Jesús, 29 años, en la Iglesia por Effetá: pasó de fontanero a sacristán de la catedral de Alcalá
El joven lleva un año como sacristán en la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares (Madrid).

"Effetá fue la mecha ya para incendiar todo y ponerlo patas arriba", confiesa Jesús.
Jesús Collado tiene 29 años y vive su fe entre las parroquias de San Pedro Apóstol y de San Francisco de Asís, en Alcalá de Henares (Madrid).
Durante años, se había dedicado a la fontanería hasta que en 2025 se le presentó la oportunidad de ser sacristán en la Catedral-Magistral de Alcalá de Henares. Aceptó el trabajo y ahora lo considera todo un privilegio. La web de la diócesis cuenta su historia.
"Al Señor para mí solo"
Tras su Confirmación, en 2018, Jesús regresó a la Iglesia gracias a un sacerdote y a un retiro Effetá. "Mi familia es muy creyente, de iglesia de todos los días. Mis raíces vienen de creencia ortodoxa, pero desde pequeño mis padres me han inculcado la fe católica, desde que vine. También he de decir que he tenido la ventaja de que mi madre ha sido catequista, con lo que desde pequeño ha estado dándome una catequesis de vida en la fe cristiana".
Sobre su actual trabajo, comenta: "El trabajo que tengo es un privilegio, porque es tener los 365 días del año al Señor para mí solo. Por una parte me siento un poquito egoísta, porque le digo: 'es que es solamente para mí'".

Para Jesús, la labor más importante de un sacristán es preparar bien las cosas para la liturgia.
Cuando le preguntan cómo puede hacer su trabajo "más cristiano", lo tiene claro: "Pues a la persona que viene a pedir alguna Misa, algún servicio parroquial, atenderle con dulzura; preguntarle a los feligreses qué tal están, si llevan algún tiempo sin venir interesarte un poco por ellos, por si han estado malos…; si han estado malos, cómo están ahora… Interesarte por ellos".
"Luego, a la hora de preparar las cosas. Es verdad que el sacristán, junto con los sacerdotes, están muy expuestos, muy visibles en una parroquia, en este caso en la Catedral, y muchas veces nuestros gestos, nuestra forma de hablar… La gente nos ve, con lo que tenemos mucho cuidado con los gestos", añade.
Para Jesús, la labor más importante de un sacristán es preparar bien las cosas para la liturgia. "Por mi parte, que tengo que preparar la Eucaristía, pues cada detalle lo cuido para que sea un momento especial, porque al final es el momento en el que el Señor se hace presente. Todos los detalles tenerlos muy bien cuidados, para que la gente se sienta cómoda y vea la dulzura… cómo se preparan todas las cosas…", comenta.
El joven cuenta cómo ha sido su camino personal de fe: "Aunque yo he sido siempre cristiano siempre ha habido algún bache en el camino. Cuando me confirmé en el 2018 tuve una pequeña crisis y me aparté un poquito de la Iglesia. Seguía participando de ella, pero más desganado".
"Tuve la suerte de que coincidía varias veces por la calle con don Fermín, párroco de san Pedro Apóstol en la Catedral, y empezó a intentar engancharme al grupo de jóvenes. Y por ahí, con un poco de miedo, empecé a acercarme otra vez a la Iglesia. Cuando empecé a venir al grupo de jóvenes de la Catedral fue el aniversario de la consagración de España al Corazón de Jesús, y se hizo una peregrinación al Cerro de los Ángeles. Y esa fue mi primera unión más cercana, a nivel parroquial, al Señor".
Y, la clave para volver a la Iglesia fue un retiro. "Un tiempo más tarde me ofrecieron la oportunidad de hacer un retiro de Effetá. Y ahí fue como la mecha ya para incendiar todo y ponerlo patas arriba. Ese retiro me vino muy bien para poder terminar de solidificar bien la base. Y desde entonces voy para arriba sin tener muchas recaídas".
Jesús defiende que su trabajo es un privilegio. "Aparte de tener todos los días casi media hora de oración con el Señor a solas hasta que abro la Catedral y luego la Eucaristía… por las tardes, que es el tiempo que estoy fuera de la Catedral como tal, los días que hay oración de jóvenes participo de la oración de jóvenes, si puedo. Si no, rezo en mi cuarto o leo algún libro relacionado con algún santo, o meditaciones. Por ejemplo, ahora estoy leyendo las meditaciones de Benedicto XVI. Rezo el Rosario, rezo la Liturgia de las Horas, si no es solo es con la comunidad, si no con mi padre; participo de la oración y la Eucaristía…".
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"La decisión por una parte fue rápida, porque trabajar para el Señor no está pagado; es un trabajo que no puedes rechazar. Pero luego, por otra parte, tenía un poco de inseguridad porque tenía un trabajo fijo y el decir que no a ese trabajo para coger otro me sabía un poco mal. Era abandonar un sitio para irme a otro, aunque las condiciones eran mucho mejores en la Catedral".