Viernes, 27 de noviembre de 2020

Religión en Libertad

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Dios,amigo cercano y entrañable

Casi todos los ateos modernos nos indican que Dios es una proyección del hombre, creada por él mismo. Puede valer para el Dios de otras religiones, no para el Dios cristiano. Ninguna persona es trinidad. Recuperar a nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, es el mejor modo de vivir nuestra fe y de evitar un ateísmo que no tiene nada que ver con la fe revelada en Jesucristo.

   Dios cercano. Esta es la fuerza de nuestra fe. No solo es un Dios Altísimo sino también un Dios muy Próximo. “Tú, Señor, estás cerca” (Sl 119, 151). Está presente a su obra: “¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría si tú no lo hubieras llamado? (Sb 11, 25). Presente a su pueblo: “Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os traído a mí” (Ex 19, 4).

   Dios Padre presente en su Hijo: “El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8,29). Presente en los vivificados por el Espíritu: “Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios” (Rm 8, 14) Amas a todos los seres y no abandonas nada de lo que hiciste, pues si odiaras algo, no lo habrías creado” (Sb 11,24). Quiere comunicarse con el hombre y hacer de él un testigo luminoso de su amor: “para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno como nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21)

   Cada tarde el Señor bajaba a charlar con nuestros primeros padres; el pecado rompió esa amistad del hombre con Dios, pero no el amor de Dios hacia el hombre. Toda la historia de Israel es un intento de recuperar la amistad perdida. El pueblo rompió cien veces la alianza y la hizo imposible. El amor de Dios restauró la antigua amistad de un modo increíble para el hombre y con la mayor cercanía posible.

   primero: “Y el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros” (Jn 1, 14). Desde su Encarnación en las entrañas de María Virgen, todo el Evangelio es cercanía e intimidad para cuantos quieren recibirlo. Cuando Él se marche, segundo: Deja su presencia eucarística, hasta poderlo comer. “Tomad esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza” (Mc 14, 22-24) Y tercero: Se queda en la presencia de la Santa trinidad por el Bautismo: El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él” ( Jn 14, 23). ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (1Cor 3,16) ¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y que habéis recibido de Dios? (1Cor 6, 19).

   Todos los sacramentos, la oración y la caridad cristiana tienden a intensificar esta presencia de la Santa Trinidad en nosotros. Nos pueden cerrar las Iglesias, desterrarnos a regiones lejanas, nadie nos podrá privar de esta presencia amorosa de la Santa Trinidad. Recuperemos este Tesoro escondido y esta Perla Preciosa que habita en nosotros´

   Somos Familia. Nuestro Dios no es un Dios solitario. Por amor el Padre se dona al Hijo y del amor mutuo surge el Espíritu Santo. Esta relación de amor la vemos en el Evangelio: Cada vez que el padre habla del Hijo, es para descubrirnos al Hijo: “Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo” (Mc 9, 7). Jesús  no se cansa de hablar del Padre. El espíritu Santo Ruach, no dice su nombre, dice: “¡Abbá, Padre! (Gl 4, 6). “Maranatha, Ven, Señor Jesús” (Ap 22, 21). Sería bueno que esto se reflejara en el ambiente familiar. Que el padre afirmara la autoridad de la madre ante que la suya. Que la madre enseñara a su hijo a decir papá antes que mamá, y siempre: tu madre y yo o tu padre y yo. La Virgen lo sabía muy bien: “Tu padre y yo te buscábamos angustiados” (Lc 2, 48).  

    Vivir el misterio. De la mayor parte de las realidades cristianas, tenemos un conocimiento de fe, casi ninguna experiencia de gracia. La Santa Trinidad es el mayor misterio de la fe y la experiencia más rica que puede tener un cristiano. Por su presencia somos hijos de Dios y formamos parte de la familia de Dios que es la Iglesia.

   La presencia de la Santa Trinidad nos facilita la adoración del Dios verdadero en cualquier situación y en cualquier lugar. Somos casa habitada por la Santa Trinidad. Nunca se va de vacaciones o de fin de semana sino la expulsamos. El Espíritu Santo continuamente nos está mandando mensajes hacia el bien. Nunca serán mensajes contra nuestros hermanos. Esos los envía el demonio.

    Un signo sencillo para vivirlo es la señal de la Cruz. Repetidas veces el papa Francisco ha recomendado realizarla bien y que los padres l enseñen a sus hijos. Todos los Sacramento comienzan con la señal de la Cruz, en nombre de la Trinidad, en nombre de nuestro Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que los sacerdotes la realicemos convenientemente, no un garabato; es la mejor homilía que podemos enviar a nuestros fieles.

    No perdamos la bendición. Padres, bendecid a vuestros hijos con la señal de la Cruz. Cread en vuestros hogares la buena costumbre de que ellos tomen la iniciativa y os pidan ser bendecidos; quedan cobijados bajo el signo de nuestro Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Al acostarnos, al salir de casa, al comenzar el trabajo, etc. invoquemos la bendición de nuestro Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nuestros hermanos hispanos piden la bendición: Padre, bendígame.

   Otro modo sencillo de vivir la presencia del misterio: Decir con suma reverencia: GLORIA AL PADRE, Y AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO. Hagámoslo con una mirada hacia nuestro interior donde el Dios Uno Trino, está escondido. Secretamente mora.

   Hoy celebramos el día de los Contemplativos. Ellas y ellos. Tienen un ambiente propicio para vivir el misterio. Son el corazón de la Iglesia, decía Juan XXIII. No los olvidemos en nuestra plegaria.

   La Santa Trinidad obró el prodigio de los prodigios: LA ENCARNACIÓN DEL HIJO de DIOS en el seno virginal de María Virgen.

     

  

 

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