Religión en Libertad

«Una vez que se comprende la estrategia del mal personalizada, es más fácil ver cómo ataca»

Se habla mucho de la batalla espiritual pero, ¿cuáles son sus fases? ¿Cómo se libra? 4 claves

Discernir, percibir, protegerse... Son claves de toda batalla, también espiritual.

Discernir, percibir, protegerse... Son claves de toda batalla, también espiritual.

José María Carrera Hurtado
Publicado por
J.M.C.

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¿Y si educación, fe y disciplina espiritual pudiesen combinarse para preparar un plan de acción diario y cotidiano frente a la tentación? La idea y especialmente la respuesta, desarrollada por la tradición y los santos durante siglos, ha sido actualizada por la especialista en educación, crianza y desarrollo de la identidad, Mary Ruth Hackett.

Esposa y madre de cuatro hijos residente en Arizona, la escritora y autora acaba de publicar «Discernment of Spirits for Beginners: Learning to Hear God and Defeat the Lies of the Enemy» (Discernimiento de espíritus para principiantes: Aprender a escuchar a Dios y vencer las mentiras del enemigo). Un libro y mensaje que ha presentado en Catholic Exchange, resumiendo en tres pasos una eficaz propuesta para protegerse de ataques sutiles del maligno.

"Discernimiento de espíritus para principiantes. Aprender a escuchar a Dios y vencer las mentiras del enemigo", de Dan Burke y Mary Ruth Hackett.

Ser consciente del entorno espiritual

Rememorando su experiencia en defensa personal, Hackett lo compara con el combate espiritual, recordando la importancia de tener la información adecuada para idear la estrategia. Quienes se comportan como una presa fácil, dice, acaban convirtiéndose precisamente en una presa fácil.

Por ello, considera que la clave para no ser víctima también en el terreno espiritual resude en “cultivar la consciencia”.

“Tener consciencia espiritual requiere estar en comunión con nuestro Dios y que permanezcamos conectados con Él mediante la oración diaria. Necesitamos cultivar una consciencia tanto externa como interna: lo que sucede a nuestro alrededor y dentro de nosotros a lo largo del día”, escribe.

Así, dominando la técnica de “prevenir, detectar y defenderse”, será posible fortalecer las defensas contra ataques espirituales. Algo especialmente útil frente a un tentador que busca personalizar sus tentaciones para cada uno de nosotros pero que tiene una debilidad, y es no ser creativo.

“Una vez que se comprende su estrategia personal, es más fácil ver cómo ataca”, alienta Hackett.

Prevenir

Para ello, considera que la mejor defensa contra un ataque espiritual consiste en algo tan sencillo como evitar el peligro.

“Si aprendemos a alejarnos de las cosas y comportamientos que atraen problemas, podemos reducir la probabilidad de ser sorprendidos”, subraya. Algo especialmente oportuno en una sociedad en la que prácticas como la ouija o el tarot están al alza y donde contenidos demoníacos son prácticamente de acceso público. “La cultura está confundiendo el bien con el mal, y la fantasía con la realidad. La proliferación del ocultismo en la sociedad cotidiana exige un firme rechazo a todo lo que no sea bueno, verdadero y bello”, menciona.

Sin embargo, Hackett invita a no conformarse con evitar el problema y a emprender una búsqueda activa de la virtud.

“Evitar las puertas [de entrada] demoníacas es mucho más fácil que buscar activamente crecer en la virtud, pero ambas son importantes”; recuerda. “No basta simplemente con alejarse de las cosas malas. En su lugar, busca el bien y esfuérzate por cultivarlo en tu interior, para que puedas resistir las tentaciones de pecar que surgen a diario”.

Para ello, considera crucial la puesta en práctica de un examen de conciencia y de sincerarse a la hora de reconocer los momentos y dificultades con que se lucha. Un reconocimiento que no va tan ligado a la autocrítica como a la gratitud.

“Agradece al Señor por mostrarte las áreas en las que has tenido dificultades y pídele perdón. No podemos amar a Dios ni a los demás sin su gracia y ayuda. Necesitamos su ayuda para amar. Necesitamos su ayuda para levantarnos cuando caemos. Asegúrate de expresar gratitud siempre que reconozcas que te está ayudando en este camino al cielo”, agrega.

Como último paso de la prevención, recuerda la importancia de tener claro lo que se debe y necesita cambiar: “Pídele al Espíritu Santo que te dé sabiduría y guía para el día siguiente. Si la situación o circunstancia te ha llevado a pecar, incluso con un pecado venial, confiesa tus pecados. Permanecer libre de pecado y en estado de gracia te hará más receptivo para poder recibir la gracia celestial”.

Detectar

Que los males y peligros sean conocidos, advertidos y prevenidos no implica que estemos a salvo de todo ataque espiritual.

Consciente de ello, Hackett propone buscar el siguiente paso, el de cultivar la capacidad de reconocer el ataque cuando está teniendo lugar. Y para ello, el examen de conciencia vuelve a ser crucial, pues “si revisas tus debilidades, sabrás cuándo y cómo eres más vulnerable a un ataque espiritual”.

Otra de las prácticas más recomendables y habituales de cara a la detección del peligro o problema según la escritora es la de compartir los peligros y batallas con un amigo, persona cercana o director espiritual de sólida formación.

“Todos nos enfrentamos a situaciones difíciles en las que nos cuesta actuar con virtud, nos sentimos tentados por un vicio o nos confundimos sobre qué hacer. Compartir nuestras luchas con un hermano o hermana en Cristo de confianza puede ayudarnos a comprender mejor la situación y a discernir si la lucha es de índole espiritual”.

Protegerse

Solo una vez se haya prevenido, identificado y discernido la lucha de índole espiritual, la escritora llama en primer lugar a pedir la protección del Señor mediante un sencillo acto u oración de renuncia al pecado o al peligro.

Se trata de un grito de auxilio que la escritora llama a dirigir con confianza en cada ataque, pues el diablo y sus demonios ya han perdido y el Señor obtuvo la victoria, ahora Dios nos llama a ser parte de su ejército para luchar contra el mal.

“Somos la Iglesia Militante”, concluye, “así que estad atentos, vigilantes y preparados. Haced vuestros ofrecimientos cada mañana, dedicad tiempo al Señor cada día en oración mental y terminad el día con un examen de conciencia. Invocad a la Santísima Virgen y a vuestro ángel de la guarda para que os protejan y reconoced que el Señor ya ha vencido. Mantened vuestros ojos fijos en Él y caminad confiados en su luz y protección”. 

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