Miércoles, 28 de julio de 2021

Religión en Libertad

Las dos diócesis a ambos lados del Putumayo (en Perú y Colombia) se lanzan a la selva ¡juntas!

Jóvenes indígenas de San José del Amazonas en un encuentro parroquial
Jóvenes indígenas de San José del Amazonas en un encuentro parroquial

ReL

El río Putumayo, en la selva amazónica, es la frontera entre Perú y Colombia. Una zona complicada, pobre, sin infraestructuras y con problemas de crímenes ligados al narcotráfico. Numerosos grupos indígenas viven a lo largo del río, a veces en el lado colombiano, a veces en el peruano ¡y a menudo cambiando de lado! Pertenecen a las culturas kichwa, murui muina, ajebeko yajen, secoya...

En el lado colombiano está el vicariato de Puerto Leguízamo-Solano, con algo menos de 60.000 habitantes muy dispersos, una docena de sacerdotes, un obispo colombiano misionero de la consolata y 6 parroquias. Cubre un territorio equivalente al de Navarra y Aragón juntos.

Y en el lado peruano está el vicariato de San José del Amazonas, casi 200.000 habitantes, otra docena de sacerdotes, una docena de parroquias, un obispo claretiano español y un territorio enorme y difícil, equivalente a sumar Aragón y Castilla y León.

Ahora, ambos territorios misioneros, el del lado peruano y el del colombiano, suman fuerzas para crear una "estación misionera" conjunta que operará a ambos lados de la frontera, especialmente para servir a los pueblos indígenas.

Así se cumple algo que pedía el Sínodo de la Amazonía y también la necesidad misionera: superar fronteras y crear redes entre vecinos.

Ambos obispos han firmado un decreto en el que establecen oficialmente "una estación misionera o centro pastoral" para acompañar a las comunidades indígenas, con un equipo "intervicarial", de los dos vicariatos misioneros.

Joaquín Humberto Pinzón Güiza, el obispo del lado colombiano, explica en una nota algunos de los problemas de la zona: el Estado no aporta apenas los servicios mínimos, hay mucha pobreza y hay grupos que trabajan para narcotraficantes. La violencia genera desplazados.

Con el nuevo centro pastoral la Iglesia buscará:

1) Estar allí, hacerse presente
2) Crear esperanza en un entorno difícil
3) Mostrar la riqueza cultural de las comunidades amazónicas y promoverla.

El núcleo del proyecto nace en Puerto Leguízamo (lado colombiano) y Soplín Vargas (lado peruano), bajo el cuidado pastoral de Fernando Flórez (misionero de la consolota colombiano, pero perteneciente al vicariato peruano) y Alejandro Sánchez, diácono diocesano de etnia murui del lado colombiano.

Fernando Flórez, misionero de la consolata, explica su tarea en esta frontera de río y selva

Se hace "oficial" lo que ya era realidad: un equipo intervicarial, con misioneros de ambas orillas, en una zona de bastante tráfico fluvial, donde la gente acude a ver parientes o visitar al médico, que usa el peso colombiano como moneda en las dos orillas y con muchas personas que tienen las dos nacionalidades.

En el lado peruano, el vicariato de San José del Amazonas depende en gran parte de la ayuda constante que recibe de la arquidiócesis de Valencia, en España. Su obispo, el misionero extremeño claretiano José Javier Travieso Martín, ha explicado en varias ocasiones a los medios españoles los retos de este trabajo misionero.

Reportaje de 2019 de la TV de la diócesis de Valencia sobre las misiones en San José del Amazonas

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