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El combate contra Satanás, según un SEAL, un piloto y un cura: «Supera a cualquier guerra mundial»

El expiloto de helicópteros de combate, Dan Schneider, el SEAL retirado, Jason Henderson y el sacerdote Chris Alar abordan las bases del combate espiritual. 

El expiloto de helicópteros de combate, Dan Schneider, el SEAL retirado, Jason Henderson y el sacerdote Chris Alar.

El expiloto de helicópteros de combate, Dan Schneider, el SEAL retirado, Jason Henderson y el sacerdote Chris Alar.CANVA.

Redacción REL
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Cada vez resuenan con mayor intensidad las voces de quienes perciben que el incremento de la maldad en el mundo visible se debe a una batalla espiritual que se recrudece. Los últimos en hacerlo saben lo que implica el combate y la guerra. Entrevistados por National Catholic Register, el expiloto de helicópteros de combate, Dan Schneider, y el SEAL retirado, Jason Henderson, acaban de aportar a este debate su amplia experiencia militar. 

Schneider, también profesor de Teología en la Universidad Franciscana de Steubenville y veterano de la Guerra del Golfo, comienza su conversación explicando por qué el endemoniado de Gerasa afirmaba llamarse “Legión”. En tiempos de Cristo, cuenta, la legión romana estaba compuesta por unos 6.000 soldados de infantería, pero nosotros hablamos de una lucha espiritual. Una anécdota que no solo emplea para introducir el combate espiritual, sino también para afirmar que, al enfrentar la tentación, “estamos librando una batalla mayor que cualquier guerra mundial”.

Por su parte, Henderson coincide en la necesidad de contar con la gracia y de creer en los fundamentos de la fe cristiana para poder llevarla a término, convencido de que “Dios solo nos pone a prueba en situaciones que podemos afrontar”.

“Solo tenemos que tener fe en que estaremos a la altura de las circunstancias. Nuestros santos y exorcistas ya han hecho todo el trabajo. Solo necesitamos aplicar sus tácticas, técnicas y procedimientos a nuestras propias vidas”, explica.

¿Qué puede más, el exorcismo o la confesión?

La primera de ellas es precisamente vivir constantemente en estado de gracia. No hacerlo, advierte, equivaldría a dejar a nuestras familias indefensas y vulnerables.

Por su parte, Schneider señala la importancia de que los católicos reconozcan que esta batalla no solo es inevitable, sino que además tiene lugar en cada momento. Por ello, invita a plantearse una pregunta: ¿Cuáles son las reglas del juego y cómo podemos luchar de forma segura y eficaz como católicos, con las herramientas y armas que Dios nos ha dado?

La experiencia de Schneider dista mucho de limitarse solo al ámbito militar. También es autor de varias publicaciones especializadas, como El método Liber Christo: un manual práctico para el combate espiritual, Los pecados del padre y Preguntas y respuestas sobre la guerra espiritual: para sacerdotes y laicos.

Como autor especializado y también colaborador del exorcista Chad Ripperger, él mismo responde invitando a los fieles a basar sus vidas en la verdad, la ortodoxia y en la forma de vivir y pensar correctas. “Debemos comprender y vivir correctamente la enseñanza de la Iglesia. Para la lucha espiritual, es fundamental ver, vivir y practicar lo que la Iglesia enseña”, sentencia.

En la misma conversación con National Catholic Register, el sacerdote y colaborador de EWTN, Chris Alar, incide en que la confesión tiene una importancia crucial -incluso desconocida- a la hora de enfrentar los ataques espirituales, en muchos casos mayor que el propio exorcismo. “La confesión es un sacramento. El exorcismo es solo un sacramental”, explica.

Oración, ayuno y Santa Misa, "cruciales"

Según Henderson, esa vida acorde a la doctrina y práctica de la Iglesia implica el hábito de contrarrestar los siete pecados capitales con las siete grandes virtudes. Especialmente el orgullo, siendo más servidor que egoísta.

Schneider coincide en que la vida de virtud, y especialmente de la humildad y la oración, son claves en la batalla espiritual. También la confesión y una vida dedicada a la penitencia, el sacrificio, la oración y el ayuno.

Estos dos últimos son, a su juicio, “fundamentales”.

“Debemos empezar a conectar con nuestro cuerpo. Son nuestro armamento espiritual, nuestras armas defensivas para el combate. Son las armas ancestrales. Luchamos contra un enemigo ancestral, y para ello, las mejores armas son las ancestrales”, comenta.

El padre Alar coincide en el hincapié e importancia sobre el ayuno al romper el dominio de la carne sobre el espíritu o expulsar incluso a los peores demonios. Sin embargo, agrega que la oración más importante en esta lucha es la Santa Misa.

Como una ametralladora contra el diablo

En último término, los tres entrevistados coinciden en referirse a la devoción mariana, a San José o a San Miguel Arcángel como un arma “absolutamente crucial” en la contienda.

El padre Alar lo explica así desde la teología: “Él [Satanás] sabe que Dios es Dios, que es una criatura y que Dios tiene el poder absoluto y puede vencerlo. Pero perder contra esta joven judía elegida por Dios… su humildad es más de lo que su orgullo puede soportar. Por eso Satanás, en su orgullo, teme a María más que a Dios. Y huye a la primera señal de su presencia. No se enfrenta a María. Sabe que será derrotado”.

Tras muchos años en el ejército, Schneider sabe bien la importancia que tiene la identificación del soldado en toda batalla. Y, en el caso de la batalla espiritual, la del soldado y de las armas son también cruciales. Por ello, destaca la importancia del rosario como un “arma ofensiva” contra el demonio que “todo católico debería rezar al menos una vez al día”, mientras que el escapulario también funciona como placa de identificación de todo soldado.

En la guerra espiritual, concluye el padre Alar, “cada vez que rezas el Avemaría es como si disparases al diablo. Entonces, es como si el rosario fuese una ametralladora”. 

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