Miércoles, 19 de junio de 2019

Religión en Libertad

Mar Dorrio explica su experiencia de vida familiar con humor y sencillez

Madre de 12 hijos: «Detecto lo que cada uno necesita a través de la oración y después de comulgar»

Mar y Javier tienen 12 hijos vivos, y cuatro en el cielo
Mar y Javier tienen 12 hijos vivos, y cuatro en el cielo

ReL

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¿Cómo se organizan las familias numerosas? ¿Tienen tiempo los padres para alguna afición? ¿Se puede ser feliz dando la vida por tantos niños? Mar Dorrio es un claro ejemplo de cómo se puede ser madre de 12 hijos, estar a la última en tecnología y encima sacar tiempo para organizar charlas, debates y tertulias.

Autora del blog Why not twelve? y muy activa en su cuenta de Instagram ilumina a muchas otras mujeres sobre su experiencia de la vida familiar. Y lo hace con total sencillez, humor y maravillosas ideas. Además, en esta familia no falta la fe, más bien al contrario, la vida de la familia gira en torno a ella. Casada con Javier desde hace 21 años, Mar ha sido entrevistada por Isis Barajas para la interesante web Mujeres teníamos que ser

- El nombre de tu blog hace alusión a vuestro número de hijos, pero dime una cosa: ¿por qué doce? 
Why not? es porque siempre tienes que responder a preguntas, a veces impertinentes, como por ejemplo “¿por qué tantos hijos?”, “¿por qué no paras ya?”, ¿por qué?, ¿por qué?… Así que abrí el blog diciendo: “¿Por qué no? ¿Por qué no abrirse a confiar en Dios?”. Cuando pienso en mi número de hijos, pienso que no son los hijos de Javier y Mar, porque entonces yo creo que no tendría ninguno. Son de Dios, de Javier y de Mar. Y en esa ecuación, yo cierro los ojos y digo: “Me fío de Ti”. Estamos abiertos a la vida y han venido todos estos, así que… ¿por qué no doce? Why not?

- Desde los 18 años trabajaste en medios de comunicación, ¿por qué llegó el momento en el que decidiste dejarlo? 
Yo trabajé hasta mi tercer hijo. Entonces, llevaba un programa de entrevistas que me chiflaba y también trabajaba en un medio local con pocos recursos. Era más caro trabajar que estar en casa, porque lo que tenía que dejar solucionado me llevaba más que lo que iba a ganar, así que me quedé en el único sitio donde era un poquito imprescindible

- Hoy en día se considera una “pérdida” que una mujer opte por su familia y “renuncie” a su carrera profesional. ¿Cómo has vivido tú esta situación? 
- Aquí voy a ser políticamente incorrecta. Yo creo que nos venden mucho la moto con lo del “tiempo de calidad”; puede que con los niños pequeñitos eso sea cierto, pero cuando ya van creciendo el tiempo de calidad no lo puedes predecir. No sabes cuál va a ser el tiempo en el que un adolescente se abra y te cuente lo que realmente te interesa. No sabes si va a ser sacando el lavavajillas o llevándolo en coche a una actividad. Porque lo que yo sí creo es que las mejores conversaciones no son de mirarse a los ojos, sino cuando se sienten menos intimidados y estás haciendo la compra o vas en coche. Es entonces cuando no se sienten acorralados con tu mirada. Por eso, lo del tiempo de calidad a medida que crecen me lo creo menos; necesitas cada vez más tiempo.

Es verdad que sacrificas salir de casa, ponerte monísima, subirte a los tacones y desconectar. Es mucho más fácil estar fuera de casa, sobre todo, si el trabajo te gusta, como era mi caso. Lo más difícil de estar en casa es seguir estando alegre y que no se te caiga el mundo encima, pero también es verdad que con el paso de los años cada vez va saliendo mejor y lo vas disfrutando más.

