Religión en Libertad

El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.

Hagamos la Voluntad de Dios aunque nos ignoren o desprecien

🔹San Agustín. Carta 112, 2🔹

🔹San Agustín. Carta 112, 2🔹

🔹San Agustín. Carta 112, 2🔹- NMN

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Tus acciones son preciosas, aunque desagraden al vulgo, por su propio peso y resplandor y no por la aceptación de los inexpertos. A quien reprende tales acciones, hay que compadecerle más que aquel que es reprendido por ellas y tenido por infeliz 🔹San Agustín. Carta 112, 2🔹

San Agustín hace referencia a la soberanía de la recta conciencia y la libertad del alma frente al juicio del mundo. El Señor tiene muy claro que el valor de una acción llena de Belleza, Bondad y Verdad no reside en el aplauso externo, sino en su propia "densidad" espiritual y en su fidelidad a su Voluntad.

San Agustín decía: "Mi amor es mi peso; por él soy llevado" (Confesiones). La verdadera "brillantez" de una acción no es estética, sino esencialidad en el ser. Es decir, hace que la fractura causada por el pecado original se reduzca y que estemos más cerca de Dios. Una obra hecha por amor a Dios tiene un resplandor que solo los ojos de la fe pueden percibir. Nuestra fe nos invita a vivir pensando que Dios nos ve. Dios, que ve en lo secreto.

No debemos odiar al que critica la virtud, sino compadecerlo. No debemos menospreciar los valores que se promueven en cada época de la humanidad, aunque sepamos que la virtud sobrepasa el valor de cualquier indicación que la sociedad nos aplauda. Quien reprende lo bueno es como un "ciego" espiritual. Su infelicidad no proviene de su crítica, sino de su incapacidad para reconocer la luz. A veces, proviene del miedo a la luz, porque evidencia sus carencias.

Jesús fue el ejemplo supremo. Sus acciones,la Cruz, por ejemplo, fueron "despreciables" para el vulgo y reprendidas por los "expertos" de su tiempo, pero eran el resplandor máximo de la Gloria de Dios.

Llevar esta idea al siglo XXI y, en especial, al continente digital, es un acto de resistencia espiritual frente a la dictadura de la opinión pública. Aunque lo que haga el evangelizador desagrade a la sociedad, no debe buscar ser políticamente correcto ni diluir el mensaje para evitar el rechazo. La Verdad a menudo es "impopular", sobre todo porque distorsiona los objetivos del algoritmo social cada vez más fuerte. Estas acciones tienen su propio peso y resplandor; frente a la vacuidad de lo viral, la nueva evangelización propone la solidez del Evangelio. No nos fijemos en quienes critican, menosprecian o ignoran nuestra fe. El evangelizador debe ser inmune al desprecio, al rechazo o al odio gratuito.

El éxito de una misión evangelizadora no se mide por el número de seguidores, sino por la fidelidad al mensaje que comunicamos. Ante los ataques en redes sociales, el evangelizador no responde con violencia, sino con compasión. Quien ataca la fe es alguien que aún no ha experimentado la "preciosidad" del amor de Dios; en el fondo, es alguien sediento al que han enseñado a desconfiar del agua.

En un universo de contenido líquido y efímero, las acciones coherentes del cristiano deben tener ese "peso" que, aunque no se entienda de inmediato, termine por brillar por sí mismo.

San Agustín nos da una regla de oro para no desanimarnos: la verdad no es democrática. Si algo es bueno, lo es aunque nadie lo aplauda; y si algo es malo, lo sigue siendo aunque todos lo celebren. El reto hoy es ser lo suficientemente valientes como para realizar acciones "preciosas" que el mundo tacha de "infelices". "A quien reprende tales acciones, hay que compadecerle". Esta es la clave de la caridad: el crítico no es un enemigo; es un indigente de luz.

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