¡Únelos en la cruz, querido Carpintero!

La madera que trabaja San José
Querido San José:
Cada vez que me encuentro contigo por la noche me sorprendes más. Al comenzar tu fiesta del 1 de mayo, fiesta de San José obrero, busco algún vídeo para comenzar la oración de la noche y unirme a ti, querido padre San José. Sale en enseguida un himno muy conocido y que muchas veces escucho y me une a tu corazón de padre: “Hoy a tus pies ponemos nuestra vida. Hoy a tus pies. ¡Glorioso San José! Escucha nuestra oración y por tu intercesión, obtendremos la paz del corazón…”. Te siento muy cerca. Estás a mi lado. Me muestras tu amor de padre y me llenas de paz al comienzo de la noche. Es algo tan especial… No es la primera vez que lo hablamos y te lo digo de corazón. Tu corazón de padre se muestra con más intensidad según pasa el tiempo y callo para unirme a ti en la noche…
Lo que no me esperaba es que querías mostrarme algo que también es muy común en nuestros coloquios espirituales entre padre e hijo: ¡los jóvenes! Me explico: al terminar el vídeo de tu himno sigue otro que muestra la Pasión de tu Hijo representada por jóvenes. Está muy bien preparada y con mucho sentimiento. Se ve de una manera muy real el sufrimiento de tu Hijo en esos momentos tan amargos donde tú ya no estás en este mundo. Contemplo la Pasión de tu Hijo revivida por jóvenes que se meten muy bien en el papel. Lo viven a fondo. Se nota que no lo hacen por hacer y que hay una preparación muy profunda. Las escenas me van metiendo cada vez más en el corazón de tu Hijo que tanto sufre hasta llegar a lo alto de la cruz. Entonces pongo la mirada en varios jóvenes que conozco. Algunos están en colegios mayores. Otros lo estarán pronto y me digo ¿por qué no los animo a que preparen para el año que viene una representación de la Pasión de tu Hijo, con un tiempo de oración y retiro en silencio para meterse de verdad en ese momento clave de la vida de tu Hijo, y luego lo representen e inviten a sus amigos de clase y otros que quieran venir?
¡Qué regalo sería! ¿A qué sí, querido San José? Mueve esos corazones jóvenes que tú bien conoces para que se unan a tu Hijo de esta manera. Así otros que estén alejados del amor a tu Hijo y a ti pueden tener una oportunidad maravillosa de saber que Dios existe, que ama a todos, que perdona siempre, que busca lo mejor… ¡Y que además tiene un padre que se llama San José! Lo dejo en tus manos, padre…
Y no me quedo aquí, sino que la oración sigue. Llega el momento de entrar en tu corazón unido a esos jóvenes que tanto quiero y que tú también. Muchas veces les digo que tú no estabas en la Pasión de tu Hijo. No hubieras soportado tanto dolor. Tu corazón de padre no podría pasar por esto… Es muy distinto el amor de un padre al de una madre… Y mientras estoy en esto, me llega una luz que me muestra algo que todavía me mete más en tu corazón y me confirma que no hubieras aguantado ver tanto dolor en tu Hijo…: en tus viajes de trabajo o en peregrinación a Jerusalén seguro que en algún momento te cruzaste con algún crucificado. Lo de tu Hijo no es el único caso. Hay muchos antes que Él y muchos después de Él. Es una condena a muerte que forma parte de la cultura de aquel momento. ¿Y cómo estaba tu corazón de carpintero? ¿Cómo te sentías al ver morir de esa manera tan atroz? ¿Cómo veías esos maderos manchados de sangre? Tu corazón seguro que se desgarraba al ver tanto dolor en esos condenados a muerte… De fondo estaban los maderos, querido San José... Esa madera que era tu vida, tu sustento, tu sueño desde adolescente… Y ver que la madera no es usada para que una familia tenga un arcón para guardar la ropa, o unos aparejos para trabajar los campos, o una silla donde descansar, o unas vigas para sostener la casa… ¡Nada de eso! ¡La madera es utilizada para dar muerte lenta y cruel a reos! ¡Mueren sobe un madero!
¡Tú vives sobre los maderos! ¡Tú labras los maderos! ¡Tú das vida con los maderos!
¡Y los crucificados cargan con los maderos! ¡Y sus manos y pies son clavados a los maderos! ¡Y al final mueren en los maderos!
¿Cómo hubiera sido ver a tu Hijo así, querido San José? No hace falta que me respondas. Lo sé. El silencio nos envuelve en esta noche donde una vez más nuestros corazones se unen para poner la mirada en tantos jóvenes que necesitan padre, silencio y cariño. Todo lo que tú das a Jesús, tu Hijo, lo das a cada joven, pero muchos lo desprecian o ni siquiera lo ven porque van por otros caminos. Otros lo acogen todo y van adelante y ponen sus vidas ante tu Hijo tomados de tu mano. Lo sabemos muy bien. Es algo tan grande ver cómo los jóvenes rezan y abren su corazón a tu corazón de padre… ¡Y piden por aquellos que viven de otra manera! Por eso, querido San José, una noche más te presento a unos y a otros. ¡Háblales al corazón!:
Querido padre San José, susurra a esos jóvenes que estudian en la universidad y viven en colegios mayores que preparen una representación de la Pasión de tu Hijo e inviten a verla a los amigos que carecen de fe. También a los que tienen una vida cristiana como ellos, pero sobre todo a los que viven en tinieblas interiores y no son conscientes de lo que les espera si no se dejan iluminar por tu Hijo. ¡Abre sus ojos, querido San José! ¡Trabaja en tu taller, querido Carpintero! ¡Cuida de tus hijos, querido padre!
¡Hoy es tu fiesta! ¡Únelos en la cruz, querido Carpintero!