Religión en Libertad

El “profe Bati”: «Compartir entre profesores de Religión no resta, multiplica»

Ha tejido una red de docentes que se ayudan, comparten recursos y dejan de sentirse solos en el aula.

Un aula de Religión en la que los niños descubren a Jesús en comunidad.

Un aula de Religión en la que los niños descubren a Jesús en comunidad..

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El “profe Bati”, José Antonio Fernández Martín, es profesor de Religión Católica en Infantil y Primaria en Málaga, coordinador de la DECA y formador en Pedagogía y Didáctica de la ERE. Combina la experiencia directa de aula con la creación de materiales, la formación de docentes y la animación de una amplia comunidad en red a través del Blog del Profesorado de Religión y varios grupos de mensajería, donde el compartir cotidiano se ha convertido en apoyo mutuo y renovación pedagógica.

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-Tu nombre aparece asociado a muchas iniciativas en red para el profesorado de Religión. Si miras hacia atrás, ¿cómo se ha ido gestando ese camino?

-Ha sido un camino muy vinculado a la experiencia real del aula. Durante mis primeros años como docente viví algo muy común: mucha vocación y muchas ganas, pero también una gran necesidad de contar con material adecuado a las características de mi alumnado. Así surgieron distintos grupos de trabajo y, al compartir el material generado, observé que muchos docentes hacían un trabajo enorme en su aula, pero había poca conexión entre nosotros.

El punto de inflexión fue descubrir que compartir no resta, sino que multiplica. Empecé difundiendo pequeñas cosas en un blog ―una actividad, una ficha, una idea, recursos localizados en la red― y la respuesta fue inmediata. Ahí entendí que había una necesidad profunda: no solo de recursos, sino de acompañamiento profesional.

Con el tiempo, ese compartir se convirtió en algo más estructurado: formación, materiales competenciales, asesoramiento en programaciones… Pero, sobre todo, en la construcción de una red en la que el profesorado de Religión deja de sentirse solo. Si miro atrás, no veo tanto un proyecto planificado como una vocación que ha ido creciendo: cuidar al docente para que pueda cuidar mejor su aula y el aprendizaje de su alumnado.

-El "Blog del Profesorado de Religión" es hoy una referencia. ¿Qué hueco querías cubrir al abrirlo?

-El blog nace con una intención muy concreta: compartir recursos e información que sean útiles de verdad. No quería un espacio teórico o distante, sino un lugar donde cualquier profesor pudiera encontrar propuestas claras, adaptables y con sentido pedagógico.

En aquel momento había muchos recursos dispersos, pero faltaba presentarlos de forma organizada y fácilmente localizable y, a ser posible, con una mirada más didáctica: cómo llevar esos contenidos al aula de forma significativa, cómo conectarlos con la vida del alumnado, cómo evaluarlos de forma coherente.

Con los años, el blog ha evolucionado en tres grandes líneas: de recursos aislados a elencos organizados por temáticas o tipos de recursos; de lo meramente práctico a lo pedagógicamente fundamentado, incluso con situaciones de aprendizaje completas; y de un espacio individual a una comunidad que también genera y comparte contenido. Hoy intento que el blog no solo responda al “qué hago mañana en clase”, sino también al “por qué y para qué lo hago”. Ese equilibrio es clave.

-Cuando preparas materiales o entradas, ¿qué necesidades del aula tienes más presentes?

-Trabajo siempre con una imagen muy concreta: la del profesor que llega a casa con poco tiempo, cansado, pero con ganas de hacer bien su trabajo. Ese docente necesita propuestas claras, realistas y que funcionen.

Tengo muy presentes retos como la falta de motivación en el alumnado, la dificultad para conectar los contenidos religiosos con su vida cotidiana, la diversidad en el aula o la necesidad constante de nuevos recursos. Por eso intento que cada propuesta tenga tres características: que sea significativa, viable y transferible, es decir, que no dependa de condiciones ideales, sino que pueda aplicarse en contextos reales.

También me preocupa mucho que las actividades no se queden en lo superficial. La clase de Religión tiene una riqueza enorme para trabajar la interioridad, el sentido, la dimensión comunitaria… y eso hay que cuidarlo metodológicamente.

-En torno al blog han nacido grupos de mensajería para profes de Religión. ¿Cómo surgieron y cómo se cuidan?

-Los grupos surgieron casi sin buscarlos. Algunos docentes presentes en cursos de formación pidieron un espacio más directo para compartir dudas y experiencias; al mismo tiempo, otras docentes iniciaron por iniciativa propia grupos para compartir recursos, y eso generó una dinámica muy potente.