- ¿Cuáles han sido los momentos más duros en vuestra familia?
- Los momentos más duros, sin lugar a dudas, fueron los cuatro abortos que tuvimos. Se nos fueron cuatro bebés al Cielo más o menos en la semana 20 de embarazo. Desde el primer momento te da un bajón y cuesta superarlo, pero agarrándote a donde te tienes que agarrar salimos adelante y lo recordamos con muchísimo cariño. Se convierte en una penita dulce, que te saca una sonrisa.

- En una casa con muchos niños pequeños no hay mucho silencio e ir a misa con ellos puede llegar a ser una auténtica proeza, ¿es posible mantener viva la vida de fe en el ajetreo diario?
- Yo creo que sí. Yo soy capaz de escuchar a mi hijo y escuchar en misa. Entiendo que las dificultades son para los de alrededor que a lo mejor les cuesta más. Habrá que pedirles disculpas a todos los que tienen que soportar a las familias con muchos niños y tan pequeños. Porque nosotros ya tenemos ese chip para concentrarnos en una cosa mientras un niño habla o se enfada.

- Una preocupación que tenemos las familias numerosas es conseguir dar un tiempo y un espacio a cada hijo para poder atender sus necesidades concretas: ¿cómo abordáis esto en vuestra familia?
- Yo hago como un examen de cada día, de la mañana a la noche, y luego de hijo por hijo. Y además rezo todas las mañanas y en ese ratito de oración me creo mucho lo de “hay que hablar más a Dios de los hijos, que a los hijos de Dios”. Y yo le doy tanto la tabarra que no me da tiempo a hablar de más cosas. El mejor modo que tengo para detectar lo que cada uno necesita es a través de la oración y después de comulgar. Justo cuando estoy doblando la esquina del banco, me viene una idea (cuyo copyright no es mío) hablándome y sugiriéndome lo que tengo que hacer con alguno de mis hijos. Así que el mejor tiempo y espacio que dedico a mis hijos ni siquiera es con ellos; es rezando, yendo a misa y poniéndolos en el altar.

- Te habrán dicho mil veces eso de “si yo me lo pudiera permitir…”. ¿De verdad son numerosas solo aquellas familias a las que les sobra el dinero?
- No, no, no. Es cuestión de prioridades. Si tú eres capaz de no tener un determinado ritmo de vida, podrás tener un hijo más. Tú puedes gastarte en un hijo todo lo que quieras: puedes mandarlo a Harvard, a Yale, que no herede… no hay techo por arriba. Pero si tienes más hijos hay que ajustar calidad de vida, tus prioridades, tratarlo con toda la dignidad del mundo en sus necesidades y reducir gasto. Dime tus prioridades y te diré cuántos hijos puedes tener.

- ¿Podrías compartir con nosotros algún consejo para organizar la vida de una familia como la tuya?
Los hijos van llegando de uno en uno y vas viendo qué necesidades tienen desde por la mañana hasta la noche. El sofá no se hunde: acabas con la comida y ya estás con la merienda y enseguida, la cena. El día se pasa y no lo has visto. Estar con el nervio de anticiparte, de intentar rematar todas las cosas, no dejar nada para mañana… Dejo el desayuno preparado previamente, mientras cocino dejo la merienda y la cena hechas, e intento economizar las energías para rendir más con el menor esfuerzo.

Esa es la versión inteligente de todo esto. Pero yo, además, lo que hago es mi “minuto cero”: cuando vengo de misa, cuando ya están los niños en el colegio, y estoy con los dos pequeños en casa, me tomo un café con la Virgen. Porque lo de hacer oración lo decimos mucho, pero suena un poco a pereza… así que yo me tomo mi café con la Virgen y le digo: “Madre mía, ponte de comandante en jefe en esta casa y dime por dónde empiezo”. Me hago la lista de tareas de lo que tengo que hacer para no ir apagando fuegos, y poniéndola a ella de jefe parece que todo va un poquito mejor.

