La hermana Lea y sus 200 millones de abejas en Santa Rafqa: cada colmena, alguien por quien rezar
«Mi colmenar es mi capilla al aire libre; cada colmena es un pequeño santuario que vibra con gracia», explica.

Lea Lahoud con sus colmenas en el Líbano
Lea Lahoud es una religiosa católica maronita, es decir, de rito siríaco, que cuida 200 millones de abejas en el Líbano. "Mis colmenas son mi capilla al aire libre", explica con algo de humor. Es también la tesorera del Monasterio de San José y la Tumba de Santa Rafqa, y tiene que llevar libros de cuentas y algo de papeleo.
"Desde la infancia, sentí una profunda atracción por convertirme en monja, como una llama silenciosa que nunca se apagaba", declaraba en el National Catholic Register.
En su familia era común la oración y la misa diaria, y ya de niña pensaba en la posibilidad de hacerse religiosa. Pero ella esperaba "una señal grande y evidente de Dios… preferiblemente con luces intermitentes y un toque divino en el hombro.
Esa señal tan chillona nunca llegó. "Su voz llegaba suavemente, a través de la lucha, el silencio y una paz que no me abandonaba, incluso cuando nadie más estaba de acuerdo conmigo. Y de alguna manera, ese silencio fue más fuerte que cualquier trueno", reconoció.
Madrugar, orar, papeleo
Explica su día a día entre abejas y contabilidades. "Me levanto sobre las 5 para la contemplación y la misa a las 6:30", explicó. "Si el teléfono aún no ha empezado a sonar —un milagro—, me tomo un desayuno rápido".

Lea Lahoud carga colmenas para transportarlas en Líbano
El día es ajetreado: administrar cuentas, supervisar tierras y servicios comunes, cuidar animales, transportar suministros y resolver problemas variados. “En algún punto entre el mantenimiento y la contabilidad, rezo la oración del mediodía y almuerzo... luego viene la segunda ronda de la lista divina de tareas por hacer”.
La oración de la tarde y la cena cierran la jornada comunitaria, seguidas de una oración personal en silencio. “Para entonces, mi energía está entre cero y un ‘Señor, lleva Tú el volante’”, dijo riendo. “Y entonces… me duermo como un tronco bendito”.
Las abejas hablan de Dios
Ella dice que entre las colmenas y el zumbido de las abejas encuentra a Dios. "Mi colmenar es mi capilla al aire libre; cada colmena es un pequeño santuario que vibra con gracia", explica.
Pone a cada colmena el nombre de alguien por quien reza. “Algunas son personas que ya están en el cielo; otras son queridos amigos, médicos o almas que han marcado mi camino. Mientras cuido a las abejas, las elevo en oración”.
Las abejas le hacen pensar en el orden de la Creación. "Su vida pacífica y llena de propósito es un misterio sagrado; tanto orden, cooperación y belleza en criaturas tan diminutas...”. Añade: “A menudo me recuerda a la vida monástica: la colmena es como nuestro monasterio, la reina es su superiora, y las obreras, bueno, esas somos nosotras, las monjas, siempre alegremente ocupadas”.

Lea Lahoud en las colinas del Líbano, religiosa maronita
En la escuela de Santa Rafqá
A veces recuerda a Santa Rafqá, patrona de su monasterio, que en español suele mencionarse como Santa Rebeca de Himlaya, una monja libanesa que murió en 1914 con 81 años. Ofrecía su oración por los enfermos y los niños abandonados. Sus últimos 15 años los vivió paralítica, ciega y con dolores, ofreciéndolo todo por el mundo y su país.
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Religión en Libertad
Con las guerras que están azotando el Líbano, y su gran debilidad política y económica, los cristianos (que son la mayor comunidad del país, si suman sus distintos ritos y denominaciones) tienen que aferrarse a Dios y la oración. La fe se purifica en las dificultades. En la tradición maronita se apoyan en el silencio, el ayuno, la música e integrando oración y trabajo.