Religión en Libertad

León XIV: no sigamos sendas «que mezclan la fe católica con creencias de tipo esotérico o gnóstico»

El Papa dedicó su homilía en el aeropuerto de Bamenda a transmitir cómo es posible «un cambio en la sociedad».

El Papa, en el aeropuerto de Bamenda (Camerún) al acercarse al altar para decir misa.

El Papa, en el aeropuerto de Bamenda (Camerún) al acercarse al altar para decir misa.Vatican Media (captura)

Redacción REL
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Tras el acto por la paz en la catedral de San José, en Bamenda, el segundo gran momento de León XIV este jueves fue la misa en el aeropuerto internacional de dicha ciudad de Camerún. La explanada donde se celebró estaba colmada por más de veinte mil fieles, lo que indica el aprecio de los católicos de aquellas diócesis a su pontífice supremo, quien luego tomó el avión para regresar a Yaundé-Nsimalen.

"Vengo en medio de ustedes como peregrino de paz y de unidad, y les expreso la alegría que tengo de estar aquí, visitando su región y, sobre todo, compartiendo su camino, sus dificultades y sus esperanzas", dijo el Papa en las primeras palabras de su homilía, en consonancia con su predicación de la hermandad que había hecho pocas horas antes en el templo citado.

Era un momento de oración por ser litúrgico, y ambas circunstancias, dijo, son signo de "la entrega confiada a Dios" de quienes participan en ellas.

Los problemas y cómo vencerlos

Pero el gran centro de la predicación del Romano Pontífice en dicho país africano fue garantizar a éste "un futuro de paz y reconciliación", y sobre eso versaron sus enseñanzas.

Por ejemplo, detalló algunos de "los numerosos problemas que afligen a esta tierra bellísima":

  • las abundantes "formas de pobreza" debidas a "la crisis alimentaria actual"; 
  • "la corrupción moral, social y política", en particular la "vinculada a la gestión de la riqueza, que impide el desarrollo de las instituciones y las estructuras"; 
  • los "graves problemas" que aquejan al sistema educativo y al ámbito sanitario
  • "la enorme migración al extranjero", en particular "de los jóvenes";
  • todos ellos causados desde dentro [de África] y agravados por "el odio y la violencia", pero a los que añadir los causados "desde afuera por aquellos que, en nombre de la ganancia, siguen entrometiéndose en el continente africano para explotarlo y saquearlo".

Frente a esto, añadió, ha llegado el momento de "reconstruir", de componer "la unidad ensamblando la variedad y las riquezas del país y del continente" y de "edificar una sociedad en la que reinen la paz y la reconciliación".

La obediencia a Dios, el principio básico y crucial

El instrumento para ello es "la Palabra de Dios" porque "abre espacios nuevos y genera transformación y sanación" y además "es capaz de poner el corazón en movimiento" y de convertirnos a los cristianos que la escuchan y la practican en "protagonistas activos del cambio".

León XIV saluda desde el papamóvil a los veinte mil fieles congregados para la misa.

León XIV saluda desde el papamóvil a los veinte mil fieles congregados para la misa.Vatican Media (captura)

¿Por qué eso es posible? Porque, afirmó, "Dios es novedad, crea cosas nuevas, nos hace personas valientes que, desafiando al mal, construyen el bien".

Puso como ejemplo la valentía de los Apóstoles al proclamar ante el sanedrín, cuando eran acusados, que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech 5, 29), lo que sirvió a León XIV para aportar el gran criterio a seguir como "primer paso para cambiar las cosas". A saber, que "obedecer a Dios no es un acto de sumisión que nos oprime o anula nuestra libertad; al contrario, la obediencia a Dios nos hace libres, porque significa confiarle nuestra vida y dejar que sea su Palabra la que inspire nuestra manera de pensar y de actuar".

Obedecer a Dios antes que a los hombres y al modo de pensar terrenal nos permite encontrar "la propia libertad interior" y descubrir "el valor del bien" para "no resignarse al mal", lo que nos convierte en constructores "de paz y fraternidad".

El Papa concluyó con un principio básico: "El consuelo para los corazones quebrantados y la esperanza en un cambio de la sociedad son posibles si confiamos en Dios y en su Palabra". Y para ello debemos llevar siempre en el corazón y en la mente un criterio: "Obedecer a Dios, no a los hombres. Obedecerlo a Él, porque sólo Él es Dios".

Y remató con una aplicación clarísima de ese criterio: "No caer en el engaño de seguir aquellas sendas que mezclan la fe católica con otras creencias y tradiciones de tipo esotérico o gnóstico que, en realidad, a menudo tienen fines políticos y económicos". Porque "solo Dios libera; solo su Palabra abre caminos de libertad; solo su Espíritu nos hace personas nuevas con la capacidad de cambiar este país".

Nadie al escucharlo dudó de que lo válido para cambiar ese país (Camerún) es válido para cualquier otro.

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