Religión en Libertad

El santuario que cautiva a León XIV: está en Extremadura y acogió a 32.000 peregrinos en 2025

Desde el 29 de enero, el Papa León XIV ya cuenta con el nuevo documental sobre el suceso, «Una luz en España. Chandavila… Aquello sucedió»

José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz, bendiciendo en 2025 los terrenos que acogerían una casa para peregrinos del santuario de La Codosera.

José Rodríguez Carballo, arzobispo de Mérida-Badajoz, bendiciendo en 2025 los terrenos que acogerían una casa para peregrinos del santuario de La Codosera.Diócesis de Mérida-Badajoz.

José María Carrera Hurtado

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El 22 de agosto de 2024, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó “Una luz en España”. Un documento dirigido a Monseñor José Rodríguez Carballo y firmado por el prefecto Víctor Manuel Fernández y el mismo Papa Francisco, en el que se reconocía la “riqueza espiritual” del santuario de Chandavila (Badajoz, España). Un lugar que apenas 80 años antes había sido el lugar donde la Virgen María se habría aparecido a Marcelina Barroso Expósito, una humilde niña de 10 años que escuchó atónita la pregunta de la “Señora luminosa”: “¿Te quieres venir conmigo?”.

Lejos de encontrarse en el olvido, los relatos de las apariciones se encuentran en una dinámica de interés creciente. Especialmente tras la aprobación vaticana y el más reciente estreno del documental “Una luz en España Chandavila, aquello… sucedió”, que en los últimos días habría captado el interés el mismo Papa León XIV.

Hasta el punto capta el interés de los peregrinos que, de los 64.783 peregrinos que en 2025 visitaron los ocho lugares jubilares decretados en la archidiócesis de Mérida-Badajoz, cerca del 50% lo eligieron: con cerca de 32.000 visitantes, Chandavila se ha consolidado como el destino de mayor devoción y afluencia, duplicando el impacto del resto de templos de la región.

Según se desprende del propio documental, todo comenzó el 27 de mayo de 1945, cuando la joven Marcelina Expósito y su prima, Agustina González, se dirigían al caserío del Marco, a unos 3 km de La Codosera.

De camino, Marcelina observó un bulto en un castaño. Si bien al principio le restó importancia, a la vuelta vio a la Virgen de los Dolores elevada sobre el castaño, mirando hacia el pueblo.

Marcelina acudió al día siguiente a Chandavila, acompañada por varios vecinos. Ese día no vio nada. Al día siguiente, la joven volvió y cayó en un profundo éxtasis. Hasta el 4 de junio, Marcelina estuvo viendo a la Virgen todos los días. En las alturas llevaba un manto de Dolorosa cuajado de estrellas y una corona en la que lucían tres estrellas.

Tras presentir que debía volver para escuchar un importante mensaje, la niña volvió a Chandavila y durante la mañana el día 4, la Virgen se apareció y pospuso la cita a las 3 de la tarde, encomiando a Marcelina a postrarse de rodillas y desplazarse así hasta el castaño cercano.

Al llegar, entró en éxtasis. “He visto una capilla blanca, pequeñita, con un altar y una imagen de la Virgen… Era bellísima.” La Virgen le pidió que hicieran allí una ermita y que dentro de tres meses se celebrara una misa. Le mostró lo que había de construirse, como quien revela los planos de una obra divina.

Durante el camino, la joven se desplazaba milagrosamente, sin hacerse daño en las rodillas pese a los castaños y las piedras afiladas del camino. Ella declaró que la Virgen le había colocado una alfombra de hierba para que no se haría daño.

Cuando volvió, los vecinos le preguntaron por lo que acababan de ver “Ay, Marcelina, hija mía, ¿cómo traerás las rodillas, cariño?” “Ay, no, no, no. Si yo iba por una alfombrita toda verdita, tan fresquita”, respondía la niña.

