«¡Mi hermano es el Papa!»
El agustino Ángel Camino, OSA: «La elección de León XIV me lo pide todo: más entrega, más fidelidad y más servicio a la Iglesia»

Abrazo del Papa León XIV al P. Ángel Camino, amigos y hermanos agustinos.
A solo una semana de la visita de León XIV a España, el padre Ángel Camino Lamelas, agustino y vicario episcopal de la Vicaría VIII de Madrid, comparte cómo la elección de su amigo Roberto Prevost como Papa ha sido un antes y un después en su vida. «¡Mi hermano es el Papa!», confiesa, todavía sobrecogido por una gracia que vive como una predilección divina que alcanza también, de algún modo, a sus amigos. Desde entonces siente que el Señor le pide «más entrega, más fidelidad, más servicio a la Iglesia; es decir, me lo pide todo, sin reserva».
Con la sinceridad de quien se sabe vasija de barro, habla de sus límites para vivir al cien por cien la espiritualidad agustiniana, de lo que ha aprendido de León XIV sobre el poder como servicio y de cómo la visita del Papa puede convertirse para España —también para quienes la miran de lejos o con recelo— en una verdadera ocasión de gracia.
-Han cambiado muchas cosas. Lo esencial, no. Cada uno estamos en Dios y en su voluntad. Pero es tan fuerte que un hermano tuyo, un gran hermano, la Providencia le llame a dirigir la nave de la Iglesia, que es algo que me sobrepone. Yo no soy el mismo. ¡Mi hermano es el Papa! Esto no lo pueden decir todos. Lo podemos decir los agustinos. No para creernos más que nadie, en absoluto, sino como un reconocimiento al cielo. Es una alegría inexplicable.
Yo no hablo todos los días con él y ahora muchísimo menos. Dejaremos de vernos físicamente, pero el afecto, el entendimiento, la cercanía, la estima, son intocables. Para ciertas cosas tienes que estar físicamente presente: si tienes que conducir un coche, tienes que tener las manos en el volante. Para vivir la unidad en la Iglesia, para sentir a mi hermano Roberto Prevost como Papa León XIV, no hace falta ningún movimiento físico. Funciona el corazón, el alma, el entendimiento. Eso me funciona a mí.
Ciertamente, la elección del Papa León XIV supone para mí un evento importantísimo, uno de esos acontecimientos que marcan el rumbo de la vida en cualquier etapa o circunstancia. Dos cosas han surgido en mí a raíz de esta elección. Primero, la conciencia de una predilección divina. Cristo ha elegido a Robert Prevost como su Vicario en la tierra. Pero Robert Prevost no es un sujeto aislado, sino una persona con una historia. Ahí entramos sus amigos, sus hermanos agustinos. De alguna manera también el Señor nos dice a cada uno de los amigos del Papa que somos predilectos.
El amor de Dios se ha derramado sobre la persona del Papa León XIV y sobre todos sus amigos, familia, conocidos o personas cercanas a él. Por eso, este sentido de predilección me hace ser consciente de que Dios me pide algo más en mi vida y ministerio: más entrega, más fidelidad, más servicio a la Iglesia; es decir, me lo pide todo, sin reserva.
Segundo, la conciencia de quién es el Papa para la Iglesia universal. El hecho de ser amigo del Papa me lleva a estar doblemente unido a él. En primer lugar, ya estoy unido al Papa porque soy cristiano, bautizado católico: la comunión de todos los fieles con Pedro, la piedra sobre la que Cristo ha edificado su Iglesia. Pero, al tener una amistad cercana, también puedo decir que me une a él un lazo fuerte de afinidad, de aprecio personal, de estima de hermano en la Orden de san Agustín y de muchas vivencias compartidas. En mí, esto genera una cosa muy clara: estar unido al Papa en todo y para todo.
«La elección de León XIV me hace sentir predilecto de Dios y me lo pide todo, sin reserva.»

El Papa León XIV junto al P. Ángel Camino, agustino y vicario episcopal de Madrid, tras su encuentro en el Vaticano.
-Como agustino, pido perdón por no vivir la espiritualidad agustiniana al cien por cien. Es decir: cuando no vivo la comunidad con mis hermanos y surge el individualismo, pido perdón. Cuando no soy signo de comunión, pido perdón. Cuando falto a la unidad, ¡perdón!
Cuando no vivo la interioridad, es decir, cuando “no vivo dentro” sino disperso, pido perdón. Cuando me contento con una verdad a medias y no soy un buscador de la verdad, pido perdón.
