Religión en Libertad

La confesión en Estados Unidos, entre la extinción y el renacer

Los contrastes son tan marcados como pasar de 475 confesiones diarias en parroquias del siglo XIX a que solo el 16% de católicos se confiesen hoy una vez al mes. 

Aunque se memoricen los pasos de la confesión, el sacerdote Ed Broom recuerda que se puede profundizar y mejorar en muchos de ellos.

Aunque se memoricen los pasos de la confesión, el sacerdote Ed Broom recuerda que se puede profundizar y mejorar en muchos de ellos.

José María Carrera Hurtado

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En los últimos meses, diversas conferencias episcopales, estudios y medios han celebrado una tendencia que parece alentadora en lo que a espiritualidad o práctica religiosa se refiere. El principal indicador son bautismos y conversiones de católicos adultos, fenómeno rodeado de un aparente resurgir espiritual entre los jóvenes. En Estados Unidos, un indicador relevante al respecto es el de la confesión, que además de encontrarse en el centro del debate público -en octubre se derogó un mandato que ordenaba violar el secreto de confesión-, ofrece datos contradictorios entre la esperanza y una caída que algunos consideran definitiva.

Entre estos últimos se encuentra el historiador del icónico Boston College, James O'Toole, que acaba de publicar For I Have Sinned: The Rise and Fall of Catholic Confession in America -Porque he pecado: El auge y la caída de la confesión católica en Estados Unidos-.

Entrevistado por Ryan Di Corpo para National Catholic Reporter, O'Toole aborda un cambio sin precedentes en la práctica de este sacramento en Estados Unidos.

Cuando la confesión era un rasgo de identidad

Muestra de ello son las impactantes cifras que reportaba la iglesia de San Francisco Javier de Nueva York, que entre julio de 1896 y junio de 1897 habría acogido hasta 475 confesiones al día.

“[Los sacerdotes] pasaban muchísimo tiempo confesando”, subraya el historiador, matizando que dichas cifras podrían verse “infladas” debido a la existencia de escuelas parroquiales con niños y alumnos que se confesaban regularmente.

Sin embargo, valora la confesión como un signo identitario de los católicos. “Escuchar confesiones era una parte central de la actividad de los sacerdotes durante todo el día”, subraya el historiador, que en su libro incide en cómo feligreses y párrocos se encontraban, aunque fuese de forma anónima, con mayor frecuencia en el confesionario.

Ese era el punto de contacto, más que la misa dominical. En la misa, el sacerdote estaba en el altar, pero en términos de encuentro personal, era en el confesionario”, reitera.

Un sistema que fomentaba la confesión

Para principios del siglo XX, la confesión regular se encontraba plenamente consolidada como una característica definitoria e identitaria del catolicismo estadounidense. Algo que, a juicio del historiador, se debe a dos razones: el fácil acceso de los fieles a la iglesia, sacerdotes y sacramentos y a la existencia de una infraestructura que llamaba activamente al sacramento.

“A medida que se implementó [la infraestructura católica], los sacerdotes pudieron exhortar cada vez más a sus feligreses a desarrollar hábitos religiosos regulares. Y los laicos dijeron: "De acuerdo, lo haremos. Eso es ser católico". A medida que esa infraestructura se expandió, los sacerdotes pudieron predicar la confesión regularmente, y los feligreses escucharon ese mensaje. Creo que, conforme los sacerdotes les decían cada vez más a sus feligreses que confesarse era parte habitual de ser católico, la demanda aumentaba”, comenta O'Toole.

Otro de los factores que confluían en la práctica frecuente y consciente de la confesión era la existencia de un sistema, una cultura que la fomentaba. Uno de los temas que aborda en su libro e investigaciones es la existencia de elementos que advertían sobre las circunstancias cotidianas que podían ser ocasión de faltas y pecados.

“Al final, supongo que por eso la gente se confesaba con tanta regularidad. Tenían una forma de analizar su propio comportamiento y juzgarlo en términos morales y éticos”, explica.

Negando la absolución: ¿Por el pecado o el arrepentimiento?

Dichas costumbres y estándares de ortodoxia, ya fuese por parte de los fieles a sí mismos, o por parte de los sacerdotes, hacían que negar la absolución por prácticas habituales y extendidas no fuese extraño por polémico que hoy resulte. Es el caso de los anticonceptivos, cuyo uso no era temido solo por el momento en cuestión, sino por su normalización.

“La preocupación de los sacerdotes que escuchaban confesiones con respecto a la anticoncepción no se limitaba a lo que consideraban prácticas pecaminosas. Se trataba de una cuestión de reincidencia”, menciona el historiador, consciente de que entonces se podía asumirse que una persona que usaba anticonceptivos, si lo confesaba, probablemente continuaría usándolos durante un tiempo”. Al ser conscientes de ello, los sacerdotes podían interpretarlo como una falta de arrepentimiento entre los fieles, aún a sabiendas de que este es un requisito para la confesión.

