Gabriele Finaldi (Londres, 1965) es uno de los grandes especialistas de arte y conservación que hay en el mundo. Este británico de origen italiano y polaco criado con seis hermanos, y educado en el catolicismo, ha sido hasta 2014 director adjunto del Museo del Prado de Madrid y desde entonces director de la también prestigiosa National Gallery de Londres.

Padre de seis hijos de una familia católica practicante muy involucrada en la parroquia, es especialista, entre otros temas, en iconografía cristiana y pintura religiosa. En una entrevista en Catholic Herald habla de la importancia de la religión en el arte y de la fe que transmiten estas pinturas. Se lamenta además que la secularización, la falta de educación religiosa y de la propia fe impide poder contemplar en su máximo esplendor estas obras.


Lo primero que destaca en la entrevista es un aspecto no religioso en sí pero esencial para que Dios pueda entrar en cada uno. Se trata del silencio, al que el cardenal Sarah ha dedicado un libro, La fuerza del silencio.

En un mundo lleno de ruido, museos como la National Gallery ayudan también a encontrarse con el silencio. “Las personas se vuelven más silenciosas. Pasan tiempo mirando. Quizás no pasen tanto tiempo hablando. Las cosas empiezan a pasar por sus cabezas e imaginan como lo ven. Creo que esto sucede en todas las galerías pero donde hay un gran arte sospecho que sucede más fácilmente”.


Finaldi saluda al príncipe Carlos de Inglaterra

La fe ha sido una parte esencial en esta vocación artística de Finaldi. Las obras maestras de pintura religiosa le han llevado a reflexionar intensamente sobre lo que un retablo, la pintura de un martirio o una Crucifixión de Cristo, significa para él, para su vida y para la de tantos otros durante siglos.


Preguntado si alguien todavía puede tener una experiencia religiosa profunda y llena de oración en una galería abarrotada, él lo tiene claro. “No tengo la menor duda de que es posible”, responde Gabriele Finaldi.

Pero explica también un dato esencial y grave: “creo, sin embargo, que se ha perdido mucho”.  Cuenta que muchas de las pinturas “provienen de un ambiente de Iglesia, o al menos, de un contexto devocional o de fe de algún tipo. Un lugar donde las personas hubieran mirado estas imágenes como si estuvieran mirando lo divino. Habrían contemplado una pintura de la Virgen María y hubieran pedido por sus familiares enfermos o por alguna gracia”.


Pero ahora esto no es posible. Finaldi reconoce que “se ha perdido el contexto, no sólo el contexto físico, con el tiempo el contexto de creencia se ha vuelto mucho, mucho más débil. Hasta el punto de que las personas a menudo no saben lo que están viendo en algunas de nuestras imágenes”.

Para el director de la National Gallery esto es “preocupante” no sólo porque “son referencias cristianas que no se entienden” sino que el problema de fondo es un “entorno cultural en el que emerge una generación” que ya no tiene esta cultura religiosa.


“Existe una rica tradición del lenguaje visual, un rico lenguaje simbólico en la literatura que nos resulta cada vez más difícil de entender si no estamos en sintonía con la alegoría, si no estamos familiarizados con los grandes temas de la antigüedad clásica y la Biblia. Si no somos conscientes de los antecedentes, entonces nuestra experiencia se empobrece”, añade.


El díptico de Wilton, de autor desconocido del siglo XIV, es una de las obras favoritas de Finaldi de la National Gallery

Finaldi explica además que “los mitos de la antigüedad son tan esenciales como la Biblia para nuestra comprensión de Milton, Shakespeare, Tiziano, Veronés o Bottcelli. Necesitamos conocer a Ovidio, Homero y Antiguo y Nuevo Testamento”, explica.

El director de la galería británica añade que “ya sea Noé o David y Goliat, éstas son historias que están incrustadas en nuestra psique y en nuestra cultura”. Y por ello insiste en que “conocer las fuentes es siempre una experiencia enriquecedora. No se trata de ser inteligente. No se trata de declarar una posición con respecto a la religión. Se trata de comprender las raíces de nuestra propia cultura, y cómo llegamos a donde estamos”.

Si un visitante sólo tuviera tiempo para ver una sola pintura, Finaldi le enviaría sin dudar al “díptico de Wilton”, obra de autor anónimo del siglo XIV, que asegura que ha sobrevivido milagrosamente al paso del tiempo, a la iconoclasia y al puritanismo. “Ha llegado a nuestro tiempo en un estado maltrecho pero en su interior abre una visión del reino celestial que es inigualable. Es una interpretación muy inglesa de lo que es el cielo: el rey de Inglaterra (Ricardo II) arrodillado ante la Virgen María y la corte celestial”.