De cajero de casino a obispo, y a misionero en Tierra Santa: «Desde mi ventana veo Getsemaní»
El argentino Carlos Humberto Malfa vive jubilado en Israel, donde dedica su tiempo a acoger a los peregrinos.

"Cuando fui por primera vez a Tierra Santa... la experiencia me provocó una conmoción, te diría, interior", comenta.
Carlos Humberto Malfa, obispo emérito de Chascomús (Argentina), ejerció el ministerio episcopal durante 23 años. Una vida plagada de historias interesantes, como la de haber sido cajero de casino antes de ser sacerdote.
Hoy, muchos años después, tras dejar la diócesis, continúa su labor pastoral como misionero en Tierra Santa. Actualmente reside en la Basílica de Getsemaní, en el Monte de los Olivos, en Jerusalén, donde integra la comunidad de frailes franciscanos.
La misión no termina
En Tierra Santa, el obispo Malfa desarrolla tareas de atención a peregrinos y brinda acompañamiento espiritual a los cristianos locales y a miembros de distintas congregaciones religiosas con presencia en la ciudad.
"Nada me fastidia más que que me digan que soy un jubilado. El cura –en este caso, el obispo– podrá cambiar alguna función, pero la misión, la vida, el ministerio, el servicio, la entrega... eso no termina nunca", comenta en una entrevista reciente en el canal de YouTube Reserva para Dos.
"Me acuerdo que, cuando estaba en secundaria, mi familia, me dijo: 'en el verano, de zángano acá no te la vas a pasar'. Entonces, buscaron un trabajo. Bueno, ahora lo puedo decir. Un médico amigo me consiguió un trabajo dentro de la sala del casino, como cajero del bar", recuerda el obispo.
"Yo era menor, aunque ahora ya nadie nos va a reclamar. Me acuerdo de que volvía a la noche, a las 3 de la mañana y me bajaba del ómnibus Belgrano", añade.

El obispo Malfa en su casa, en el Huerto de los Olivos en Jerusalén.
"En mi casa había peronistas, radicales, comunistas... a mí me enseñó mucho eso. Sin darte cuenta, aprendes a vincularte con gente que no piensa como tú, o que piensa distinto, pero con los cuales puedes quererte y convivir. Creo que el cura puede hacer bien a todos y no solo a los católicos", comenta el obispo.
Ya de joven, aunque quería estudiar abogacía, se decantó por la Psicología. "Me interesaba un poco el misterio de la persona humana. Y me parecía que la Psicología me podía brindar un poco de luz en ese sentido. También era bueno poder echarle una mano a la gente".
Secretario del obispo
En esos años, siendo todavía muy joven, el arzobispo de Mar de Plata, Enrique Rau, le invitó a que fuera su secretario. "Era un gran obispo, un hombre que sabía de todo y lo sabía bien. Yo era un muchachito, y una vez me encontró y me dijo: 'Vas a ser mi secretario'. Él era un hombre que estaba en el atardecer de su vida y yo abriéndome a la vida, me marcó a fuego. Me fui para Roma y viví varios años allí.", comenta.
Tras una intensa vida al servicio de la Iglesia acabó viviendo en Tierra Santa, un lugar que siempre le conmovió. "Cuando fui por primera vez a Tierra Santa en peregrinación, la experiencia me provocó una conmoción, te diría, interior. Al que no tiene fe le puede costar un poco, pero los buscadores de Dios lo entienden. Yo le decía a la gente, en las peregrinaciones, miren, en Tierra Santa, si no es esa baldosa, es esa otra, pero Cristo por ahí pasó. Y esto te cambia un poco", comenta.
Vaticano
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Religión en Libertad
"Vivo en Getsemaní, en el Monte Olivos. Desde mi habitación, desde la ventana, tengo el huerto de los Olivos, donde Jesús fue arrestado, sudó sangre...", concluye el obispo maravillado.