Rochi, o la vida familiar con un cromosoma que marca la diferencia

Jérôme Lejeune se dedicó en cuerpo y alma en sus "pacientes" favoritos, las personas con síndrome de Down.
La de Rochi es la historia de una familia. Es hija de Luis María (Luisma) Caballero y de Candelaria Lucca y hermana de Luismi, Felipe, los dos varones mayores, y de Calixto y Sixto María, los dos menores. Podría decirse que Rochi es, desde el medio de la cancha, la que pivotea en este "equipo" que no es de básquet pero que tiene mucho de juego.
Porque cuando uno lee Nuestra vida con Rochi. Aventuras de una familia común con un cromosoma extra (Ediciones Logos, Buenos Aires, 2025, 2° edición; España aquí; Argentina aquí), escrito por sus padres, advierte que ella es jefa. Luisma y Candelaria cuentan más de una anécdota al respecto.
¿Por qué un cromosoma extra? Rochi nació con Síndrome de Down. El "extra" se debe, como es sabido, a que, en el par 21, hay tres donde debería haber dos. Este descubrimiento del origen del Síndrome de Down se debe al Dr. Jérome Lejeune, el famoso genetista católico francés que, por amor a Dios y a sus prójimos, especialmente los niños por nacer, sacrificó su carrera por defender la vida desde la concepción. Inspirados en su vida y en su mensaje, sus descendientes crearon la Fundación Jérome Lejeune que se dedica a investigar, cuidar y defender la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La institución original se ubica en Francia. Con el correr de los años, aparecieron otras en los Estados Unidos, España y Argentina. Luis María Caballero es el presidente en el país rioplatense donde la Fundación funciona en la ciudad de Córdoba, capital de la Provincia homónima.
Con todo, el principal problema de salud de Rochi no es el Síndrome de Down sino el renal. Rochi tuvo -y ahora está mejor- problemas con sus riñones. Desde el minuto uno en el que se enteraron hasta el día de hoy, la familia Caballero Lucca ha pasado por mil situaciones que la fueron forjando a partir del amor, la paciencia y la fe. Esa fe que, además de mirar a Jesucristo, también contempla a la Virgen su Madre. Al fin de cuentas, una fe católica sin fisuras.
Y que también mira a los santos. Cuando Rochi tuvo una recaída grave y estuvo a punto de morir –poco antes la familia había festejado un hermoso cumpleaños– cuenta Luisma que colocaron "una estampa con reliquia del beato Álvaro del Portillo, que siempre la ha protegido y otra, también con reliquia, de Fray Mamerto Esquiú, recientemente beatificado, que es mi amigo desde que era niño e iba al Colegio de la Inmaculada de la Tercera Orden Franciscana. A ellos dos les encomendamos resolver este "entuerto"… El día 11 de mayo, fiesta del beato Mamerto Esquiú, los médicos vieron suficientes mejorías como para extubarla, y el 12 de mayo, fiesta del beato Álvaro del Portillo, Rochi ya se mostró francamente recuperada y consciente. No somos técnicos en la materia, ni teólogos, ni peritos pero creemos con firmeza que fue un milagro evidente, un gran regalo del Cielo".
Los Caballero Lucca son familieros. Como afirma Luisma: "Ver a Rochi, Calixto y sus hermanos nos ha servido para confirmarnos en la enorme bendición y la gran ayuda que es una familia numerosa para la educación de los hijos".
Y también cuidadores y defensores de la vida. ¿Cómo no serlo con alguien como Rochi, no? Es lógico pensar que (casi) todo el mundo, cuando Luisma y Candelaria se enteraron de los problemas de salud de la pequeña, les recomendó abortar. Pero…no fue así. "¿Qué hubiera pasado? Me hubiera arrepentido para siempre. Yo no sería la misma, la familia entera no sería la misma, la sociedad no sería la misma. Sólo ella [Rochi] le da una cualidad especial a nuestra familia. Sólo ella brilla con esa luz tan propia. Ella nos ha demostrado, con su vida, que no sobra. Que nadie sobre. Que todos venimos al mundo con una misión" (Candelaria).
Un buen resumen de lo dicho podría condensarse en dos frases. Una, la que les acercó una amiga de la familia: "No te digo que será fácil, te digo que valdrá la pena". Otra, una convicción paterna: "Con ella [Rochi], el camino nunca es demasiado previsible, pero podemos asegurarle que jamás es aburrido. Con ella nada es muy fácil o sencillo, pero siempre es especial. Por eso, recordando cada instante de lo que hemos vivido con ella y sus hermanos, podemos hacer memoria agradecida".
Como la vida misma.