- ¿Tenéis alguna estrategia para cuidar de vuestro matrimonio?
Mi marido es lo primero porque los hijos al final se van. Yo necesito estar a solas con mi marido y, a veces intentas hacer cenas románticas, pero llegas tan reventado y agotado, que no tienes ganas ni de hablar. Así que nosotros, desde que tenemos hijos mayores y podemos huir un poco de casa, los sábados por la mañana desayunamos juntos de café y croissant en la cafetería de debajo de casa. Así, si pasa algo subimos, pero desayunamos los dos solos. Es un ratito de paz y de calma.

Creo que hay que invertir en los padres. Está muy bien llevar a los niños muy monos, pero mamá se tiene que echar las mechas por encima. Voy a decir una cosa muy bruta pero San Josémaría decía que “mujer compuesta saca al hombre de otra puerta” y yo creo que, además de ser buena, hay que estar todo lo buena que puedas estar, cada una con sus limitaciones, pero intentando buscar tu mejor yo, cuidándote. Y hay que hacer lo que sea para mantener ese nervio del noviazgo.

- Cada familia tiene una personalidad propia y parte de ella son esas tradiciones que hemos ido creando con los años. ¿Cuáles son las indispensables en vuestra casa?
- Una de las tradiciones de casa es el brunch de Reyes, porque en ese día la comida era rara con un horario complicado. Hacemos un súper desayuno en el que no falta detalle. Cumplí mi objetivo de que pareciera la mesa de Hogwarts con donuts, cruasanes, jamón, salmón, con todo lo que haya… ¡Una mesa con todo el postín! Porque además es la única celebración en la que estamos solo nosotros. Ese brunch se hace muy entrañable, igual que el día 5, en el que bajamos agua para los camellos al portal de casa.

También tenemos el bufet de los viernes. Antes de las 12 del mediodía, aquellos que quieran venir a cenar mandan un mensaje para avisar y los niños pueden invitar a quien les dé la gana. Preparamos un bufet y nuestros hijos lo esperan con muchísima ilusión. Otra tradición es que, el día del cumpleaños de cada uno, vamos todos juntos a misa a las 9 de la mañana y luego hacemos desayuno con cruasanes de pastelería y la mesa muy bonita puesta. Lo hacemos así porque, sobre todo los mayores, cada vez tienen más planes y es la manera de reunirnos y juntarnos todos.

- Además de tu blog, ahora tienes un proyecto muy bonito que es el “Café de los viernes”. ¿En qué consiste y cómo se puede participar?
- Es una charla con amigas que tengo desde hace muchísimos años aquí en Ferrol, en la que nos reuníamos para hablar sobre algún tema y sacarle el tuétano a la vida. Ferrol es una ciudad con mucho gremio militar y tenía muchas amigas que era esposas de marinos. Estaban dos o tres años y luego se iban destinadas a otras ciudades. Algunas de ellas me decían que echaban de menos estos cafés, así que un día en misa, al girar el banco, pensé: “Pero ¡qué tontería!, si colgando la tertulia en Youtube y haciendo un directo de Instagram lo vamos a resolver todo”.

Así que empecé a contactar con muchas de las que venían a los cafés aquí en Ferrol y que estaban por el mundo, para preguntarles si querían ser anfitrionas en sus ciudades. Y así, poquito a poquito, hemos llegado al café de los viernes en 14 ciudades. Solemos anunciar en redes sociales la fecha y ese día te conectas al directo de mi cuenta en Instagram, saludamos, dejamos el enlace para ver el video en Youtube y resolvemos dudas después a través de un directo. El próximo es el 1 de junio con Elena del Cerro, que es una mujer espectacular.

- ¿Qué es lo que más te gusta de tu gran familia?
- Ahora estoy disfrutando mucho, cansándome mucho y dejándome la piel… Pero lo que más me gusta es pensar que cuando yo me muera los dejo acompañados, saber que me voy y se van a tener unos a otros. Yo creo que lo mejor de esta familia está por venir: no son los momentazos de ahora, sino la sonrisa con la que me podré ir el día de mañana. 

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