Santos Hermilo y Estratónico de Sigidon, mártires. 13 de enero.

Sus Actas, que el Metafraste amplió y embelleció, son tardías (del siglo VI según Delahaye), aunque su culto es muy anterior. Son estos de los mártires que alcanzaron la palma del martirio luego de la paz de Constantino, que por supuesto no se impuso de un día para otro, ni al mismo tiempo en todo el Imperio, ni todos los gobernadores locales la aplicaron al unísono. El cuñado de Constantino,  emperador Licinio, presidente en Sigidunum (Belgrado), a orillas del Danubio, era uno de los que no veía bien la tolerancia con el cristianismo, luego del Edicto de Milán de 315. Ese mismo año de 315 vivía en la ciudad el diácono Hermilo, el cual fue llevado a la presencia de Licinio. Este le preguntó si era cristiano, a lo que Hermilo respondió: "No sólo me reconozco como cristiano, sino he sido consagrado diácono al servicio de Dios". Licinio insistió, e hiriéndole las mejillas, le dijo: "No seas tan suelto de lengua, Hermilo. Honra el Emperador, sacrifica a los dioses, y salva tu vida". Y Hermilo respondió clamando: "Tú sí que soportarás tormentos sin fin de la mano de Dios, porque adoras ídolos vanos, y procuras destruir los que sirven al Dios vivo, envidioso de su superioridad".

Luego de estas palabras fue llevado de vuelta a la cárcel y después de tres días fue llevado de nuevo al tribunal. Licinio le volvió a reconvenir y asustar con los tormentos, y Hermilo le replicó: "Estoy dispuesto a soportarlos. Hay un Dios en el cielo por el que yo vivo, y por el cual estoy dispuesto a morir. Él me socorrerá". "Pronto veremos cómo te auxilia en tu tormento", dijo Licinio, y ordenó que fuera azotado. Entonces seis hombres le echaron en el suelo, le desnudaron, y le azotaron. Pero Hermilo exclamaba: "¡Oh Señor, Dios mío, que ante Pilato soportaste el flagelo, fortalece mi sufrimiento por ti, para que yo acabe mi carrera, y que, haciéndome partícipe de tus sufrimientos, m también pueda participar en tu gloria". Entonces le habló un ángel desde el cielo, que le dijo: "¡De cierto, de cierto, Hermilo, en tres días has de recibir una recompensa gloriosa!" Y, espantados por aquello, los soldados le regresaron a la prisión. Allí le tocó ser custodiado por el carcelero Estratónico, que era cristiano aún en lo oculto. Se conocían de las celebraciones y eran amigos. Ambos se consolaron y oraron juntos.

Al día siguiente Licinio mandó le llevasen a Hermilo de nuevo, y mandó le golpeasen el estómago, los costados y la espalda con una vara con nudos. Pero el mártir permanecía inquebrantable, por lo que le sometieron al tormento de los garfios de hierro, que desgarraban su piel y carnes. Entonces, Estratónico, incapaz de soportar la visión de los sufrimientos de su amigo, se cubrió el rostro con las manos y se echó a llorar. Al ver esto, los soldados que estaban junto a él se burlaron, y llamaron la atención de Licinio, que le preguntó que lágrimas eran aquellas. "¡Señor!" – respondió Estratónico – "Yo soy cristiano, creo en Dios, Creador del cielo y de la tierra". Entonces Licinio ordenó que lo azotaran. Y Estratónico, mirando a su amigo, le dijo: "¡Hermilo, ruega por mí a Cristo, para que sea capaz de soportar los tormentos!" Cuando vio Licinio que Estratónico estaba cubierto de heridas, ordenó a los verdugos que se detuvieran y mandó a ambos a la cárcel. A la mañana siguiente, al ver que ambos atletas de la fe permanecían fieles a Cristo, ordenó que los ahogaran en el Danubio. Fueron envueltos en redes y arrojados al río. Tres días después sus cuerpos fueron hallados, y enterrados piadosamente por los cristianos. En fecha incierta, las cabezas fueron trasladadas a la iglesia de Santa Sofía en la misma ciudad de Belgrado. Los martirologios griegos recogen su memoria a 13 de enero, y a pesar de padecer en Occidente, no entraron al martirologio romano sino por el de Usuardo, que los tomó de Oriente, en el siglo IX.


Fuente:
-"Vidas de los Santos". Tomo I. Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD.