Jueves, 01 de octubre de 2020

Religión en Libertad

Audiencia papal: «La cultura del descarte es la causa de la pobreza, no las familias numerosas»

ReL/Zenit

El Papa Francisco, quizá para aclarar malentendido, ha insistido en el valor de las familias numerosas y ha negado que tener hijos sea una causa de pobreza para un país
El Papa Francisco, quizá para aclarar malentendido, ha insistido en el valor de las familias numerosas y ha negado que tener hijos sea una causa de pobreza para un país
De vuelta de su viaje a Asia, en la audiencia de este miércoles 21 de enero el Papa ha hablado a favor de las familias numerosas y ha llevado la contraria a los que dicen de manera simplista que tener muchos hijos es causa de pobreza, como repiten algunos activistas antifamilia en Filipinas. 

"Da consolación y esperanza ver a tantas familias numerosas que acogen a los hijos como un verdadero don de Dios. Ellos saben que cada hijo es una bendición", ha proclamado Francisco. 

"He escuchado decir que las familias con muchos hijos y el nacimiento de muchos hijos están entre las causas de la pobreza. Me parece una opinión simplista. Puedo decir, podemos decir todos, que la causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto al dios dinero, un sistema económico que excluye, excluye siempre, excluye los niños, ancianos, jóvenes sin trabajo...y que crea la cultura del descarte en la que vivimos. Nos hemos acostumbrado a ver personas descartadas. Esta es el motivo principal de la pobreza, no las familias numerosas", ha asegurado.

Recordando la violencia en Níger
El Papa Francisco también ha invitado a rezar por las víctimas de las manifestaciones de estos últimos días “en el amado Níger”. Se han cometido brutalidades, con los cristianos, los niños, las iglesias… De este modo, ha pedido al Señor “el don de la reconciliación y de la paz, para que el sentimiento religioso no se convierta nunca en ocasión de violencia, de abuso de poder o de destrucción. No se puede hacer la guerra en nombre de Dios”.

Asimismo ha deseado “que se reestablezca cuanto antes un clima de respeto recíproco y de pacífica convivencia para el bien de todos”.

El llamamiento lo ha hecho durante la audiencia general, en la que este miércoles ha hablado a los fieles reunidos en el aula Pablo VI sobre su reciente viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas. Al finalizar su llamamiento por la población de Níger, todos los presentes han rezado el Ave María.

Pocos minutos antes de las diez de la mañana, el Santo Padre llegó al Aula y saludo a los fieles que se encontraban a ambos lados del pasillo despertando gran entusiasmo.

Palabras del Papa pronunciadas en español
Queridos hermanos y hermanas: Hoy me gustaría hablarles de mi reciente viaje apostólico a Sri Lanka y Filipinas, donde he podido encontrarme con las comunidades católicas para confirmarlas en la fe y en la misión, para animarlas a buscar cada vez más el bien común de la sociedad y para favorecer el diálogo interreligioso en el servicio de la paz”.

En Sri Lanka, he canonizado al gran evangelizador San José Vaz, modelo para los cristianos de hoy, llamados a presentar cada día la verdad salvífica del Evangelio en un contexto multirreligioso.

En las diversas reuniones con las autoridades civiles y los líderes religiosos, he tenido ocasión de subrayar la importancia del diálogo y del respeto a la dignidad de la persona, en la búsqueda paciente de la reconciliación y la concordia. En el Santuario de Nuestra Señora de Madhu, pedí a la Virgen María, nuestra Madre, el don de la unidad y de la paz para todo el pueblo de Sri Lanka.

En Filipinas, que está a punto de celebrar el quinto centenario de la llegada de los primeros misioneros, insistí en la constante fecundidad del Evangelio y su capacidad de generar una sociedad digna del hombre.

Las celebraciones con las familias y los jóvenes han sido momentos destacados del viaje. Además, he querido expresar mi cercanía a cuantos sufren a causa de la devastación del tifón Yolanda. Invito a rezar constantemente por todo el continente asiático.

A continuación ha saludado a los peregrinos de lengua española, “en particular a los formadores de Seminarios reunidos en el Pontificio Colegio Español de San José, de Roma, para un curso de actualización. También saludo a los grupos venidos de España, México, veo que hay mucho mexicano por allá, Argentina y otros países latinoamericanos. Que Dios les bendiga. Muchas gracias.

(Al finalizar, el Papa ha dedicado un saludo especial a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Además, ha recordado que la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos que estamos celebrando “nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nuestra pertenencia a Cristo y a la Iglesia”.

Y así ha pedido a los jóvenes que recen “para que todos los cristianos sean una única familia”, a los enfermos que ofrezcan sus “sufrimientos por la causa de la unidad de la Iglesia de Cristo”. A los recién casados les ha pedido que hagan experiencia del amor gratuito, como es el de Dios por la humanidad).

Texto completo de la catequesis pronunciada en italiano
Queridos hermanos y hermanas, buenos días:
hoy me detendré sobre el viaje apostólico en Sri Lanka y Filipinas, que he realizado la semana pasada. Después de la visita en Corea de hace algunos meses, me he dirigido nuevamente en Asia, continente de ricas tradiciones culturales y espirituales. El viaje ha sido sobre todo un alegre encuentro con las comunidades eclesiales que, en esos países, dan testimonio de Cristo: les he confirmado en la fe y en la misionariedad.

Conservaré siempre en el corazón el recuerdo de la bienvenida festiva de parte de las multitudes -en algunos casos casi oceánicas- que ha acompañado los momentos importantes del viaje. Además he animado el diálogo interreligioso al servicio de la paz, como también el camino de esos pueblos hacia la unidad y el desarrollo social, especialmente con el protagonismo de las familias y de los jóvenes.

El momento culminante de mi estancia en Sri Lanka ha sido la canonización del gran misionero José Vaz. Este santo sacerdote administraba los sacramentos, a menudo en secreto, a los fieles, pero ayudaba indistintamente a todos los necesitados, de cualquier religión y condición social. Su ejemplo de santidad y amor al prójimo continúa inspirando a la Iglesia en Sri Lanka en su apostolado de caridad y de educación.

He indicado san José Vaz como modelo para todos los cristianos, llamados hoy a proponer la verdad salvífica del Evangelio en un contexto multireligioso, con respeto hacia los otros, con perseverancia y con humildad.

Sri Lanka es un país de gran belleza natural, cuyo pueblo está tratando de reconstruir la unidad después de un largo y dramático conflicto civil. En mi encuentro con las autoridades gubernamentales, subrayé la importancia del diálogo, del respeto por la dignidad humana, del esfuerzo de implicar a todos para encontrar soluciones adecuadas para la reconciliación y al bien común.

Las distintas religiones tienen un rol significativo para desarrollar al respecto. Mi encuentro con los exponentes religiosos ha sido una confirmación de buenas relaciones que ya existen entre las distintas comunidades. En tal contexto he querido animar la cooperación ya iniciada entre los seguidores de las distintas tradiciones religiosas, también para poder resanar con el bálsamo del perdón a los que aún se ven afectados por los sufrimientos de los últimos años. El tema de la reconciliación ha caracterizado también mi visita al santuario de Nuestra Señora de Madhu, muy venerada por las poblaciones tamil y cingalesa y meta de peregrinación de miembros de otras religiones. En ese lugar santo hemos pedido a María nuestra Madre, obtener para todo el pueblos esrilanqués, el don de la unidad y de la paz.

De Sri Lanka he ido a Filipinas, donde la Iglesia se prepara para celebrar el quinto centenario de la llegada del Evangelio. Es el principal país católico de Asia, y el pueblo filipino es bien conocido por su profunda fe, en su religiosidad y su entusiasmo, también en la diáspora. En mi encuentro con las autoridades nacionales, como también en momentos de oración y durante la multitudinaria misa conclusiva, subrayé la constante fecundidad del Evangelio y su capacidad de inspirar una sociedad digna del hombre, donde hay lugar para la dignidad de cada uno y las aspiraciones del pueblo filipino.

El fin principal de la visita, y motivo por el cual decidí ir a Filipinas, y este ha sido el motivo principal, era poder expresar mi cercanía a nuestros hermanos y hermanas que han sufrido la devastación del tifón Yolanda. Fui a Tacloban, en la región golpeada más gravemente, donde rendí homenaje a la fe y a la capacidad de recuperarse de la población local.

En Tacloban, lamentablemente, las condiciones climáticas adversas han causado otra víctima inocente: la joven voluntaria Kristel, golpeada y muerta por una estructura que cayó por el viento. Después di las gracias a cuántos, desde distintas partes del mundo, han respondido a su necesidad con una generosa profusión de ayudas. El poder del amor de Dios, revelado en el misterio de la Cruz, se ha hecho evidente en el espíritu de solidaridad demostrado por múltiples actos de caridad y de sacrificio que han marcado esos días oscuros.

Los encuentros con las familias y con los jóvenes, en Manila, fueron momentos importantes de la visita en Filipinas. Las familias sanas son esenciales en la vida de la sociedad.

Da consolación y esperanza ver a tantas familias numerosas que acogen a los hijos como un verdadero don de Dios. Ellos saben que cada hijo es una bendición.

He escuchado decir que las familias con muchos hijos y el nacimiento de muchos hijos están entre las causas de la pobreza. Me parece una opinión simplista.

Puedo decir, podemos decir todos, que la causa principal de la pobreza es un sistema económico que ha quitado a la persona del centro y ha puesto al dios dinero, un sistema económico que excluye, excluye siempre, excluye los niños, ancianos, jóvenes sin trabajo...y que crea la cultura del descarte en la que vivimos. Nos hemos acostumbrado a ver personas descartadas. Esta es el motivo principal de la pobreza, no las familias numerosas.

Evocando la figura de san José, que ha protegido la vida del “Santo Niño”, tan venerado en ese país, recordé que es necesario proteger las familias, que enfrentan diversas amenazas, para que puedan testimoniar la belleza de la familia en el proyecto de Dios. Es necesario defenderlas de las nuevas colonizaciones ideológicas, que atentan contra su identidad y su misión.

Ha sido una alegría para mí estar con los jóvenes de Filipinas, para escuchar sus esperanzas y sus preocupaciones. He querido ofrecerles mi aliento para sus esfuerzos en el contribuir en la renovación de la sociedad, especialmente a través del servicio a los pobres y la tutela del ambiente natural.

El cuidado de los pobres es un elemento esencial de nuestra vida y testimonio cristianos, implica el rechazo de toda forma de corrupción que roba a los pobres y requiere una cultura de honestidad.

Doy las gracias al Señor por esta visita pastoral en Sri Lanka y en Filipinas. Le pido que bendiga siempre estos dos países y que confirme la fidelidad de los cristianos en el mensaje evangélico de nuestra redención, reconciliación y comunión en Cristo.

Texto traducido por ZENIT
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