León XIV lee las Bienaventuranzas ante las autoridades argelinas, en un monumento por la guerra
El primer gran discurso del Papa León en su viaje a África habló de los que entregan la vida por los demás.

En el monumento Maqam Echahid, el Papa León XIV entregó una corona de flores por los caídos y leyó las Bienaventuranzas
El primer gran mensaje oficial del Papa León XIV en África ha tenido lugar en el Memorial de los Mártires de Maqam Echahid, en Argel, un monumento construido en 1982 para recordar a los caídos en la dura guerra de independencia de Argelia frente a Francia.
El monumento consta de 3 aletas estilizadas que se alzan hasta 96 metros, con una cúpula, una explanada con una llama eterna, una cripta, anfiteatro y un museo subterráneo. Junto a cada aleta, está la estatua de un soldado con su fusil, representando tres etapas de combates: la guerra de indepencia (1954-1962), los años anteriores y el ejército posterior.
La guerra de independencia de Argelia duró 7 años (de 1954 a 1962); murieron unos 150.000 soldados argelinos y hasta 30.000 soldados franceses; también fueron asesinados al menos 200.000 civiles argelinos, y se calcula que 2 millones de argelinos fueron desplazados a la fuerza. Al acabar la guerra, casi 1 millón de civiles de origen europeo dejaron Argelia y fueron a Francia.
En este espacio de fuerte simbología militar y belicosa, pero que recuerda a los muertos por los ideales nacionales, el Papa León leyó las Bienaventuranzas, ante las autoridades civiles argelinas, y acompañó la entrega de una corona de flores a los caídos.

El Papa León XIV en el monumento de los caídos en las guerras de Argelia
Proclamar la paz a un pueblo que cree en Dios
Si Cristo resucitado saludaba diciendo "paz a vosotros", también en árabe es ese el saludo común, "assalaamu aleikum", que significa exactamente lo mismo. Así el Papa se presentó como mensajero de paz para el pueblo argelino, "pueblo fuerte y joven", marcado por "la hospitalidad y la fraternidad", dijo. "En el corazón argelino, la amistad, la confianza y la solidaridad no son meras palabras, sino valores que importan y que dan calidez y solidez a la vida comunitaria", proclamó.
Habló de una historia "rica en tradiciones, que se remontan a la época de San Agustín y mucho antes", pero también marcada "por períodos de violencia". Alabó "el alma de un pueblo que luchó por la independencia, la dignidad y la soberanía nacional".
Dijo que "Dios desea la paz para todas las naciones", pero esa paz no debe ser solo "ausencia de conflicto, sino la expresión de justicia y dignidad".
Después habló de un concepto más específicamente cristiano, el perdón. "Esta paz, que nos permite vislumbrar el futuro con espíritu reconciliado, solo es posible mediante el perdón. La verdadera lucha por la liberación solo se ganará definitivamente cuando se haya alcanzado la paz interior". Y añadió: "No podemos añadir resentimiento al resentimiento, generación tras generación".
La violencia no tendrá la última palabra
"La justicia siempre triunfará sobre la injusticia", afirmó. Y añadió: "la violencia nunca tendrá la última palabra, contrariamente a las apariencias", lo que resuena de forma especial en estos años de guerra en Irán, Líbano, Sudán... En Argelia, "encrucijada de culturas y religiones", dijo "el respeto mutuo es el camino que permite a los pueblos caminar juntos". (En realidad, Argelia hace mucho que no es encrucijada de religiones: el 99% de su población se considera musulmana suní, sólo son cristianos los inmigrantes subsaharianos, algunos europeos y algunos conversos escondidos, especialmente de etnia bereber).
"Una humanidad que anhela fraternidad y reconciliación"
El Papa alabó que en Argelia "la fe en Dios ocupa un lugar central: ilumina la vida de las personas, fortalece a las familias e inspira un sentimiento de fraternidad. Un pueblo que ama a Dios posee la verdadera riqueza, y el pueblo argelino atesora esta joya en su tesoro. Nuestro mundo necesita creyentes como ellos, hombres y mujeres de fe, sedientos de justicia y unidad. Por lo tanto, ante una humanidad que anhela la fraternidad y la reconciliación, es un gran don y un compromiso bendito para nosotros declararnos con firmeza y ser siempre, juntos, hermanos, hermanas e hijos de Dios".
Y citó a Jesús para referirse "a quienes buscan riquezas efímeras, que engañan y decepcionan, y que a menudo, lamentablemente, terminan corrompiendo el corazón humano y generando envidia, rivalidad y conflicto". "Jesús repite la pregunta que planteó hace dos mil años: "¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?" (Mt 16,26).
La respuesta, dijo, la conocen "los difuntos que aquí se honran", porque "perdieron la vida, pero en otro sentido, entregándola por amor a su pueblo. Que su historia fortalezca al pueblo argelino y a todos nosotros en nuestro camino: porque la verdadera libertad no se hereda, se elige cada día".
Vaticano
El largo viaje del Papa a África: once días, cuatro países y la paz y la esperanza como objetivos
Religión en Libertad
La novedad de las Bienaventuranzas
Finalizó su discurso en ese lugar marcado por estatuas de soldados y fusiles y el recuerdo de las guerras, leyendo las Bienaventuranzas, ("las palabras de Jesús a sus discípulos", dijo) que suenan novedosas, incluso provocadoras, a oídos musulmanes, y a muchos otros que nunca las escucharon.
- "Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados.
- Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
- Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
- Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia.
- Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios.
- Bienaventurados los constructores de la paz, porque serán llamados hijos de Dios.
- Bienaventurados los que perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos".
"¡Gracias por la bienvenida! ¡Que Dios los bendiga!", finalizó el Pontífice.