Sábado, 11 de julio de 2020

Religión en Libertad

Borja Milans del Bosch, coach empresarial, quiere llevar el Amor a las empresas con 4 claves

Borja Milans del Bosch es coach empresarial, y señala que las necesidades personales del profesional son clave para el rendimiento
Borja Milans del Bosch es coach empresarial, y señala que las necesidades personales del profesional son clave para el rendimiento

ReL

Hay que llevar el Amor a la empresa, y eso implica sanar corazones y relaciones laborales. Esa es la intuición y motivación de Borja Milans del Bosch, un popular "coach" o entrenador de dirección empresarial de Madrid y responsable de Coaching 360 (www.coaching360.es). 

Él explica que en la base de esta intuición está el Evangelio. "Me gusta fomentar lo que dice Marcos 7, 14-23 y que es en gran medida lo que procuro transmitir y sobre lo que invito a reflexionar cada vez que surge la ocasión: “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace al hombre impuro”. 

En diciembre de 2015 el portal de noticias marianas CariFilii.es publicó la historia de su retorno a la fe en 2009, de la mano del apóstol Santiago y la Virgen María (en Medjugorje y el Pilar). Esa conversión ha cristalizado también en su vida profesional.

- ¿Cómo afecta tu descubrimiento de la fe a tu trabajo como coach de dirección empresarial? 
- Ahora siento algo que me mueve muy fuerte desde dentro: llevar el Amor que experimenté en mi interior durante mi conversión a los ambientes profesionales en los que me desenvuelvo. 

- ¿Cómo hace eso un coach empresarial?
- Me he centrado en trabajar con las personas sobre dos pilares: el Amor Inteligente y los Valores Humanos. Hoy por hoy, las prioridades y necesidades que el profesional tiene en el ámbito de trabajo son sobre todo de índole humanista. Los profesionales por lo general ya tienen bastantes conocimientos y bastante experiencia. Pero en las empresas estamos cansados de tanta presión. Nos desgasta el estrés crónico en el que vivimos. La humanidad que reside en la esencia de cualquier persona se nos está desvaneciendo a pasos agigantados.

- ¿Qué es lo que daña a esos profesionales?
- Arrastran tensiones crónicas de trabajo y discursos negativos. Trabajan en contextos donde el miedo latente mella su autoestima, la desconfianza es el patrón habitual en las relaciones de trabajo. El “yoísmo” para sobrevivir está condenando a muchas personas a un aislamiento que les atormenta y por ello su rendimiento baja, su auto concepto se resquebraja. Sufren porque están ahogados en ambientes tóxicos donde el postureo es frecuente y la crítica es venenosa. Acaban por trasladar todo por duplicado a sus casas y sus familias, tanto hombres como mujeres. Hay que poner freno a esto. El sufrimiento que veo en sus caras es inmenso.



- ¿Cómo frenar esas tensiones y ese sufrimiento, entonces?
- Es una tarea a largo plazo que requiere constancia y dedicación. Todos nosotros, sin excepción, buscamos cubrir tres grandes necesidades intangibles en el día a día profesional, y también en el privado. Buscamos y necesitamos: uno, afecto; dos, reconocimiento; y tres, actitud positiva. Cuando no los recibimos, agonizamos emocionalmente, nuestro rendimiento baja y acabamos viviendo muertos en vida, como si pusiéramos un piloto automático de insensibilidad para cruzar semejante desierto. 

»Las cosas mejoran cuando sentimos que recibimos calidez y cercanía en el trato, cuando nos sentimos respetados y tratados con dignidad sacando provecho de nuestros talentos, capacidades y habilidades. Los comportamientos estimulantes y el respaldo hacen que nos levantemos tras cada tropiezo. Así rendimos más, nos apoyamos en nuestros compañeros y acabamos convirtiéndonos en fuente de inspiración para los que nos rodean. Así podemos generar contextos de trabajo más motivadores, que favorezcan el trato humano, el esfuerzo, la entrega a lo que hacemos y la consecución de resultados.

- Calidez, afecto... ¿de verdad estas categorías emocionales afectan a la empresa?
- Todos, sin excepción, con independencia de la responsabilidad que tengamos, vivimos sedientos de ser tratados con calidez, cercanía emocional y limpieza de intención. Eso es lo que llamo "necesidad de afecto”. 

»Además, no queremos ser criticados o manipulados por otros, sino que más bien deseamos ser aceptados con los defectos, talentos y dones que nos conforman. Es lo que llamo "necesidad de reconocimiento”. 