Como amigo de Roberto Prevost, pido perdón cuando no doy la talla, cuando no soy auténtico, cuando me falta humanidad, educación, delicadeza, finura… Cuando no vivo todas sus cualidades humanas tan transparentes, pido perdón. Me siento tan lejano del padre Roberto —hoy Santo Padre León— que me da miedo mirarme a mí mismo. Pero, con la gracia de Dios, me supero y empiezo de nuevo.
En conclusión, el perdón y la acción de gracias son dos formas de oración muy bellas. Continuamente debemos pedir perdón y dar gracias. Siendo consciente de lo que esto supone, siento que primero debo dar gracias infinitas a la misericordia de Dios que, en su designio amoroso, me ha elegido para una vocación sacerdotal como agustino, con todo lo que esto implica.
Ser agustino me ha permitido desarrollar no solo un ministerio fecundo y lleno de grandes bendiciones, sino también una realización humana y espiritual. Además, me ha permitido ser parte de la vida de grandes personas como la del actual Papa León XIV. Por eso, y por mucho más, daré gracias a Dios siempre.
Por otro lado, los dones se reciben en vasijas de barro; todos lo somos, yo el primero. Por eso, debo pedir perdón continuamente a Dios por todos mis fallos, sin olvidar que ese acto de pedir perdón es fuente de gracia y de bendición. Todavía sigo aprendiendo a servir mejor a Dios y a la Iglesia. Por eso debo pedir perdón por mis imperfecciones, pero al mismo tiempo acoger la gracia que Dios me da para que ese acto de perdón sea fuente de una alegría abundante. Ser amigo del Papa me anima a ello continuamente.
«Los dones se reciben en vasijas de barro; yo soy la primera.»
-El Papa no suele centrarse en las heridas ni de las personas ni de las naciones. Ciertamente no cierra los ojos a las dificultades de las personas y de los pueblos, pero no mira desde las heridas. Su mirada es mucho más teológica. Él nos mira desde la gracia que continuamente Dios nos está otorgando.
Su mirada se parece mucho a la de san Agustín sobre su propia historia. Es una mirada de esperanza que busca encontrar la presencia continua de Dios, que hace su obra en la vida de las personas y de los pueblos. Él mismo tiene esa mirada para con su vida e historia. Yo creo que esa mirada será una gracia para España. Es la mirada amorosa de un padre que busca que sus hijos sean buenos, santos, felices. Una mirada de unidad, de paz, de solidaridad. Una mirada que nos invita a vencer el egoísmo y a alcanzar la verdadera fraternidad universal.
Al Papa le puede doler —en España y en el mundo entero— cuando no somos promotores vivos y auténticos de la unidad, de la paz, de la reconciliación. Cuando no tenemos el corazón abierto a toda la humanidad. Cuando no nos duelen las bombas, las injusticias, el hambre; cuando no nos duelen los pobres, los inmigrantes.
El gran gesto de su pontificado frente a esa herida es su propia persona. Es tan auténtico que sus palabras sanan. Tiene la palabra oportuna. Es como si estuviera conectado con el Espíritu Santo. Le salen a borbotones palabras esenciales que sanan y liberan.
«León XIV no mira desde las heridas, sino desde la gracia que Dios derrama sobre los pueblos.»
-Dentro de la Orden de San Agustín, el Papa León XIV desempeñó el cargo de gobierno más importante, es decir, fue prior general. Su estilo de gobierno siempre fue de mucho orden y de una continua muestra de fraternidad.
Podría decir que ha gobernado como manda la Iglesia, con el Derecho Canónico, pero a esto le ha sumado siempre una conciencia plena de la caridad cristiana. Podría decir que gobierna siempre con la ley canónica y con la caridad propia de un padre. Por eso, los que le hemos tenido como superior hemos vivido la experiencia de un padre que guía y acompaña.
A mí esto me ayuda a orientar mi servicio a la Iglesia como vicario episcopal, sin descuidar nada de lo que pide y exige la Iglesia para todas sus comunidades. Sin embargo, soy consciente de que esto solo es posible cuando se guía con caridad pastoral. Esto lo he aprendido del Papa.
Cada día que pasa aprendo muchísimo más. Hasta el 8 de mayo de 2025 era mi hermano y le recordaba como mi superior general. Lógicamente no le recordaba todos los días; es evidente y normal. Ahora Roberto Prevost es el Papa, es el Papa de toda la Iglesia. Le recuerdo, le pienso, le medito, rezo por él. ¡Todos los días!
Si esto lo hacemos todos los cristianos, imagínate los que somos cristianos, hermanos y amigos del Papa. Aprendo todos los días de él. Me va sorprendiendo de día en día por su conexión con el Espíritu Santo.
