiércol bajo nuestros pies”[1]

De esto se entiende claramente que en ningún sentido puede hablarse de Lutero como un testigo del Evangelio, sino más bien como un testigo de sí mismo, de sus obsesiones y escrúpulos, proyectadas a una lectura errada de la realidad y del Evangelio.

¿Y lo dicho por el Papa?
Sabremos comprender que no todo lo que dice el Santo Padre está revestido de infalibilidad, de hecho, el dogma tan sólo comprende ciertos requisitos, que paso a nombrar puntualmente:
  • El Papa debe hablar como “Pastor y Maestro supremo de todos los fieles que confirma en la fe a sus hermanos” (es decir, en nombre de toda la Iglesia Universal, no por cuenta propia expresando su opinión personal)
  • El Papa “proclama por un acto definitivo la doctrina” (Cuando el Papa expresa claramente que la doctrina es definitiva, es decir, que no puede cambiar)
  • El Papa habla “en cuestiones de fe y moral” (Quiere decir que puede equivocarse cuando habla de política, ciencia, economía, deportes, historia, etc.)
En otras palabras, aunque lo dicho por el Papa Francisco está relacionado al ámbito histórico-religioso, no cumple los requisitos que amparan la infalibilidad papal. En cuyo caso, habrá que reconocer que, muy a pesar de lo dicho por el Santo Padre, Martín Lutero no puede ni debe ser reconocido jamás, como un testigo del Evangelio, pues a lo mucho, lo que mejor logró fue desfigurarlo.
 
@stevenneira

[1] Martín Lutero, De Servo Arbitrio, Band, Weimar, 1908, p. 626.
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