“A los antiguos, la amistad les parecía el más feliz y plenamente humano de los amores, corona de vida y escuela de virtud. El mundo moderno, en comparación, la ignora”.

Esta frase del imprescindible libro de C.S.LewisLos cuatro amores” abre el blog Spiritual Friendship (www.spiritualfriendship.org) “sobre Dios, sexualidad y relaciones” de Ron Belgau, profesor de ética en la universidad jesuita de St.Louis en Missouri.

Ron Belgau, de 40 años, se define como un católico homosexual célibe que acepta la enseñanza de la Iglesia.

Su tesis es que la sociedad y la Iglesia han de potenciar más la amistad y el papel fraterno y parental de tíos, primos y parientes solteros, y contrarrestar el exceso de amor sexualizado, erotizado y romántico que vende el mundo.

La soledad y la tristeza no se vencen con sexo, sino con amistad y relaciones fraternas, y esto vale para homosexuales y para heterosexuales.


Belgau es converso: educado en una familia baptista del sur, después de explorar iglesias más "progresistas" se hizo católico a los 24 años. Ha explicado su enfoque sobre amistad, homosexualidad y familia en el Encuentro Mundial de las Familias de Filadelfia, acompañado de su madre, con una ponencia titulada “Siempre ten en cuenta a la persona: la homosexualidad en la familia”.

Belgau se hizo católico, en parte, por la firme defensa católica del matrimonio como la unión firme de un hombre y una mujer orientada al bien de los esposos y a engendrar, proteger y educar hijos. Veía que esta visión se había perdido en iglesias protestantes permisivas, “que arbitrariamente permitían el divorcio y volver a casarse, la anticoncepción y el matrimonio del mismo sexo”.

“A medida que estudiaba a los padres de la Iglesia –tuve un pastor presbiteriano muy conocedor del impacto de San Agustín en la teología reformada- llegué a entender que la Iglesia Católica era la que realmente se parecía a la Iglesia de los primeros cristianos, y no las iglesias más progresistas en las que había estado”, explica en una entrevista en CatholicPhilly.com.


Su blog “Spiritual Friendship” no va dirigido sólo a homosexuales o a católicos, aunque la mayoría de sus usuarios están interesados en una intersección de ambos temas: cómo vivir una vida plena, con amistades castas y relaciones familiares, cómo potenciar mejor la amistad en la propia vida.

“Cada vez que los obispos y la Iglesia han hablado de homosexualidad en documentos desde los años 70 ves un énfasis mayor en la palabra amistad, que se incrementa con los años como algo absolutamente necesario para el cuidado pastoral de las personas gay”, señala Ron Belgau.

“Los autores en nuestro blog se centran –y por experiencia propia- en lo que significa vivir la amistad en un contexto gay y casto en línea con la enseñanza de la Iglesia”.

Para profundizar en la amistad que llena el corazón recurren a la Palabra de Dios y los ejemplos de los santos: Abraham era llamado “el amigo de Dios”; el Señor hablaba con Moisés “como con un amigo”. Jesús dice a sus discípulos: “Ahora os llamo amigos”. La amistad de David y Jonatán ofrece enseñanzas, que no deben contaminarse con ideología gay.

“Nuestra cultura actual está tan obsesionada con el amor romántico y pone tanto énfasis en el deseo sexual que menosprecia que la amistad pueda ser tan profunda y dar tanta plenitud como el amor entre hombre y mujer, aunque por su naturaleza lo haga de forma distinta”, insiste. “Tenemos que recuperar el sentido de que la amistad puede ser profunda e íntima y no necesita lo sexual; de hecho, en ciertos contextos lo sexual la rebaja”.


Ron Belgau y su madre Beverly en el Encuentro Mundial de las Familias de Filadelfia hablan sobre amistad y familia cristiana plena


Hay quien responde a Belgau que con esas enseñanzas sobre la amistad, al defender una vida célibe, “condena” a personas con sentimientos homosexuales a no tener una familia. Pero él dice que no es así.

Yo tengo una familia. A veces la importancia de la familia nuclear nos hace olvidar el resto, con otras relaciones y roles: el ser hermano, el ser tío, el ser hijo… Históricamente, por ejemplo, los tíos y tías solteros han tenido un papel importante en la crianza de los niños”, responde Belgau.

Él cree además que el cristianismo y la Biblia llaman a potenciar estas relaciones de parentesco, con hermanos y hermanas, y a no encerrarse en un núcleo exclusivo.

Incluso a nivel eclesial cree que la Iglesia lo señala: los textos del Encuentro Mundial de las Familias, explica, hablan de la parroquia como una “familia de familias” que se apoyan mutuamente… o así debería ser.


Por último, señala un gran problema de la Iglesia: cómo comunicar sus enseñanzas, que son buenas pero se transmiten en un lenguaje poco comprensible.

“El ‘idioma vaticanés’ puede ser directo y afinado, pero inasible”, explica. “Frases del Catecismo como ‘intrínsecamente desordenado’ tienen su lugar… pero la cultura actual no entiende ese armazón filosófico del Catecismo y a menudo lo interpreta, erróneamente, con lentes psicológicas, que le hacen sonar como poco compasivo. Consideremos el pasaje 17501756 sobre la moralidad de los actos humanos. Hay cosas que no pueden justificarse por sus fines. La fornicación es intrínsecamente desordenada, también el divorcio lo es, y mentir. Pero quizá un fallo que tenemos como católicos es que no hablamos de esos otros pecados como intrínsecamente desordenados”.

Para Ron Belgau es importante que las familias con personas que tienen sentimientos homosexuales, y los cristianos en general, entiendan que más allá del debate cultural y de ideas lo que importa es ver al otro, también al homosexual, sobre todo como una persona, y recordar que la amistad y el acompañamiento es siempre una fuente de realización y plenitud y un llamado cristiano.

(ReL recomienda:
Homosexual, ateo, poeta reconocido… Dios le habló fuerte, y a su pareja de siempre, también)