Religión en Libertad

María Calvo: «La niña se hace mujer por naturaleza, el niño se hace hombre más por modelo paterno»

Madre de cuatro hijos, es autora de varios libros sobre educación y modelos de crecimiento infantil.

María Calvo Charro ofrece una visión muy realista y profunda del impacto de padre y madre sobre los hijos.

María Calvo Charro ofrece una visión muy realista y profunda del impacto de padre y madre sobre los hijos.Aladetres (captura)

Carmelo López-Arias
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María Calvo Charro es profesora de Derecho en la Universidad Carlos III de Madrid, madre de cuatro hijos y una profunda experta en el papel familiar y social de la mujer, al que ha dedicado varias obras, entre ellas La mujer femenina (Rialp), Paternidad robada (Almuzara), Padres destronados (Toro Mítico), Orgullo de madre (Rialp) o Padre y madre en la sociedad woke (Rialp).

Precisamente lo que hemos querido plantearle en esta conversación tiene mucho que ver con lo que expresan los títulos de los libros mencionados. Porque casi nadie se atreve hoy día a plantear algunas de las causas de las crecienes rupturas familiares e incluso de la imposibilidad para algunos de constituir una familia.

Por ahí empezamos...

-¿Hay un factor diferencial en lo que significa un padre para un hijo y para una hija?

-La diferencia esencial y básica tiene ver con la identidad femenina y masculina. La niña se hace mujer por la propia naturaleza, y se trata de un proceso innegable e irreversible, un cambio que se produce con total independencia de la voluntad de la niña, que escapa a su control y que produce una desvinculación definitiva del mundo infantil. El paso de la niña a la pubertad, cuando su cuerpo cambia y es capaz de generar vida, produce el insoslayable paso de niña a mujer: la mujer se hace. 

La autora analiza en este libro cómo destruye la ideología contemporánea el papel del padre y de la madre.

La autora analiza en este libro cómo destruye la ideología contemporánea el papel del padre y de la madre.Rialp

-¿En el caso del niño no es tan natural?

-El niño necesita de un esfuerzo de la voluntad, necesita de un modelo, que es su padre, para transformarse en hombre. Se hace hombre más por modelo paterno. El niño es varón, porque el sexo es constitutivo de la persona e impregna cada una de las células de su cuerpo, pero para pasar a ser hombre necesita que se realice un proceso de iniciación masculina, preferentemente de la mano de su padre.

-¿Hoy eso falla? ¿Por la abundancia de divorcios y rupturas, por ejemplo?

-Es un fenómeno que actualmente se está produciendo mucho, que es el de la ausencia paterna. Cuando el padre no está, a ese pequeño varón le cuesta encontrarse a sí mismo. A partir de los 5 o 6 años es posible que no haya tenido ocasión de participar en ese ritual de iniciación en las profundas estructuras de la hombría

-¿Qué pasa entonces?

-Queda expuesto a quedar estancado en periodos psíquicos propios de la infancia, que se caracterizan por la preeminencia de lo femenino maternal. Y por eso nos encontramos con muchos niños en cuerpos de adultos que no actúan como hombres porque nadie les ha enseñado cómo serlo. Es uno de los empobrecimientos más trágicos de la civilización de este siglo.

-¿Qué puede hacer quien no  encuentra ese modelo?

-Si no lo encuentra, los va a buscar en páginas web, en bandas callejeras, donde no se le va a ofrecer un rito iniciático sano sino pseudorritos que le van a conducir a una virilidad más agresiva y deforme y perversa que la propia virilidad, que consiste en el autocontrol, en el autodominio de las pasiones.

-¿Hay mucha diferencia entre hijos e hijas?

-Tenemos que tener en cuenta que tanto el niño como la niña, cuando son muy chiquititos, crecen en un ambiente preferentemente femenino-maternal. Y eso es bueno, se les da el apego, la didáctica del cuidado, la comunicación, la importancia de los sentimientos, de la intimidad, que es un mundo muy femenino. Pero si este mundo tan femenino es muy bueno para la niña en cualquier momento, para el varón llega un momento en el que es esclerotizante. El varón necesita un proceso educativo, cultural, simbólico de la mano del padre para desvincularse de un mundo femenino maternal al que está fusionado y comenzar una andadura de la infancia a la hombría.

-¿La hija no?

-El papel del padre es muy distinto para la niña que para el niño.

»Para la niña, siempre va a ser su primer amor, y además va a ser el filtro a través del cual ella va a aprender la masculinidad. Si el padre es un padre respetuoso con la madre, que colabora en casa, que tiene clarísimo que lo primero es el matrimonio y que trata con cariño, delicadeza y ternura a su mujer, la niña va a poner ese filtro en sus parejas futuras, lo cual es muy bueno. Además, para la niña es protección y seguridad.

»Para el niño es su primer líder, y por tanto su modelo de masculinidad, y por tanto tiene que ser un modelo de masculinidad no perfecto, porque nadie es perfecto (además es bueno que seamos imperfectos, porque así se adaptan a las imperfecciones del mundo), pero honesto. El padre tiene que exigir a su hijo cumplir las mismas normas que él se autoimpone, porque de esta forma el hijo se dará cuenta de que estas normas se imponen por su bien y no sencillamente por autoritarismo.

