Iba para monja budista, hasta que clamó ante un «hombre de tamaño real, con clavos en las manos»
Laura, conocida en redes como @lebelauved, es ilustradora y de origen vietnamita

"Era un hombre de tamaño real, con clavos en las manos… me dio miedo", confiesa Laura.
La historia de fe de Laura —conocida en redes como lebelauved— no comenzó en una iglesia, sino en un hogar vietnamita profundamente budista. Desde la fe cuenta su historia.
Desde niña creyó que la plenitud espiritual se alcanzaba siguiendo las enseñanzas de Buda, hasta el punto de imaginarse algún día como monja budista. Sin embargo, la vida la condujo por un camino inesperado, marcado primero por el sufrimiento y después por un encuentro que transformaría su vida.
Pero, antes de descubrir el cristianismo, su mundo se vino abajo. La pérdida del trabajo de su padre, las tensiones familiares y la ruptura de los lazos afectivos la arrastraron a una etapa de profunda oscuridad interior.
Así comenzó su conversión
Años de soledad, hospitalizaciones psiquiátricas, pensamientos suicidas y una sensación constante de no pertenecer a ningún lugar marcaron su juventud. "Sentía que no había lugar para mí en el mundo", recuerda hoy Laura.
En medio de ese vacío existencial, algo comenzó a inquietarla. No sabía qué buscaba, pero intuía que faltaba una pieza esencial en su vida. Fue entonces cuando un familiar católico la invitó a Misa. Aceptó casi sin saber por qué.
Aquel primer contacto con una iglesia la desconcertó profundamente, sobre todo la imagen de Cristo crucificado. "Era un hombre de tamaño real, con clavos en las manos… me dio miedo", confiesa. Junto al temor surgieron preguntas nuevas, una curiosidad que no esperaba y que, con el tiempo, reconocería como el inicio de la acción de Dios en su vida.
Sin conocer aún a quién se dirigía, lanzó una súplica desesperada: "Dios, no te conozco. No sé si eres real, pero mi familia se está cayendo a pedazos. Ayúdame". Esa oración sencilla abrió una grieta por la que comenzó a entrar la luz.
En la adoración eucarística experimentó por primera vez una presencia viva, cercana, que la consolaba sin palabras. Aunque seguía luchando con heridas profundas, adicciones y recaídas, empezó a sentir que Jesús se convertía en un compañero fiel en medio del caos.
El momento decisivo llegó tras un retiro con monjas budistas. Allí comprendió con claridad que ese camino no era el suyo. "Pertenezco a Dios", se dijo. Con esa certeza inició su preparación para entrar en la Iglesia católica.
Pero, no fue un proceso tranquilo: vivió noches de miedo, tentaciones de abandonar y batallas interiores que casi la hicieron retroceder. Aun así, perseveró sostenida por la oración y por la convicción de que Dios no la dejaría sola.
'Pertenezco a Dios', se dijo. Con esa certeza inició su preparación para entrar en la Iglesia católica
La Vigilia Pascual de 2018 marcó un punto de inflexión. Ese día recibió el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Laura describe aquel momento como el inicio de una paz nueva, profunda, que comenzó a sanar lo que parecía imposible de reparar. "Solo Dios podía restaurar un corazón que estaba más allá de toda reparación humana", afirma.
Sin embargo, la conversión no eliminó las dificultades. Laura tuvo que afrontar incomprensiones, nuevas caídas y una lucha constante por aceptar su fragilidad. Con el tiempo comprendió que la fe no exige perfección, sino confianza; que el sufrimiento no desaparece, pero adquiere un sentido distinto cuando se vive con Dios.
Durante mucho tiempo creyó que debía convertirse en alguien extraordinario para dar gloria a Dios. Hoy piensa lo contrario: "No tengo que ser grande ni importante. Puedo empezar ahora, tal como soy".
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Desde esa certeza, desea poner sus talentos —especialmente la ilustración— al servicio de quienes se sienten rotos, indignos o perdidos, recordándoles que la misericordia de Dios alcanza incluso los lugares más oscuros del ser.
Su testimonio, compartido en redes sociales, se ha convertido en todo un faro para muchos jóvenes que atraviesan crisis similares. Laura no pretende presentarse como ejemplo de perfección, sino como alguien que encontró esperanza cuando todo parecía perdido. Y su mensaje es sencillo: incluso en la noche más profunda, Dios puede abrir un camino hacia la vida.