»Por otra parte, todos apreciamos el relacionarnos con personas que tengan empuje, que tengan capacidad de ver lo bueno que hay en toda adversidad, personas profundas que nos enseñen a ver lo mejor de uno mismo, aunque duela a veces. Queremos compañeros que nos transmitan un soplo de esperanza en un momento determinado, gente que ofrezca una palabra de ánimo en las dificultades, que contagie alegría en todo momento y circunstancia. Esto es la "necesidad de actitud positiva”. 

»Pues bien, mi trabajo lo he enfocado en hacer que estas tres cosas afloren en las personas y nos lo podamos ofrecer unos a otros en el ámbito profesional.

- ¿Cómo se logra esa mejoría?
- Necesitamos contextos de amor inteligente para convivir. El ser humano, como creación de Dios, es bueno por naturaleza. Pero en la vida, y con más crudeza en nuestra vida profesional, nos vamos endureciendo. Este abandono de lo humano, es lo que nos está perdiendo. Dice Adela Cortina, catedrática de ética de la Universidad de Valencia, que un tigre no puede “destigrarse”, pero una persona sí puede “deshumanizarse”. 

»La solución la tenemos nosotros mismos y es perfectamente posible darle la vuelta a la tortilla. Lo que fomento con mi labor es que los profesionales encontremos nuestros resortes internos para rescatar y conservar la parte más humana que todos tenemos, y que así se la podamos brindar a las personas con las que trabajamos. A poco que demos los primeros pasos, la respuesta se nota de inmediato en el incremento de la motivación de las personas y la mejora de los ambientes laborales.

- ¿Y qué cuentas en las empresas para lograr todo esto? 
- Me centro en cuatro grandes ideas aplicables a todos los ámbitos del profesional que, cuando los llevamos a la práctica, son generadores de afecto, reconocimiento y actitud positiva. Así las personas se convierten en líderes por el ejemplo y en transmisores de la paz por el fondo que subyace en sus acciones en los entornos de trabajo. Digamos que es parecido a lo que hacía Jesucristo. 

- ¿Cuáles son esas 4 grandes ideas o claves?
- El pensamiento positivo es la primera. Es generador de alegría, una alegría sólida, no histriónica o facilona fruto del que vive en el autoengaño. Nos ayuda a ver el lado más favorable de las situaciones complicadas, nos ayuda a expresarnos de forma constructiva y no destructiva, a relacionarnos de forma amigable y no agresiva. El “piensa mal y acertarás” queda desterrado por un “no juzgues y entenderás”. 

»El coraje frente a la adversidad es la segunda gran idea. Para mí, es la fe en acción. Es poder reconocer nuestro modelo mental, nuestros miedos, inseguridades, limitaciones y barreras psicológicas. Eso nos ayuda a superarlas, a superarnos y a apoyar a otros para que superen las suyas. Se trata de tener la convicción de que nuestro esfuerzo y nuestro empeño tienen sentido. Da un sentido de trascendencia a nuestro desempeño cotidiano. Es tener la esperanza diaria de avanzar en nuestras responsabilidades poniendo al servicio de nuestros compañeros nuestro mejor hacer, todo ello entregando lo mejor desde el corazón, algo que es verdaderamente gratificante. Siempre digo que las cosas las hacemos de verdad cuando las pensamos con el corazón. Trabajar así le da un sentido extra al trabajo. 

»La tercera gran idea es la de rescatar, impulsar y fomentar los Valores Humanos. Está claro que necesitamos volver a los valores. El caso es que no sabemos el valor de los valores hasta que nos damos cuenta del precio que estamos pagando por haberlos dejado de lado. Valores como la honestidad, la honradez, la paciencia, el compromiso, la humildad, la justicia, el respeto, la constancia, la lealtad o la libertad interior son claves para que las personas nos sintamos bien y demos lo mejor de nosotros mismos. Una dificultad que me encuentro es que todos demandamos los valores pero no siempre nos acordamos de entregarlos.

»Para terminar, abordo la gestión del Ego, ese constructo de personalidad inventado que nos ponemos encima para aparentar algo que no somos y que, por el sólo ejercicio de lucirlo, nos desvirtúa como personas, nos hace perder la naturalidad y nos mete en un artificio existencial que nos acaba distanciando de las personas con las que colaboramos. Con este escenario, me esfuerzo en mostrarles que la humildad nos hace grandes, nos aproxima a las personas y sus necesidades, y nos devuelve la humanidad que se nos fue congelando con el paso de los años y las malas prácticas.

