Martes, 28 de septiembre de 2021

Religión en Libertad

Santa Ebba, la fracasada.

Cuando las buenas intenciones no bastan para gobernar. Ejemplo, pero con autoridad.

Ramón Rabre

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Santa Ebba "la anciana".
Santa Ebba "la anciana".

Santa Ebba de Coldingham, “la anciana”, abadesa. 23 de agosto.

Fue hija de Ethelfried “el Devastador”, hermana de San Osvaldo (5 de agosto) y Oswy de Bernicy, y tía de San Oswin mártir (20 de agosto). Su padre fue asesinado por su cuñado San Edwin (12 de octubre) en 616, y su hermano Oswy la prometió con un príncipe escocés, pero Ebba había hecho un voto de virginidad, por lo que se opuso con firmeza al matrimonio. A espaldas de su hermano tomó el velo de religiosa de manos de San Finan de Lindisfarne (17 de febrero). Ante esto, Oswy no pudo hacer nada, por lo que le regaló unas tierras en las orillas del río Derwent, donde la joven fundó su primer monasterio, llamado con el tiempo “Ebbchester” o sea, “casa de Ebba”, cuyas ruinas en las que hay una capilla, aún pueden verse. Pero su gran monasterio y campo de acción fue Coldingham, aunque no se sepa el porqué del cambio. La leyenda dice que su escocés pretendiente la persiguió y ella, junto a sus monjas, huyó a esta localización. El mar la protegió rodeando el sitio y retrasando al príncipe durante tres días, en los que las religiosas llegaron a la cima de un promontorio que miraba al océano. Luego que el mar se retirase, Ebba elevó una oración y dos fuentes milagrosas surgieron de las piedras, una en la cima para las monjas y la otra en la base, para los habitantes y peregrinos. Esto dice la leyenda, pero los historiadores concluyen o que el cambio se debió a la excelente situación del sitio o que simplemente la primera fundación es legendaria.

Allí fundó Ebba un monasterio al estilo del de Santa Hilda de Whitby (17 de noviembre), es decir, mixto, de hombres y mujeres separados entre sí, que compartían la iglesia. Cada comunidad tenía su prior y priora, y una abadesa las gobernaba a ambas. Santa Etheldreda de Ely (23 de junio y 17 de octubre) y San Cuthbert de Lindsfarne (20 de marzo y 4 de septiembre, traslación de las reliquias) fueron discípulos de Ebba, aunque el segundo lo más claro que sacó fue lo pernicioso del trato cercano con mujeres, que llama “plaga” a la sociedad de monjas y monjes. Y que "la belleza de las vírgenes atraían a los hombres, inquietaba su ser, y terminaban poseyéndolas". En 30 años, y bajo el mandato de Ebba, la relajación de costumbres se hizo dueña del monasterio, y la santa fue advertida por uno de sus sacerdotes, San Adamnan (21 de septiembre), que había sido un gran pecador en su juventud, y para dedicarse a la contemplación y la penitencia, se había retirado en Coldingham. Era muy penitente, ayunando tres y cuatro días a la semana. Siempre oraba de pie, salvo los domingos. En fin, que un día en que estaba paseando junto a Ebba, contemplaban la bella iglesia, los edificios, los jardines, y le dijo: "Todo lo que usted ve aquí, abadesa, tan hermoso y grande, pronto se convertirá en cenizas. Se me han revelado los males que ocurren en esta casa, y el castigo que está preparado para ella. Solo en tu celda y tu cama se guarda la regla. Todos los hombres y las mujeres están dormidos al bien, y despiertos al mal. En lugar de orar y leer en sus celdas, organizan comilonas en ellas, reuniones con músicas, cantares. Tus vírgenes, en lugar de meditar sobre las cosas divinas, tejen prendas finas para ellas mismas o para sus amantes. Por lo tanto una pesada venganza del cielo se prepara contra esta casa y sus habitantes”. "¿Por qué no me lo dijiste antes?" -preguntó Ebba sorprendida - "Temía hacerlo por no molestaros" – respondió Adamnan -"Pero tened este consuelo: la destrucción de esta casa no se llevará a cabo en sus días".

Ebba comunicó a ambas comunidades las revelaciones y el castigo que vendría sobre el monasterio si no había enmienda, y durante un tiempo, mientras ella vivió, la vida monástica se enmendó y florecieron las virtudes y el monasterio ganó prestigio. Pero por poco tiempo, pues al morir Ebba, el 23 de agosto, entre 679 y 683, la relajación volvió al monasterio con indignación y sorpresa de todo el país. Los escándalos de Coldingham indican la incapacidad de su abadesa, una santa mujer, pero no dotada para el gobierno. Como concluye, Alban Butler “no era una Hilda, capaz gobernar una institución y a sus miembros”. Y el castigo aunciado llegó en 683, cuando el monasterio fue arrasado por el fuego, que destruyó los edificios y acabó con la vida de casi toda la comunidad.


Fuentes:
-http://www.stebba-coldinghampriory.org.uk
-"Vidas de los Santos". Alban Butler. REV. S. BARING-GOULD. 1916.

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