Jueves, 02 de abril de 2020

Religión en Libertad

Niños y confinamiento: «Si los padres están bien, los niños también», dice Catherine L'Ecuyer

Catherine L'Ecuyer es una pedagoga que anima a las familias a apagar las pantallas y leer y jugar más en persona
Catherine L'Ecuyer es una pedagoga que anima a las familias a apagar las pantallas y leer y jugar más en persona

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Catherine L´Ecuyer es una  autora en el campo de la teoría de educación. Sus libros Educar en el Asombro  (27 ediciones) y Educar en la Realidad  (10 ediciones) no dejan de ganar lectores. Canadiense con muchos años de vida en España, madre de cuatro hijos y católica practicante que cita con frecuencia a Chesterton, San Agustín o Tomás de Aquino, lleva años pidiendo a los padres pasar más tiempo con los hijos y apagarles las pantallas. 

Y ahora, con las cuarentenas por el coronavirus, los padres se encuentran con que no les queda más remedio que estar con los niños todo el día, que se multiplican los deberes y que las pantallas son a la vez herramienta de teletrabajo y objeto preciado de ocio.

Muchos preguntan a Catherine cómo afectará a los niños. Ella explica que no es experta en confinamientos y que, en cualquier caso, un país mediterráneo acostumbrado a hacer mucha vida en la calle, como España, va a sufrir más que la gente de países con inviernos largos y duros, como Canadá, que cada año viven meses enteros casi confinados. 

Pero, con todo, da una regla básica: los niños saben adaptarse, y si los padres están bien, los niños estarán bien. 

Publicamos la reflexión que ella compartió en Facebook

***

El confinamiento y los niños

Alguien me preguntó si el confinamiento podía producir efectos adversos en los niños. Si os digo la verdad, no soy experta en confinamientos. Y no sé de estudios que se hayan hecho sobre ese tema (salvo en adultos en las cárceles), porque sería inmoral hacer un experimento así en niños en unos grupos controlados. Solo os diré dos cosas.

Primero, que los niños son sobrevivientes, y tienen una capacidad de adaptación que ningún adulto tiene.

No me malinterpreten, no digo que el confinamiento les conviene. Pero si un niño de 3, 5 o 8 años es capaz de vivir una vida tan antinatural como la que vive cada día "normal" fuera de su casa, madrugando, tragándose el desayuno en 3 minutos, yendo a un colegio con un patio de cemento y 10 maestros distintos, yendo a extraescolares hasta las tantas cada día y apenas viendo a sus padres llegar agotados a las tantas, también es capaz de aguantar un confinamiento como este. Hasta le podría ir bien en ciertos aspectos si se lleva a cabo correctamente.

Lo segundo que os diré es que no es lo mismo vivir en una casa con jardín de dos plantas que en un piso de 50 metros.

Y no es lo mismo vivir solo con una persona deprimida o con problemas mentales que vivir en una familia en la que hay equilibrio psicológico.

Y no es lo mismo que sus padres se griten a que haya un ambiente de paciencia y de escucha generosa.

Y no es lo mismo estar todo el día delante de la pantalla que leyendo libros y conversando.

Y no es lo mismo unos padres que están compartiendo su ansiedad porque no tienen ingresos para llegar a final de mes que unos que lo llevan con alegría y buen humor a pesar de la dificultad.

Y no es lo mismo con la televisión puesta de fondo a todo trapo con una sensación apocalíptica de fin de mundo que anuncia el número de muertos cada 10 minutos que un ambiente silencioso de trabajo y de juego tranquilos.

Para los niños, todos esos factores son más importantes que el confinamiento en sí.

En la medida que están bien sus padres, están bien los niños.

Repito, no soy experta en confinamiento, así que esa es mi humilde opinión y quizás me equivoco. Es cierto que como nórdica, acumulo meses de confinamiento forzado en meses de -20 grados durante 26 años de mi vida, pero no es lo mismo. Puede que sea esa la razón por la que no lo estoy llevando mal personalmente, pero no me da un título en confinamiento. Y mi experiencia no es trasladable a la cultura mediterránea.

Lo que estamos viviendo es un experimento a gran escala para el que no hay manual de instrucción, salvo el buen humor, la amabilidad, el cariño y la generosidad.

Es una oportunidad única para aprender a querernos más en el hogar. Espero de todo corazón que podamos resistir entre todos a esa gran prueba y que las familias salgan de eso fortalecidas en vez de rotas. Sufro por los que lo están pasando muy mal. De verdad que mi corazón se va hacía ellos cada mañana y cada hora del día y pienso en como puedo ser útil, ojalá se me ocurra algo.

Catherine L'Ecuyer

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