«Que crezca su Reino; contra la industria de la guerra, la artesanía de la paz»: el Ángelus de Reyes
León XIV cierra la última Puerta Santa, acaba el Jubileo y predica sobre un Dios creativo que sorprende con «otros caminos»
El Papa León XIV cierra la última puerta santa del Jubileo, la de San Pedro del Vaticano, en el día de Reyes
“Que crezca su Reino, que se cumplan en nosotros sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas, que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz. Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino”, exhortó León XIV en el rezo del Ángelus, desde el balcón del Palacio Apostólico, el mismo donde se asomó el 8 de mayo al ser elegido Papa.
Lo hizo en su alocución a la gente reunida en la Plaza de San Pedro, tras la misa de Epifanía en la basílica, y la clausura del Año Santo Jubilar dedicado a la esperanza. A primera hora de la mañana había cerrado la última Puerta Santa del Jubileo, la de la basílica de San Pedro del Vaticano.
Esperanza cristiana con los pies en la tierra
Desde el balcón recordó que Epifanía significa “manifestación” y que la esperanza cristiana “debe tener los pies en la tierra” aunque “viene del cielo” porque debe “generar aquí abajo una historia nueva”. El Jubileo, dijo, “nos ha recordado esta justicia basada en la gratuidad”. El Jubileo, en el Antiguo Testamento, ya implicaba una llamada a "reorganizar la convivencia, a redistribuir la tierra y los recursos, a devolver ‘lo que se tiene’ y ‘lo que se es’ a los sueños de Dios, más grandes que los nuestros".
León XIV saluda en el balcón del Palacio Apostólico durante el Ángelus del día de Epifanía de 2026, al acabar el Jubileo de la Esperanza
Repasando los regalos de los Magos al Niño Jesús (oro, incienso y mirra) los consideró un símbolo de entrega total: serían "lo que cada uno de nosotros puede poner en común, lo que ya no se puede guardar para sí mismo, sino compartir, para que Jesús crezca entre nosotros".
Ser "artesanos de esperanza", buscar "otro camino" como los Magos
En Jesús “ha aparecido la verdadera vida, el hombre viviente”, una vida abierta a la comunión y capaz de transformar la realidad, dijo. Después animó a los cristianos a ser “artesanos de esperanza”, capaces de “caminar hacia el futuro por otro camino”, siguiendo el ejemplo de los magos.
Luego saludó a los niños del mundo, con motivo de la Jornada Misionera de la Infancia, agradeciéndoles porque "rezan por los misioneros y se esfuerzan por ayudar a sus compañeros más necesitados", afirmó el Pontífice. El Santo Padre felicitó también a las comunidades cristianas de Oriente que celebran la Navidad el 7 de enero según el antiguo calendario juliano.
El rito de cierre de la última Puerta Santa
Por la mañana, a las nueve y media (hora de Roma), el Papa León cerró la última de las puertas santas, concluyendo oficialmente el Año Santo iniciado el 24 de diciembre de 2024 por el Papa Francisco. Antiguamente, era una ceremonia más larga, en la que con mampostería se levantaba un muro que cerraba el espacio. Pero esta práctica se simplificó en 1975 (y Juan Pablo II simplificó aún más el rito en el Jubileo del 2000) y hoy se limita al cierre de los batientes de la puerta con solemnidad.
El Papa recitó la oración de agradecimiento por el Año Santo: "Se cierra esta Puerta Santa, pero no se cierra la puerta de tu clemencia", dijo, según la fórmula prevista. También pidió los “tesoros” de la gracia divina, "de modo que, al término de nuestra peregrinación terrena, podamos llamar con confianza a la puerta de tu casa y disfrutar de los frutos del árbol de la vida". El coro cantó "O clavis David" (la antífona "Oh, llave de David") mientras el Papa se acercaba a la puerta, se arrodillaba, rezaba brevemente en silencio y después cerraba los grandes batientes de bronce.
Oración solitaria en silencio de León XIV, la última al cerrar la Puerta Santa del Jubileo de la Esperanza en el Vaticano
Cuando pasen diez días, se realizará en privado el trabajo de mampostería a cargo de la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice y de los técnicos de la Fábrica de San Pedro (los llamados "sanpietrinos"; en otras basílicas papales lo harán técnicos de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano). Construirán ellos entonces el muro de ladrillos en el interior de cada basílica, sellando cada puerta. Durante ese rito, se insertará en el muro la habitual cajita metálica (capsis) que contiene el acta de cierre, las monedas acuñadas durante el año jubilar y las llaves de la puerta.