En este sentido, O'Toole observa que esta no era solo “la base para negar la absolución”, sino también una excusa para que, “cada vez más, tanto hombres como mujeres, dejaran de confesarlo”.

La confesión, ¿en peligro de muerte?

El historiador del Boston College confirma el declive del paso frecuente de los fieles por el confesionario, como también lo hacen los últimos estudios e informes. En el caso del instituto sociológico Pew Research Center, su último informe de junio de 2025 arroja que solo el 23% de los católicos estadounidenses se confiesa al menos una vez al año, el 30% lo hace con menos frecuencia y en torno a la mitad, un 47%, afirma no confesarse nunca.

En cuanto a los católicos que asisten a misa cada semana, tienden a confesarse con más frecuencia que aquellos que no asisten a misa semanalmente; el 53% de los asistentes semanales dicen que se confiesan al menos una vez al año.

Preguntado por este declive, cree que el significado y sentido de la confesión se encuentra alejado de la cosmovisión que rodea a las nuevas generaciones, al mismo tiempo que se ha difundido y aceptado en términos generales conceptos psicológicos modernos, como la idea de que "el comportamiento humano es más complejo". Algo que explica, por ejemplo, el mismo caso de la anticoncepción, llevando las advertencias de la Iglesia de su carácter pecaminoso a una creciente impopularidad del sacramento.

Preguntado por el presente y futuro de la confesión, el historiador no duda al menciona el peligro de muerte del sacramento “en su forma actual”: “La gente simplemente no lo practica”.

El historiador concluye mostrándose escéptico en que la confesión pueda resurgir tan solo a base de recordatorios y llamamientos por parte de la Iglesia. Según él, “no ha funcionado en los últimos 60 años y no veo nada que vaya a cambiarlo”.

"La luz está encendida"

Sin embargo, sacerdotes de Estados Unidos que se han especializado en llamamientos focalizados en el feligrés de hoy no opinan igual. Y los datos, aunque tímidamente, parecen permitir hablar de un leve incremento de la confesión en Estados Unidos.

Según las últimas encuestas de RealClear Opinion Research al respecto, el 16% de quienes se consideran católicos se confiesa al menos una vez al mes, el 23% varias veces al año, el 24% menos de una vez al año y el 18% nunca. Datos que, aunque hay quien los considera poco alentadores, reflejan un leve incremento respecto a encuestas previas como la de 2022. En esta, el 28% afirmó confesarse menos de una vez al año y el 35% no confesarse nunca y solo el 10% lo hacía mensualmente.

Dicho incremento se ha asociado a la iniciativa puesta en marcha por varias diócesis que incide precisamente en lo que O'Toole considera obsoleto, los anuncios y llamados a la confesión. Se trata de la campaña The Light Is On for You -La luz está encendida para ti-, fue iniciada por las diócesis de Washington y Arlington y está siendo replicada por algunas diócesis.

Una fórmula "simple pero exitosa": algunos pasos

Sacerdotes y párrocos como Donald Planty, párroco de la parroquia San Carlos Borromeo en Arlington, corrobora el incremento en la demanda de confesiones, que en su iglesia tienen lugar todos los miércoles por la noche. Según el párroco, estiman que han escuchado a 25.000 fieles en confesión desde 2014, a las que habría que añadir las escuchadas en los otros días de la semana. Planty, que corrobora el incremento, lo achaca a la fórmula “simple pero exitosa” de la iniciativa y la resume en una sentencia: “Si la ofreces, vendrán”.

El mismo Donald Planty o Wade Menezes, que han visto resultados de la campaña, recuerdan algunas de las claves del incremento -local y moderado- a otros sacerdotes:

Disponibilidad, accesibilidad y predicación: Los sacerdotes necesitamos estar más disponibles. Que la confesión sea más accesible y predicar sobre ella en misa. Los programas que promueven la confesión, como ['La Luz Está Encendida para Ti'], que varias diócesis han implementado, son algo maravilloso.

- Abre el confesionario, aunque estés solo: En cuanto al pastor que está solo y no tiene otros que lo ayuden, espero que se sienta obligado a dedicar más tiempo a administrar el sacramento de la reconciliación; al hacerlo, estoy seguro de que descubrirá que Dios no puede ser superado en su generosidad.

- Tranquilizar, no asustar: Tranquilizar a los fieles que acuden al confesionario, especialmente a los que han estado alejados. “'No hay pecado imperdonable. No hay pecado imperdonable. No hay pecado imperdonable'. Lo repito tres veces. No hay nada que temer, y todo por ganar [al confesarse]”, acostumbra a decir el padre Planty.

- La confesión ayuda por sí misma: El propósito principal de la confesión mensual es precisamente tener solo pecados veniales que confesar. Con suerte, quienes se confiesan mensualmente no tendrán pecados mortales que confesar, al menos no con frecuencia. En otras palabras, es la práctica de la confesión mensual, en sí misma, la que les ayuda a evitar el pecado mortal.

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