Sábado, 27 de noviembre de 2021

Religión en Libertad

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De la 1ª persona en la historia que escribió sobre América, un olvidado fraile por nombre Ramón Pané

por En cuerpo y alma

 
 
            Uno más de esos doce frailes, varios de ellos catalanes, que acompañaron a Colón en su segundo viaje a América, como se encargó de recordar a todos San Juan Pablo II en su mensaje de 12 de diciembre de 1993, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, a obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de América:
 
            “Fue sólo en el segundo viaje cuando, en la gran expedición “pobladora”, doce misioneros con el Vicario Apostólico Fray Bernardo Boyl llegaron a La Española, hoy Santo Domingo, el 22 de noviembre de 1493”.
 
            Constituyendo las primeras sotanas que contemplaron aquellas tierras, con el aditamento en este caso, de que este al que dedicamos hoy nuestra entrada es también el que escribe la primera crónica de la historia sobre el continente.
 
            Es poco lo que sobre Ramón Pané conocemos. Ni siquiera su nombre exacto que según la fuente puede ser Román, Romano o Ramón, ni su apellido, que según la fuente puede ser Pan, Pane o Pané. Que es, en sus propias palabras con las que abre la que será su gran obra, “un pobre ermitaño de la orden de San Jerónimo”. Que participa indudablemente en la primera misa celebrada en América por Bernardo Boyl; que posiblemente conoció a Cristóbal Colón en el monasterio de San Jerónimo de Murtra donde el Almirante se encontró con los Reyes Católicos una vez regresa de América; y que, como también él nos cuenta, “por mandado del ilustre señor almirante y virrey y gobernador de las islas y de la tierra firme de las Indias, escribo lo que he podido saber y entender de las creencias e idolatrías de los indios, y de cómo veneran a sus dioses”.
 
            Llegado a la isla de la Española que hoy día comparte República Dominicana y Haití, Ramón se instalará primero en la provincia de Macorís habitada por los ciguayos. Percatado de que tenían un habla particular diferente de la del resto de los isleños, en la primavera de 1495 se traslada al cacicazgo de Guarionex, con cuyos indios convive hasta cuatro años. Tras aprender taíno, convirtiéndose así en el primer europeo en hacerlo, en 1498 Fr. Ramón entrega al Almirante el cuadernillo en el que ha recogido todas sus anotaciones, que él mismo titula “Relación acerca de las antigüedades de los indios”.
 
            Colón se lo lleva a Sevilla, donde lo lee por un lado Pedro Mártir de Anglería, que transmite un resumen del mismo al Cardenal Ludovico de Aragón en una carta escrita en latín; y por otro Bartolomé De Las Casas, que incluye un resumen junto con sus comentarios en tres capítulos de su obra “Apologética historia de las Indias”. Pero el único que la recoge completa es Fernando Colón, segundo hijo del Almirante, que la incluye en su “Historia del Almirante Don Cristóbal Colón por su hijo Fernando”.
 
            Esta Historia del Almirante es llevada probablemente por el nieto del Descubridor, Luis Colón, a Italia donde es traducida al italiano Alfonso de Ulloa, una traducción que éste realiza estando en la cárcel y poco revisada dado que su autor muere en 1570, lo que no es óbice para que sea publicada en 1571 en Venecia. Pues bien, ésta es la única versión que hoy se conoce por un lado de la Historia del Almirante por su hijo Fernando, y por otro de la “Relación acerca de las antigüedades de los indios”, que en todo caso aunque poco general y excesivamente concreta, sí gozará del honor de ser la primera en la nómina de las crónicas americanas realizadas por los españoles y marca indiscutiblemente el camino a las grandes crónicas posteriores de Las Casas, Mártir de Anglería, Bernardino Sahagún, Durán, Cieza de León, Acosta, Murúa o el indio Garcilaso.
 
            Y esto es todo lo que sabemos sobre nuestro pobre fraile jerónimo, una víctima más del olvido con el que solemos obsequiar los españoles a los grandes personajes de nuestra historia. Así que por hoy les dejo, queridos amigos sin más hasta mañana, deseándoles, eso sí, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Nos vemos.
 
 
            Para la realización de este artículo me he servido del excelente trabajo realizado por José Juan Arrom titulado “Fray Ramón Pané, descubridor del hombre americano”, publicado por el Centro Virtual Cervantes.
 
 
            ©L.A.
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