- ¿Qué tipo de empresas llevan a cabo estas formaciones? No todas se atreverán con estos temas.
- La verdad es que cada vez son más los profesionales con responsabilidad que me llaman para que trabaje con ellos y con sus equipos, bien en sesiones de coaching individuales, bien con formaciones y conferencias. En un primer momento les resulta chocante los contenidos que les propongo, pero luego comprenden que al serle útil a las personas con las que trabajan, acaba siendo útil para los fines de la empresa. En todo este tiempo, he tenido la suerte de trabajar con escuelas de negocios, ONGs, empresas de energía, empresas del sector del automóvil, administración pública, siderurgia, banca y mutuas de seguros, de España y del extranjero, y el resultado es siempre muy satisfactorio. Desde luego los comentarios que me llegan son de esos que te tocan el alma.



- ¿Podrías compartir alguno de esos comentarios?
- Tras una formación que hice en Argentina, me decían: “Su aplicación traspasa la vida profesional, ¡sirve para la vida!”. En una empresa española me dijeron que les había sido de gran utilidad porque les había dado herramientas para “la comunicación, el lenguaje positivo, la introspección, todo para mejorar en mí y para mejorar a mi equipo”. De estas, gracias a Dios, recibo unas cuantas al cabo del año. Una vez me emocioné con un mail que recibí dos o tres años después de una formación. Decía: “Pones el corazón, porque eres humilde, y porque lo haces desde el alma y para el alma de las personas. Ha sido una gozada conocerte y espero que, en algún momento, se vuelvan a cruzar nuestras vidas”. Otros dicen que al tocar temas profundos les genera cierta incomodidad, pero que en el fondo es lo que necesitaban y les ha ayudado en momentos difíciles de sus vidas.

- ¿Cuánto duran esas formaciones?
- Puede ser una conferencia de una hora o un curso completo de setenta horas como hemos hecho con algunas unidades del Ejército. Hay directores que me piden conferencias sobre un tema específico y a la vez distinto al habitual. Otros quieren un curso completo para mejorar temas concretos con sus equipos de trabajo. También me piden ciclos anuales de intervenciones, de manera que generamos un goteo continuo que acaba convirtiendo en tierra fértil de comportamientos lo que antes era un pedregal de actitudes. 

- Cuando hablas de ego, valores, pensamiento positivo... ¿no puede sonar un poco a Nueva Era?
- En absoluto. Es más, evito la Nueva Era tanto como puedo, en cuanto la identifico. Es una corriente de moda que propone vaciar la cabeza de ruido racional y pensamientos. Yo, en cambio, propongo llegar a la serenidad llenando el corazón de amor inteligente, acción sensata y sentido de trascendencia. Me apoyo más bien en la mayéutica de Sócrates a menudo, que nos es otra cosa que un diálogo que con preguntas y reflexiones ayuda a que uno descubra La Verdad por si mismo. 

»Todos los contenidos que comparto en mis intervenciones se pueden respaldar con pasajes del Evangelio. De hecho, me gusta fomentar lo que dice Marcos 7, 14-23 y que es en gran medida lo que procuro transmitir y sobre lo que invito a reflexionar cada vez que surge la ocasión: “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace al hombre impuro”. Procuro que salga lo mejor de los que asisten a las jornadas. ¡Si yo puedo hacerlo, ellos también pueden hacerlo! 

»Le diría a cualquier profesional -o sea, a cualquiera que trabaja para mantener su familia- una frase que es una vuelta de tuerca para la reflexión: “Dime en qué ocupas tu tiempo y te diré de qué está lleno tu corazón”. Quizás hoy en día, el profesional de empresa está demasiado volcado con su tiempo sobre las tareas y el trabajo, y ha dejado de lado el cuidado de las personas con las que convive en los contextos laborales, algo que sólo se puede hacer desde el corazón y con humildad.

- ¿Hasta qué punto lo que propones para la empresa se puede aplicar en nuestra casa, en la vida familiar?
- Lo que entrenamos en el trabajo durante más de diez horas al día, cinco o seis días a la semana, durante meses, año tras año, nos lo llevamos debajo de la piel y lo descargamos en casa con nuestras familias. Cuando entrenas agresividad, incorporas agresividad y descargas agresividad; cuando entrenas trato de respeto con calidez y buena actitud, incorporas trato de respeto y buena actitud y descargas eso mismo. ¡Tenemos que reparar el destrozo que hacemos en nuestros hogares! 

No podemos cambiar la sociedad pero sí podemos impactar positivamente en las micro sociedades que son las empresas y los contextos de trabajo. Y aquí es donde le veo el sentido de trascendencia al trabajo que realizo. Haciendo lo posible para que las personas estén mejor en el trabajo, es posible que contribuya a que algunos estén mejor en sus familias.

(Borja Milans del Bosch colabora con el proyecto Fundación Misión MAS – Misión Amar y Servir)

En el vídeo, una charla del coach sobre la humildad (más charlas en su canal de YouTube)

 
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