Religión en Libertad

Acudid a José

La teología y el magisterio de la Iglesia son constantes en exponer las razones que justifican una intensa devoción.

'San José con el Niño Jesús' de Guido Reni (c. 1620, detalle): una escena que muestra el amor mutuo.

'San José con el Niño Jesús' de Guido Reni (c. 1620, detalle): una escena que muestra el amor mutuo.Museo Hermitage de San Petersburgo (Rusia) - Wikipedia

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Los tiempos en los que vivimos, parafraseando a León XIII, son deplorables para la religión cristiana. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; vemos a gran parte de la sociedad detentar costumbres y puntos de vista depravados y a la Iglesia de Jesucristo atacada, abiertamente por fuera y, con gran astucia por dentro. 

Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar el auxilio de Dios Todopoderoso. Y a fin de que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en nuestro auxilio, debemos invocar, con gran piedad y confianza, junto con la Santísima Virgen, a su casto esposo, el bienaventurado San José, lo cual seguramente será del mayor agrado de la Virgen misma.

San Bernardo afirmó: 

  • "De María nunca hay suficiente [De Maria numquam satis]", ya que jamás se podrá decir bastante de las extraordinarias e incomparables prerrogativas de la Madre de Dios. 

Y de José dijo: 

  • “Aquel a quien muchos profetas desearon ver y no vieron, desearon oír y no oyeron, le fue dado a José no sólo verlo y oírlo, sino llevarlo en sus brazos, guiarle los pasos y apretarlo contra su pecho. Cubrirlo de besos, alimentarlo y velar por él. Imagina qué clase de hombre fue José y cuánto valía. Imagínalo de acuerdo con el título con que Dios quiso honrarlo, que fuese llamado y tomado por padre de Dios, título que en verdad dependía del plan redentor”.

De ahí que, como señalase León XIII, podemos esperar muchísimo de su tutela y patrocinio, debido a que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús:

  • “De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la Santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que, a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro” (encíclica de León XIII Quamquam pluries sobre la devoción a San José del 15 de agosto de 1889).

Además, como explica San Agustín, José es padre del Niño Dios, no por obra de la carne, sino por la del amor:

  • “Pero el Señor no nació de la sangre de José, aunque así se pensara; sin embargo, a la piedad y caridad de José le nació de la Virgen María un hijo, Hijo a la vez de Dios”. 

Así, José no solo debe ser considerado padre, sino incluso padre en grado sumo. Porque su paternidad era tanto más sólida cuanto más casta (San Agustín, Sermón 51).

Asimismo, varios Padres y Papas de la Iglesia afirman que San José fue prefigurado por el José del Antiguo Testamento, hijo del patriarca Jacob. El José de quien, en los tiempos de la gran hambruna que asoló a Egipto y a los pueblos vecinos, el Faraón se fiaba tanto que dijo a su pueblo que clamaba por alimento: "Id a José y haced lo que él les diga" (Gén 41, 55).

San Bernardo lo expone así: 

  • “El mismo significado de su nombre, que vale tanto como aumento, manifiesta con toda evidencia quién y qué clase de hombre fue José. No se redujo a llevar el nombre del gran Patriarca vendido en Egipto, sino que atesoró su castidad, su inocencia y sus gracias. (…) El ministro del Faraón conserva los frutos recolectados no para sí, sino para el pueblo; el Esposo de María recibe en custodia el Pan vivo descendido del cielo para él y para el orbe todo. No cabe dudar que el fiel y bondadoso José con quien estuvo desposada la Madre del Salvador fue el siervo fiel y prudente a quien constituyó el Señor en consuelo de su Madre, en nutricio de su humanidad, y en el único ser fidelísimo coadjutor del gran Consejo en la tierra”.

Pues, como lo señalase el Papa Pío IX

  • "Del mismo modo que Dios constituyó al otro José, hijo del patriarca Jacob, gobernador de toda la tierra de Egipto para que asegurase al pueblo su sustento, así al llegar la plenitud de los tiempos, cuando iba a enviar a la tierra a su unigénito para la salvación del mundo, designó a este otro José, del cual el primero era un símbolo, y le constituyó señor y príncipe de su casa y de su posesión y lo eligió por custodio de sus tesoros más preciosos. La inmaculada Virgen María, de la cual por obra del Espíritu Santo nació nuestro señor Jesucristo, tenido ante los hombres por hijo de José, al que estuvo sometido" (decreto Quemadmodum Deus de proclamación de San José como Patrono de la Iglesia, 1870).

Por su parte, el Papa León XIII explicó en el lugar que hemos citado:

  • "Así como José (hijo de Jacob) fue elegido por Dios para salvar a Su pueblo, San José fue el hombre elegido por Dios para servir, como padre terrenal, al Salvador del Mundo. Y así como el primer José fue causa de la prosperidad del reino de su amo, el Faraón, a quien brindó grandes servicios, también el segundo debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse con confianza a la tutela del bienaventurado José".

Pío XI, en 1938, declaró: 

  • “La intercesión de María es la de la madre, no vemos qué es lo que su divino Hijo podría negarle a tal madre. La intercesión de José es la del esposo, la del padre putativo, la del jefe de familia; no puede dejar de ser todopoderosa, pues nada pueden negarle Jesús y María a José, que les consagró toda su vida y a quien realmente debieron los medios de su existencia terrestre”.

Por éstas, y muchas otras razones, acudamos a San José con la plena confianza de que no seremos defraudados

Y, en estos tiempos tan convulsos y confusos, oremos con León XIII

  • “Aleja de nosotros, oh padre amantísimo, toda mancha de error y corrupción. (…) Asístenos propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas (…) y, como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad. (…) Protege a cada uno de nosotros con tu incesante protección para que, imitando tu ejemplo y apoyados por tu ayuda, podamos vivir una vida buena, morir santamente y alcanzar la felicidad eterna en el Cielo. Amén".

Oración a San José (encíclica "Quamquam Pluries" de León XIII)

A ti, oh Bendito José, recurrimos en nuestras tribulaciones, y al implorar la ayuda de tu Santísima Esposa, invocamos también con confianza tu patrocinio. Por el amor que te unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios, y por el afecto paternal con que abrazaste al Niño Jesús, te suplicamos humildemente que tengas en cuenta la herencia que Jesucristo adquirió con su Sangre y que nos ayudes en nuestras necesidades, por tu poderosa intercesión.

Protege, oh providentísimo Guardián de la Sagrada Familia, a los hijos escogidos de Jesucristo; aleja de nosotros, oh amantísimo Padre, toda mancha de error y corrupción; ayúdanos benignamente desde el Cielo, oh poderoso protector, en nuestra lucha contra los poderes de las tinieblas; y así como en un tiempo rescataste al Niño Jesús de un peligro inminente para su vida, así ahora defiende a la Santa Iglesia de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad.

Protege a cada uno de nosotros con tu incesante protección para que, imitando tu ejemplo y apoyados por tu ayuda, podamos vivir una vida buena, morir santamente y alcanzar la felicidad eterna en el Cielo. Amén.

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