«He aprendido de él que solo se puede mandar cristianamente con derecho y con caridad de padre.»

León XIV y el P. Ángel Camino dialogan en el despacho papal, en un encuentro que el vicario madrileño recuerda como “un momento para la eternidad”.
-Podría contar varios momentos. Pero creo que uno que refleja bien su personalidad humilde y sencilla fue el encuentro que tuvimos los agustinos en el año 2013 con el Papa Francisco. Tengo una foto en mi despacho de ese momento.
Entonces Robert Prevost era el prior general. Él nos llevó a todos ante el Papa y nos lo presentó uno a uno. El clima de amistad, de fraternidad, de aprecio personal que percibí entre el Papa Francisco y Robert Prevost —hoy León XIV— todavía me llena el corazón de alegría. Es un momento por el que doy continuamente gracias a Dios.
Lógicamente, hay otro momento estelar. Fue el 11 de febrero de 2026. Llevé a la audiencia de aquel miércoles a 70 cardiólogos del Ramón y Cajal de Madrid. Por pura gracia del Papa León XIV estuve quince minutos con él, solo, en su despacho. Son momentos para la eternidad.
Sí, hablamos. Pero lo más importante para mí es que estábamos. Cuando dos personas se quieren de verdad, necesitan estar juntas, sin muchas palabras. Así ocurre en la oración. Eso mismo sentí con León XIV. Podría extenderme más, pero es suficiente. Aquel momento lo recordaré toda mi vida. Se inmortalizó en una foto que tengo en el despacho. Pero la verdadera foto está en el interior del corazón.
-Ciertamente soy conocido como el amigo del Papa, pero no soy su único amigo. El Papa tiene un don grande para hacer amigos desde siempre. En Madrid tiene a muchos hermanos agustinos como grandes amigos.
A mí, por mi servicio pastoral de vicario episcopal, me ha tocado transmitir a todas las parroquias y comunidades por donde voy, a causa de mi trabajo, la amistad y el cariño del Papa. Yo intento compartir con alegría todo lo que conozco del Papa.
No es difícil transmitir quién es el Papa, porque él no es una persona cerrada ni de difícil acceso. Todo lo contrario: el Papa es cercano, abierto para dialogar y escuchar; sencillo, un poco tímido, de muy buen humor siempre. Todos sus amigos coincidimos en que se da a conocer con sinceridad.
Me alegra encontrar a personas que conocen al Papa y coinciden conmigo en cómo es. En definitiva, me sale espontáneo hablar de él, tanto a la gente como a los medios. No me preparo. Cuando hablo de mi madre no saco ningún libro: me acuerdo de ella y me salen a raudales todos sus sentimientos. Me tengo que reprimir por cuánto la quise antes de partir al cielo.
Con el Papa me pasa lo mismo: hablo de mi hermano, de todo lo que he vivido con él antes de ser Papa y, sobre todo, de todo lo que veo, leo y percibo de León XIV. Me sale espontáneo proclamarlo. No me invento nada; sería mentir. Hablo de lo que siento y veo.
«Cuando hablo del Papa me pasa como con mi madre: no necesito apuntes, me sale del corazón.»
-Les diría que dirijan una mirada sencilla al Papa. La visita del Papa es la visita de un hombre que nos trae un mensaje de esperanza, de paz y de fraternidad. Les invito a que acojan ese saludo y que devuelvan el saludo con una sonrisa o con una oración.
El Papa viene a rezar por España. Abramos nuestra mente y nuestro corazón a este gesto. El Papa también viene a darle a España la luz de su sonrisa; es decir, viene a decirle a España que tiene una gran misión en la historia y en el mundo, y que por muchas razones es realmente bella a los ojos de Dios.
Les diría que en la vida es imposible conocer todo el bien que se hace en el mundo. Hay cantidad de santos que no conocemos, pero existen. El santo es un cristiano realizado, un hombre en cuyo corazón cabe toda la humanidad.
Que sepan que León XIV es un hombre que va a dar la vida por toda la humanidad, aunque muchos no lo sepan. Desde que dijo “sí” el día de su elección, su vida cambió: vive para toda la humanidad. Le caben todos los hombres. En su corazón están las palabras más deseadas: paz, unidad, libertad, concordia, perdón, humildad…
Este lenguaje lo entienden todos, aunque no le vean. Incluso quien se sienta indiferente puede llevarse una sorpresa: los efectos de una visita que deja huella en todos.
Nota
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Luis Javier Moxó Soto