Domingo, 21 de abril de 2019

Religión en Libertad

María Margarita nunca se sintió sola gracias a ella

Agobiada por la esclerosis múltiple y un cáncer, la Virgen le tendía la mano de formas sorprendentes

María Margarita nunca se sintió sola: la Virgen siempre aparecía de alguna forma cuando llegaban las malas noticias.
María Margarita nunca se sintió sola: la Virgen siempre aparecía de alguna forma cuando llegaban las malas noticias.

ReL

María Margarita Cuellar sabe con certeza que la Virgen la esperaba para acompañarla en una situación muy complicada en su vida. Ni enferma de cáncer ni con esclerosis múltiple se sintió sola sino que desde el principio María fue su compañera y su Madre.

Padecía un cáncer y además esclerosis múltiple, pero María Margarita Cuéllar nunca se sintió sola. La Virgen la esperaba para acompañarla en una situación tan complicada, como relata ella mima a Portaluz. Esta abogada y madre de cuatro hijos recuerda que desde niña sus padres la educaron en la fe. Siendo ya una mujer adulta, su confesor -el ya fallecido sacerdote jesuita Tomás Lombo Bonilla- le aconsejó prácticas de devoción cotidiana a la Virgen María.

Sin embargo, en aquel momento no hizo demasiado caso a esta recomendación. Ella lo dejó estar, hasta que en una misa celebrada por los Caballeros de la Virgen en la Catedral Mayor de Bogotá (Colombia), el 13 de mayo de 2009, tuvo una moción interna: “Sentí las ganas de seguir a la madre de Dios y pensé que sí me gustaría ser más devota de la Virgen María”, confidencia.

El mensaje de la Virgen

Dos días después una amiga le comentó de un sueño que había tenido, en el cual la Virgen le enviaba un mensaje: “Dile a Margarita que no se preocupe, que su vida la tengo cubierta con mi manto”.

Transcurridos un par de meses Margarita acudió al médico por un dolor en su mano derecha. Le diagnosticaron esclerosis múltiple. En ese momento -dice- cuando el miedo amenazaba, recordó los consejos de su confesor, la misa en la catedral y lo soñado por su amiga; comprendió -agrega- que aquel sueño “era un mensaje que la Virgen me estaba mandando”, para enfrentar con fe la enfermedad.

Ante el Sagrario, Margarita pidió la gracia de aceptar la voluntad.  De este modo, buscando agradar a Dios, se le ocurrió invitar a rezar el rosario en su casa a personas del trabajo, amigos y miembros de su familia. Al finalizar, la persona que dirigía el rezo -que era el padre de uno de los compañeros de colegio de sus hijos- se acercó a ella y le dijo en confidencia: “La Virgen de Medjugorje estuvo aquí hoy”.  Margarita no conocía en ese momento nada de esta advocación.

"Os protejo con mi manto"

“En cuanto partieron de casa los invitados al rezo del Rosario, me fui al computador -ni siquiera sabía cómo escribir Medjugorje- y empecé a buscar”. Pocos días después fue a la librería que está detrás de la Catedral Mayor para ver si tenían algún libro. De camino al lugar se quedó perpleja, pues “la vitrina de una tienda tenía pegada una estampa de la Virgen de Medjugorje con la leyenda: 'Hijos míos os protejo con mi manto'”.

Llegada a la librería se llevó dos libros y nada más abrir uno de ellos comenzó a leer el testimonio de una curación milagrosa mediada por la Virgen, a una mujer que padecía esclerosis múltiple. Margarita no pudo evitar creer que era privilegiada por abundantes signos del amor de Dios y de la Virgen...  “Tú sabrás qué harás conmigo y por qué lo quieres”

Por ello ha enfrentado la enfermedad -comenta- también como una oportunidad de conversión; de ofrecer, reparar y así amar más a Jesús. “Aprendí a enamorarme del Sagrario”, destaca.

Aferrada a su fe enfrentó luego, hace dos años, el diagnóstico de una nueva enfermedad: cáncer de pulmón. María Margarita se estremeció y al mismo tiempo que pensaba en sus cuatro hijos, en su esposo, tuvo la certeza de no estar sola. Nada había que temer: “la Virgen sí que me tiene cogida de la mano porque si no fuera por ella pues yo me hubiera desbaratado. Son dos noticias muy impactantes… yo empecé a orar y le dije a Dios 'hágase tu voluntad, tu sabrás qué quieres conmigo y por qué lo quieres'. Eso lo tengo claro”.

Margarita tenía que comenzar la quimioterapia indicada por los médicos y por ello fue ingresada en el hospital. Una de las doctoras al recibirla le sugirió que cuando tuviera un espacio de tiempo no dejase de subir a la terraza del edificio, pues era “agradable” contemplar la ciudad desde allí.

Medjugorje recibe cada año a decenas de miles de peregrinos.

Así lo hizo acompañada de su familia y fue de nuevo sorprendida, pues “apenas entré a la terraza estaba la Virgen de Medjugorje, una estatua de mi tamaño”. Recuerda que sus hijos le acercaron una silla para sentarse frente a la imagen...  “La miré y sentí que me decía... no me preocupe pues ella es mi mamá y está conmigo, sin importar la noticia que me den. Me emocioné mucho”.

La Virgen, presente en todo momento

Ese mismo día, tras aplicarle la quimioterapia, sus signos vitales cayeron abruptamente y un electrocardiograma pronto reveló “que estaba teniendo un infarto porque el corazón no podía bombear, al estar rodeado de un líquido que no le permitía moverse”, señala.  Mientras la preparaban para una maniobra quirúrgica que drenaría ese líquido, fue nuevamente confortada por Dios.

Sin mucha conciencia entonces, María Margarita recuerda haberle preguntado al médico que estaba a su lado, si alguna vez había subido a la terraza y visto allí la imagen de la Virgen de Medjugorje. Por toda respuesta el doctor sacó de su bolsillo una estampita de la Reina de la Paz diciéndole: “A propósito, Ella le envió esto”.

Hoy María Margarita no duda en afirmar a Portaluz que todas estas vivencias de intimidad espiritual “no son coincidencias, sino que la Virgen de Medjugorje me busca y me protege y no me abandona, esa es la tranquilidad que tengo”.

“El sufrimiento y la enfermedad -agrega como reflexión final- es una forma de redención, de ayudar a Jesús a salvar almas; que con este dolor te pueda ayudar a ti, para que con mi dolor pueda salvar a alguien… Nada pasa en nuestra vida que no sea para nuestro bien mayor; lo que Dios permite, lo permite para nuestra salvación, aunque nosotros no lo comprendamos… Estamos llamados a aceptar la voluntad de Dios”.

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