Lo interesante es que pronto dejaron de ser solo espacios de consulta para convertirse en comunidades de aprendizaje. Profesores de distintas etapas, contextos y realidades empezaron a ayudarse mutuamente. Hoy el gran reto de quienes administramos los grupos ―por seguridad somos varios― es el cuidado del espacio. Para ello mantenemos algunas claves: clima de respeto y confianza, contenidos centrados en recursos o información útil, evitar la saturación y dar espacio a quienes crean contenido para difundir su trabajo, ya sea en los grupos o a través de publicaciones en otros canales.

Cuando esto se logra, pasan cosas muy valiosas: un docente solicita un recurso y en minutos recibe varias respuestas; otro comparte una experiencia que inspira a muchos… y, poco a poco, se va generando una identidad profesional compartida.

-¿Puedes compartir algún ejemplo donde esa red haya marcado una diferencia concreta?

-Uno de los ejemplos más claros tiene que ver con el cambio de mirada en la programación y la evaluación. Recuerdo a varios docentes que llegaban con una sensación de bloqueo total ante el enfoque competencial. A través del acompañamiento ―materiales, ejemplos reales, diálogo con otros compañeros― han conseguido transformar su práctica.

Lo más importante no es solo el cambio técnico, sino el aumento de seguridad profesional. Cuando un docente entiende lo que hace, lo fundamenta y ve que funciona en su aula, cambia completamente su actitud.

También hay casos muy bonitos de trabajo cooperativo entre centros, de docentes que han creado proyectos comunes o han adaptado propuestas del blog a su realidad. Ahí es donde se ve que la red no es solo digital, sino profundamente educativa.

-Hablas mucho de programar bien y de trabajar por competencias. ¿Qué distingue una programación “cuidada” de una meramente burocrática?

-La diferencia es muy clara: una programación cuidada sirve para que el alumnado aprenda mejor; una burocrática sirve para cumplir.

Una programación cuidada parte del contexto real del alumnado, tiene coherencia interna ―objetivos, actividades y evaluación están conectados―, propone experiencias de aprendizaje significativas, integra la evaluación como parte del proceso y es flexible y revisable. En Religión, además, es clave el sentido: no basta con “hacer actividades”; hace falta un hilo conductor que ayude al alumnado a comprender, reflexionar y posicionarse. Hacer pensar al alumnado es una garantía de desarrollo competencial.

Una programación burocrática, en cambio, suele ser extensa, formalmente correcta, pero poco operativa. No orienta de verdad la práctica del aula.

-Como formador y coordinador en procesos como la DECA, ¿qué necesidades formativas ves hoy con más fuerza?

-Diría que hay tres grandes necesidades. La primera es comprender el enfoque competencial de forma práctica: no basta con conocer los términos o seguir haciendo lo de siempre porque “funciona”; hay que saber diseñar situaciones de aprendizaje reales, adaptadas a las características del alumnado.

La segunda es evaluar con sentido. Muchos docentes siguen teniendo dudas sobre cómo evaluar procesos, cómo usar instrumentos adecuados o cómo convertir la evaluación en una herramienta de aprendizaje.

La tercera es integrar la tecnología con criterio pedagógico. Especialmente ahora, con la inteligencia artificial, hay una gran oportunidad, pero también muchas incertidumbres. A estas añadiría una necesidad muy importante: sentirse acompañado en esta misión eclesial. La formación no puede ser solo técnica; también ha de ser motivadora y generar conciencia de Iglesia.

-Muchos profesores de Religión viven entre el cansancio y la pasión. ¿Qué horizonte te gustaría que les siguiera animando?

-Me gustaría ver una sociedad cada vez más consciente del valor educativo de la asignatura de Religión. La clase de Religión tiene una capacidad única para trabajar preguntas fundamentales: quién soy, qué sentido tiene la vida, cómo convivimos, qué significa amar, perdonar, esperar… En el contexto actual, esto es más necesario que nunca.

También deseo un profesorado más conectado, que comparta más, que se apoye más y que no viva su tarea en soledad. Y, por supuesto, un profesorado reconocido, no solo institucionalmente, sino también dentro de los propios centros educativos, por la calidad de su trabajo. Ahí la red de docentes y el acompañamiento mutuo seguirán siendo decisivos.

Nota

Como profesor de Religión Católica (este entrevistador), sé bien lo que significa llegar al final del día con cansancio, dudas y, al mismo tiempo, la intuición de que merece la pena seguir proponiendo a nuestros alumnos una mirada cristiana sobre la vida. Al escuchar al “profe Bati” uno reconoce que no estamos solos: hay una red de hermanos de pizarra y aula que comparten lo que son y lo que tienen, y que así mantienen viva una asignatura llamada a tocar la inteligencia, el corazón y la esperanza de muchos chicos y chicas.
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