  • En otra entrevista en Aladetres, María Calvo Charro profundiza en "una crisis antropológica mortal".
-¿Qué implica si la hija es única?

-El problema con las hijas únicas se plantea cuando esa hija transforma la relación jerárquica en una relación de iguales, desplaza a la madre. Es una relación que no es sana, porque la hija tiene que saber que no está en la cúspide jerárquica con su padre, sino que en la cúspide jerárquica están el padre y la madre, el matrimonio es lo primero

»La hija tiene que aspirar en el futuro a tener una pareja como sus padres. Entonces, si el padre desplaza a la madre en favor de la hija, lo que puede pasar con la hija única es que la hija entienda que el matrimonio es una institución débil, líquida, en la que no hay una cohesión y una solidez fuerte, y eso es erróneo, es incorrecto y es negativo, porque la hija tiene que aprender que el matrimonio es una unión de exclusividad, de perpetuidad, indisoluble.

»Si ella ve que su padre le da preferencia a ella frente a su mujer, luego esa niña sospechará de los hombres a la hora de casarse, porque pensará también que le va a pasar lo mismo que le pasó a su madre, va a sospechar que los hombres la van a desplazar si tiene una hija. 

-¿Qué papel juega la "protección" en la misión paterna respecto a las hijas en particular?

-Cualquier hija necesita que su padre en cualquier momento le dé protección, firmeza y seguridad. Toda hija necesita un beso de su padre, pero también necesita un límite. Necesita un abrazo de ternura, pero también necesita que su padre le enseñe a gestionar la frustración. Toda hija necesita el consuelo, la sensibilidad y la comprensión masculina, pero también necesita un no rígido e inflexible de un padre que la va a ayudar a aceptar luego un no en la sociedad, una frustración en la sociedad, la va a ayudar a gestionar el fracaso. 

-¿Y eso ha cambiado a mejor o a peor con la evolución de la masculinidad?

-Ahora tenemos un hombre muy feminizado de lo masculino. Al padre se le permite ser suave pero no se le permite ser fuerte porque se identifica con ser perturbador, ser perjudicial, incluso se lo califica de tóxico. 

»Entonces los padres son una generación de padres que, muy bienintencionadamente, intentan asimilarse a lo femenino y tienen miedo a poner límites, tienen miedo a ejercer la autoridad, miedo a ser severos especialmente con las niñas. Y esto es un error tremendo, porque un padre cariñoso, empático, emotivo, es fantástico, pero no da esa seguridad que necesita la niña a lo largo de su existencia.

»El padre tiene que imponer unos límites que liberan a la hija del caos y de la angustia, la protegen al fin y al cabo, le hacen diferenciar lo que está bien de lo que está mal y eso le da una seguridad.

-¿Cómo ha influido el feminismo en esto?

-La mayor corrupción del feminismo radical actual es la victimización de las mujeres: todo lo malo que les pasa es culpa de otros, especialmente de los varones, y necesitan ser tratadas como seres infantiles y débiles y dependientes a las que el Estado les solucione todo

-¿Qué características masculinas debe desarrollar un hombre que quiera ser un buen padre con sus hijas?

-Un padre tiene que ser un padre, actuar según su estilo masculino paternal. Las madres tenemos una tendencia física, biológica a buscar el bienestar físico y emocional de nuestros hijos, porque es una prolongación de los mecanismos biológicos intrauterinos. Nosotros hemos tenido en el seno materno a los hijos y les hemos hecho adictos al bienestar. Han estado sin hambre, sin frío, sin problemas, sin traumas, y muchas veces queremos prolongar esos mecanismos y queremos que el mundo sea una especie de bolsa de líquido amniótico en la que a nuestros hijos no les pase nada. Ese es el puro estilo femenino maternal. 

-¿Y el estilo masculino?

-El estilo masculino paternal está para compensar ese maravilloso estilo femenino maternal, que si no se compensa se convierte en esclerotizante, en limitante, porque el hijo tiene que despegarse y tiene que empezar a evolucionar y a integrarse en el mundo real. Es un mundo más duro, con más obstáculos, con más precariedad, con frío, con hambre, con sueño, con dolor. Y el padre tiene que dar las herramientas básicas para superar esos obstáculos, para enfrentarse a la frustración, para superar el fracaso, para que este mundo, con todos sus obstáculos, sea un mundo maravilloso. 

»La realidad duele, hiere. Ese enfrentamiento con la realidad le es más fácil al padre porque no ha tenido una relación biológicamente tan íntima con la hija.

-Entonces podemos concluir que el padre aporta algo propio...

El padre aporta esos dos beneficios: la separación de la madre para que haya crecimiento y el enfrentamiento a la verdad para que haya una educación real. Esos son los papeles del padre. Las hijas, cuando rezan el Padrenuestro, tienen que pensar en primer lugar en su padre.

-¿Puede aclarar esto?

-Si tienen un padre cariñoso pero a la vez que pone límites, tierno pero que a la vez les dice no, se dan cuenta de que Dios les ama pero Dios es justo, de que Dios les ama pero también exige. Entonces pueden comprender mejor que hay un Dios en el cielo. El padre tiene una misión muy trascendental: ser el rostro humano del amor de Dios en la tierra.

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