"El resplandor era tal que creía asfixiarme"

Llegado el momento anunciado, comenzó la aparición ante la exclusiva mirada de Marcelina. Nadie salvo ella lo vio, relatando posteriormente que se formó una nube misteriosa y se partió quedando la Virgen sobre el firmamento.

“La Señora fue bajando dulcemente hasta colocarse encima del castaño. Al llegar a él, vi cómo se abriría y al fondo vi una capilla bastante grande con su coro, lámparas, retablo y a la Virgen bajando del altar mayor. Se acercó a mí y me preguntó: “¿Te quieres venir conmigo?” “Sí, señora”, le dije. La Virgen se sonrió y me besó. Sentí su calor al acercarse a mí. La Virgen tenía cuerpo como nosotros y sentí que al acercarme y besarme me hizo cosquillas con la puntilla que tenía alrededor de su cara”, expresaría la niña.

El día 5 volvió a ver a la Virgen, también al Señor en diversos momentos de la Pasión y cargando con la cruz, ante la incredulidad de no pocos vecinos.

Algunas personas eran escépticas, entre ellas Afra Brígido, que entonces tenía 17 años. Afra manifestaba su incredulidad siempre que tenía ocasión. El día del Corpus, mientras se mofaba de las apariciones, cayó en éxtasis durante 10 minutos.

Al recobrar la conciencia afirmó: “He visto a la Santísima Virgen de los Dolores. Aparecía de perfil con el rostro volviendo hacia la derecha y luego descendió hacia mí, tan cerca que decidí ir hacia ella, cayendo desmayada. El resplandor que traía creía que me asfixiaba”.

Desde entonces, según se relata en el portal de Chandavila, Afra vivió una vida marcada por los estigmas de Cristo que aparecieron en su cuerpo. Sangraban cada viernes y en fechas señaladas. Su vida fue de silencio, penitencia, y reparación. “Un alma escondida, elegida por Dios para mostrar el rostro doliente del amor”, se dice de ella.

Milagros y episodios extraordinarios 

Durante semanas y meses, cientos de personas presenciaron hechos extraordinarios:

• El sol giraba y descendía, como ocurrió en Fátima.

• Se vieron luces celestiales, ángeles y cruces luminosas.

• Una imagen de piedra de la Virgen cobró vida ante un médico escéptico.

• Una joven quedó ciega al burlarse… y, tras su conversión, recuperó la vista.

• Se escuchaban cánticos sin fuente visible.

• Algunos vieron la Sagrada Custodia suspendida en el aire.

Y junto a ello, se pone especial énfasis en testimoniar el cambio en las almas: “Se multiplicaban las confesiones, las conversiones, las vocaciones. La madre de Marcelina, profundamente conmovida, regresó a la fe y donó el primer sagrario del futuro santuario”.

El milagro del sol y los estigmas permanentes

El primer sábado de julio, tanto Marcelina como Afra volvieron a tener visiones. Aquel día también se sucedió un prodigio que ya se había producido en Fátima: la danza del sol. El sol comenzó a girar vertiginosamente y el valle tomó distintos matices.

El gran signo que la Virgen realizaría sería la estigmatización permanente en las manos, pies y costado de Afra.

Fue en la ermita de la Virgen de la Ribera, en la vecina población de Villar del Rey, durante el rezo del cuarto Misterio doloroso del Santo Rosario.

El reconocimiento eclesial

Los apariciones de la Virgen y de la Pasión de Cristo se repitieron durante el verano, como consta en los archivos que se custodian en el santuario.

El obispo de Badajoz, Monseñor José María Alcaraz y Alenda, autorizó que se levantara un gran santuario en el lugar de la aparición.

Afra vivió en Madrid hasta su muerte, dedicó su vida a los pobres y necesitados. Falleció el 23 de agosto de 2008 y sus cenizas descansan en el santuario. Marcelina consagró su vida en la congregación de las Hermanas de la Cruz.

Chandavila ha sido desde entonces uno de los santuarios más visitados de la archidiócesis de Mérida-Badajoz.

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