Homilía de Epifanía de León XIV
El Papa, en la homilía de la misa de Epifanía, elaborada y llena de símiles, predicó sobre la “grandísima alegría de los magos al ver la estrella, pero también la inquietud experimentada por Herodes y por toda Jerusalén ante su búsqueda”. Cuando Dios se manifiesta, unos responden con alegría, otros con inquietud, unos con resistencia y otros con obediencia, unos con miedo y otros con deseo.
Así, en Jerusalén, ante el anuncio del Niño, muchos consideraron "como amenaza aquello que debería, por el contrario, causarles mucha alegría". Herodes buscó aprovecharse del deseo de los magos manipulando su búsqueda en beneficio propio. Estaba dispuesto a mentir, dispuesto a todo.
“Celebramos hoy la Epifanía del Señor, conscientes de que ante su presencia nada sigue como antes. Este es el comienzo de la esperanza. Dios se revela, y nada puede permanecer estático. Se termina un cierto tipo de tranquilidad, la que hace repetir a los melancólicos: «No hay nada nuevo bajo el sol» (Qo 1,9). Empieza algo de lo que dependen el presente y el futuro, como anuncia el Profeta: «¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!» (Is 60,1)”, proclamó.
Comentando el final del Jubileo, el Papa se refirió a "la búsqueda espiritual de nuestros contemporáneos", que, advirtió, es más rica de lo que muchos piensan. “¿Quiénes eran y qué les movía?”, planteó, sobre las multitudes de peregrinos. "Millones de ellos han atravesado el umbral de la Iglesia. ¿Qué es lo que han encontrado? ¿Qué corazones, qué atención, qué reciprocidad? Sí, los magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje", dijo.
La alegría del Evangelio hace audaz, creativo, ofrece caminos nuevos
Los peregrinos saben que Dios nos puede desconcertar, porque no es un ídolo manejable, sino que está vivo y vivifica, como ese Niño que María tenía entre sus brazos y que los magos adoraron. Así, los santuarios del Jubileo "deben difundir el perfume de la vida, la señal indeleble de que otro mundo ha comenzado".
Y planteó: "Preguntémonos, ¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que nos pone en camino?"
Aprendiendo de los Reyes Magos, comentó que "la alegría del Evangelio libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos".
También comentó la pregunta de los Magos: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?" (Mt 2,2). El Mesías nace en los templos y en las comunidades de fe. También enseña el Jubileo que "el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros. Sí, Dios cuestiona el orden existente; tiene sueños que inspira también hoy a sus profetas; está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes; en sus obras de misericordia, en las maravillas de su justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a santos y pecadores”.
“¡Cuántas epifanías nos han sido dadas o se nos darán!”, indicó el Papa León, pero deben sustraerse de las intenciones de Herodes, de los miedos siempre al acecho para transformarse en agresión. «Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo».
“Esta misteriosa expresión de Jesús, indicada en el Evangelio de Mateo, nos hace pensar en los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e incluso atacar la Novedad que Dios ha reservado para todos. Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño. A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar”.
“Preguntémonos: ¿nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor? Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?”, planteó León XIV.
El Niño no tiene precio: gratuidad y lugares humildes
El Niño que los magos adoran, añadió León XIV, es un Bien que no tiene precio ni medida. Es la Epifanía de la gratuidad. No nos espera en los lugares prestigiosos, sino en las realidades humildes. "Sí, ¡el Señor nos sigue sorprendiendo! Se deja encontrar. Sus caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir. Aquí reside la grandísima alegría de los magos, que dejan atrás el palacio y el templo para ir hacia Belén; ¡y es entonces cuando vuelven a ver la estrella!”.
La exhortación final del Papa fue que todos se conviertan en "peregrinos de esperanza”, “es hermoso seguir siéndolo, juntos”.
“Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora. María, Estrella de la mañana, caminará siempre delante de nosotros. En su Hijo contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor”, finalizó.