Domingo, 26 de junio de 2022

Religión en Libertad

Peter Infanger fue ordenado a los 65 años, dos años después que Andrew, el menor de la familia

Padre e hijo comparten vocación y celebran misa juntos: «Es como si nada hubiese cambiado»

Andrew y Peter Infanger.
Después de la ordenación de su hijo y la pérdida de su mujer, Andrew Infanger descubrió que también él era llamado por Dios.

J.M.Carrera / ReL

"Soy Peter Infanger, recién ordenado sacerdote y padre del sacerdote Andrew". Con estas palabras, Peter y Andrew, que son padre e hijo, comienzan su relato a la diócesis de Joliet de un fenómeno que aunque siempre se ha contemplado dentro de la Iglesia, nunca ha sido nada común: padres e hijos sacerdotes. 

Andrew, de 34 años, es actualmente párroco en Santa Francisca Cabrini en Wisconsin (Estados Unidos) y explica que su historia fue guiada por la sencillez de la admiración por el sacerdocio que le acompañó desde la infancia.

"Nunca quise serlo, pero después de pasar un año viviendo y trabajando en una parroquia fue como si Dios moviese mi corazón y escuchase su llamada", menciona. Concluidos sus estudios en el seminario, fue ordenado en 2018.

Siguiendo el camino del mundo

La historia que llevó a Peter, su padre, de una vida dedicada al marketing, a su mujer y sus dos hijos al sacerdocio es notablemente más larga.

Todo comenzó con un "despertar espiritual" a los 34 años, tras un complejo periodo marcado por los problemas en el hogar, el trabajo y su separación. Recuerda aquel momento como "el más oscuro" de su vida, consciente de que comenzó al "haber estado siguiendo el camino del mundo" al margen de su fe.

"El trabajo, puede ser un dios voluble si no tienes claro el orden de prioridades -menciona a Dios primero, seguido de su esposa, la familia y el trabajo-. Sabía que acabaríamos teniendo problemas, y eso fue lo que pasó", recuerda.

Un reencuentro con Dios y su familia

Tras la separación, "mi primo vino a mi lado y me presentó a un Dios que conocía mi nombre, que tenía un plan para mí y me amaba más de lo que se puede decir con palabras", recuerda. Muchos amigos y conocidos le aconsejaban el divorcio, pero su familiar enseñó a Peter cómo rezar y leer la Biblia y acercarse a Dios.

Más tarde se referiría a aquel acercamiento a la fe como uno de los medios que usó Dios para restablecer su matrimonio: "Mi esposa, mi hijos y yo nos volvimos a juntar y crecimos en el Señor".

Peter y Andrew Infanger con su familia.

Peter, tras una vida dedicada a su familia, cree que puede ser de gran ayuda para la pastoral y catequesis dirigidas a familias. 

Desde aquel "despertar espiritual", Peter comenzó a tener una fuerte necesidad de dedicarse más a Dios y a la transmisión del Evangelio, hasta el punto de querer renunciar a su trabajo para dedicarse a la fe "a tiempo completo".

"Mi esposa era ama de casa y no quería que renunciase a mi trabajo, así que acepté seguir dedicándome al marketing durante los siguientes 28 años. Parte del significado del matrimonio y de ser cristiano es renunciar a tu voluntad, y eso es lo que me pidió Jesús que hiciera durante ese tiempo", explica.

De la pérdida al seminario, con 59 años

Peter estaba cerca de su esperada jubilación cuando un repentino cáncer de mama golpeó duramente a su mujer, que falleció poco después de conocer el diagnóstico.

"¿Por qué estoy aquí? ¿Dónde iré después de todo? ¿Qué quiere Dios de mí?"... La muerte de su mujer le hizo replantearse las grandes preguntas en torno a su vida, y vio un buen momento para que su vida laboral tomase una orientación más equiparable con su fe.

Cuando habló con su hijo Andrew, que entonces ya estaba en el seminario, este le sugirió que enfocase sus planteamientos de vida de manera opuesta. "¿Por qué no piensas primero en tu vocación y luego en tu trabajo?", le preguntó.

Peter llevaba un tiempo planteando su vocación y aquella pregunta fue el impulso definitivo que le hizo ver el sacerdocio como una posibilidad.

A sus 59 años, Peter Infanger comenzó sus estudios en el seminario, donde pudo profundizar "desde la otra cara de la moneda" en sus conocimientos sobre el matrimonio.

Andrew besa las manos de su padre Peter una vez ordenado.

Andrew, besando las manos de su padre nada más ser ordenado sacerdote a los 65 años.  

Padre e hijo, sacerdotes

"Ojala hubiera sabido todo esto cuando estaba casado", expresó Infanger. "Siento que Dios me ha dado la oportunidad de redimir los errores que cometí en la primera mitad de mi vida, y estoy muy feliz de que al fin me haya dado algo de humildad", comenta.

Siete años después, el pasado 2020, Peter fue ordenado sacerdote acompañado por su hijo.

"Para mí es solo mi padre y me alegro de que sea sacerdote, pero es como si nada hubiera cambiado", admite su hijo Andrew. "He crecido con él y escuchado cada una de sus homilías. Sé que podría, pero a menos que sea una emergencia no me confesare contigo", bromea.

Pese a que el suyo es un caso particular, Peter afirma que cada vez son más las "vocaciones familiares" en las que "muchas personas que están en el seminario tienen un padre diácono o que está pensando serlo".

Peter está agradecido a Dios por cada una de las experiencias de su vida y confía en que "Él usa todo lo que hacemos para promover su reino. Espero que mi experiencia de 34 años casado y con hijos me ayude a guiar a las familias, estoy ansioso por ayudar y ser parte del plan para promover el reino de Dios", concluye.

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