Más de 10.000 bebés nacieron gracias a esta medida que ahora querían eliminar
Irlanda, Francia e Inglaterra frenan la agenda abortista y eutanásica en una semana clave para el movimiento provida.

Emily fue violada en una fiesta. Quedó embarazada y le propusieron abortar: la elección que tomó dio la vuelta a varias vidas (Foto: Omar López / Unsplash).
En apenas unos días, tres países europeos han protagonizado importantes reveses parlamentarios para la agenda abortista y eutanásica.
Irlanda, Francia e Reino Unido han visto fracasar iniciativas destinadas a ampliar el aborto o legalizar formas de muerte asistida, en lo que numerosos colectivos provida consideran una señal de que la cultura de la vida sigue encontrando resistencia política y social en Europa.
El llamativo caso irlandés
El caso más significativo se produjo en Irlanda, donde el Parlamento rechazó por amplia mayoría una propuesta que pretendía eliminar el periodo obligatorio de reflexión de tres días antes de abortar. El proyecto, promovido por los Socialdemócratas, fue derrotado en el Dáil Éireann por 85 votos en contra frente a 30 a favor.
Una reflexión que "salva vidas"
La iniciativa también buscaba ampliar los supuestos de aborto tardío y reducir los controles médicos exigidos para autorizar determinadas intervenciones.
Sin embargo, uno de los argumentos que más peso tuvo durante el debate fue un dato revelado por diputados provida: entre 2019 y 2024, un total de 10.426 mujeres no regresaron a la clínica tras el periodo de reflexión obligatorio, lo que permitió el nacimiento de sus hijos.
El diputado Richard O'Donoghue defendió que esas cifras demuestran que el tiempo de reflexión «salva vidas» al permitir a muchas mujeres reconsiderar una decisión irreversible.
En términos similares se expresó Peadar Tóibín, líder del partido Aontú, quien calificó ese plazo como «una de las últimas protecciones del derecho a la vida que quedan en Irlanda».
La propia ministra de Sanidad, Jennifer Carroll MacNeill, se convirtió en una de las voces más críticas con la propuesta. La dirigente del Fine Gael advirtió de que el texto suponía una «descriminalización general» del aborto y cuestionó especialmente la intención de reducir el número de médicos implicados en los casos más graves. «La doble firma profesional es un principio fundamental de seguridad», afirmó.
La ministra también mostró su rechazo a la ampliación de los supuestos de aborto por anomalías fetales. La legislación vigente permite abortar cuando dos médicos certifican que el niño probablemente morirá antes o poco después del nacimiento, pero la reforma pretendía extender el criterio hasta un año después del parto.
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Francia e Inglaterra contra la eutanasia
Mientras Irlanda frenaba la ampliación del aborto, Francia e Inglaterra protagonizaban sendos tropiezos para la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido.
En Francia, el Senado rechazó por segunda vez la propuesta impulsada por el Gobierno para legalizar la llamada «muerte asistida».
Tras horas de debate, la cámara alta votó en contra por 151 votos frente a 118. En paralelo, sí aprobó una ley destinada a reforzar los cuidados paliativos, dejando clara la apuesta de muchos senadores por una respuesta basada en el acompañamiento y no en provocar deliberadamente la muerte.
Los obispos franceses habían advertido en los últimos meses de que legalizar la eutanasia supondría cruzar «un límite ético fundamental».
Para muchos parlamentarios, la cuestión ya no gira únicamente en torno a la autonomía individual, sino sobre el modelo de sociedad que Europa quiere construir ante el envejecimiento de la población y la fragilidad de los sistemas sanitarios.
No al suicidio asistido en Inglaterra y gales
También en Inglaterra y Gales quedó bloqueado el proyecto para legalizar el suicidio asistido. La propuesta había superado inicialmente la Cámara de los Comunes, pero terminó decayendo al no completar su tramitación parlamentaria antes del cierre de la sesión legislativa.
El texto permitió visualizar crecientes divisiones incluso entre sectores inicialmente favorables. Más de 1.200 enmiendas ralentizaron el proceso y evidenciaron la preocupación por las posibles consecuencias sobre ancianos, enfermos y personas vulnerables.
Las encuestas reflejan además una opinión pública mucho más prudente de lo esperado. Según un sondeo de More in Common, el 95% de los británicos reclama fuertes salvaguardas para evitar presiones familiares, económicas o sociales sobre quienes puedan sentirse empujados a pedir la muerte asistida.
Hay respaldo político para la cultura de la vida
El resultado de estas votaciones no supone el final del debate en ninguno de los tres países, pero sí marca un freno significativo a reformas que parecían avanzar de forma inevitable.
Para el movimiento provida europeo, la semana deja una conclusión clara: la defensa de la vida, desde el no nacido hasta el enfermo terminal, sigue encontrando respaldo político y social incluso en sociedades profundamente secularizadas.