MARTIRIO EN LÉRIDA
   Antes de salir el sol, los milicianos requisaron un camión de Ángel Armengol bajo amenazas de muerte. Ser testigo privilegiado de martirio de nuestros Hermanos, le costó unos días de enfermedad.
   A las ocho de la mañana, salían nuestros Misioneros del centro socialista, atados por las manos y los pies para subir al camión. Llegaron a Verdú. Se detienen en la plaza del pueblo durante dos o tres horas. Los presos, en pleno verano, bajo el todo que los cubría se ahogaban de calor. Piden agua y se la conceden.