Domingo, 05 de julio de 2020

Religión en Libertad

El padre Amadou Kizito Togo es párroco en Mali, en una zona de constantes conflictos

Hijo de un imán musulmán y ahora sacerdote católico: leyó que «Dios es bueno» y quiso ser cristiano

El padre Amadou en una de las escasas fotografías disponibles de este sacerdote.
El padre Amadou en una de las escasas fotografías disponibles de este sacerdote.

J.Lozano / ReL

Amadou Kizito Togo es un sacerdote de Mali, pero en este país en el que los ataques yihadistas golpean al país y provocan fuertes tensiones étnicas este párroco es ante todo un símbolo. Pero no sólo por sus palabras u obras sino por su propia historia y vida.

Este sacerdote y párroco de la catedral de Mopti era musulmán e hijo de un imán. Conoció a Cristo siendo adolescente gracias al folleto del hijo de un pastor protestante pero fue en la Iglesia Católica donde vio que estaba en su casa. Y una vez en el hogar sintió esta vocación al sacerdocio, un hecho complicado para él al provenir de una familia especialmente musulmana.

Un país con conflictos constantes

Este religioso cuenta en una entrevista con La Croix la historia de su vida y también el riesgo que corre su vida casi a diario. De hecho, cuando se realizó la entrevista contaba que un grupo de yihadistas habían quemado varios bares cercanos a la iglesia y amenazaron con quemar también la iglesia.

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Todavía recuerda la violencia que se vivió el pasado año en la ciudad en la que es sacerdote entre fulanis musulmanes y los dogones, seguidores de religiones tradicionales. En marzo los segundos atacaron a los primeros en la ciudad dejando 160 muertos. Poco después en una aldea de mayoría católica cercana a Mopti hombres armados mataron a 35 personas, 24 de ellas niños.

Hijo de un imán musulmán

Amadou Kizito Togo nació en 1967 como musulmán y fue bautizado siendo adolescente. Se crió junto a su familia en una localidad llamada Satèm, a 150 kilómetros de Mopti. Pero todo este proceso comenzó cuando siendo un niño tuvo que dejar a su familia para ir a vivir a otra ciudad para poder ir a la escuela.

Allí vivió con unos tíos suyos que se habían convertido al catolicismo, incluso el marido era catequista. “No creo que este aspecto influyera en mi conversión al cristianismo”, explica el ahora sacerdote.

Pero sí tuvo que ver más su experiencia en el colegio en el que convivían cristianos y musulmanes. “En la escuela los musulmanes estaban exentos del Catecismo, pero yo quería asistir porque me interesaba”, relata él.

El librito del hijo de un pastor protestante

Amadou confiesa que “el factor decisivo en mi conversión fue que uno de mis compañeros me ofreció un pequeño librito que contenía el Evangelio de San Lucas. Se llamaba Manasehh Gana y era hijo de un pastor protestante. El libro decía que Dios es bueno y poderoso, y eso me convenció”.

Ahí empezó a conocer el cristianismo, pero precisamente esta sed de conocimiento de Cristo le fue acercando al catolicismo hasta que finalmente pidió ser bautizado siendo tan sólo uno adolescente. Amadou Togo fue bautizado bajo el nombre de Kizito.

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Su bautizo y la confesión a su padre

Pero en este punto se abría otro frente en su vida pues su padre era un imán musulmán. De hecho, no estuvo presente en el bautismo. “Me bauticé el 25 de mayo, y no sabía cómo abordar el tema con él. Pero sé que él lo sabía”, recuerda.

Un día de manera sutil su padre le dio la oportunidad para que pudiera hablar de su conversión. “Un día me dijo: ‘normalmente los cristianos rezan y hacen la señal de la cruz antes de comer, pero algunos cristianos no lo hacen y no rezan. Entendí el reproche tácito. En la siguiente comida hice la señal de la cruz y recé. No me dijo nada más”.

La relación entre el padre, imán, y su hijo sobre cuestiones religiosas siempre ha funcionado de esta manera, con aprobación en la práctica pero nunca con mensajes frontales. Y lo mismo ocurrió cuando Amadou sintió la llamada para ser sacerdote.

La llamada al sacerdocio

Cuando su padre se enteró de que Amadou quería ser sacerdote tampoco se opuso. Pero sí le dijo una cosa muy clara: “No me gusta la vergüenza”. La traducción es que el futuro seminarista debía tomarse muy en serio su vocación pues dejar el seminario estaba mal visto para él.

Este sacerdote asegura que la inquietud vocacional le vino a la vez que su bautismo, y gracias a ello pudo ingresar primero en el seminario menor. Años más tarde, en 1993, era ordenado sacerdote y enviado a la misión a distintas localidades apartadas de la diócesis de Mopti,.

De 2001 a 2004 su obispo le envió a estudiar a Roma donde obtuvo una licenciatura en Historia de la Iglesia.  Al regresar a Mali enseñó durante cuatro años. En 2008 fue enviado nuevamente a Roma donde se doctoró. Así, entre 2011 y 2017 fue rector del seminario diocesano y posteriormente párroco de la catedral.

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