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Fray Augusto, el guatemalteco «mártir de la confesión», será beato: recibió 8 balazos en plena calle

El franciscano se negó a revelar el secreto de confesión de un campesino local

Para obligarlo a hablar, lo colgaron, lo golpearon y le quemaron las manos.

Para obligarlo a hablar, lo colgaron, lo golpearon y le quemaron las manos.Ana Morales de Ramírez.

Redacción REL
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La figura de Fray Augusto Ramírez Monasterio comenzó a ser reconocida en toda Guatemala tras su muerte, cuando miles de personas empezaron a difundir su fama de santidad y a venerarlo como mártir de la fe, del silencio y de la caridad

Su asesinato, ocurrido el 7 de noviembre de 1983, fue noticia de portada en Prensa Libre dos días después. El sacerdote había sido secuestrado, torturado y finalmente ejecutado por agentes gubernamentales por negarse a revelar un secreto de confesión.

Pasados 43 años, el Papa León XIV, un Papa norteamericano que conoce el mundo hispanoamericano, ha firmado el decreto reconociendo como martirio el asesinato del fraile guatemalteco, que podrá ser declarado beato.

Perseguido por las calles

Un hombre descalzo con las manos atadas a la espalda fue visto huyendo por una calle cercana al centro de la Ciudad de Guatemala. Esquivando el tráfico en dirección contraria en la avenida Santa Elena de la capital del país centroamericano gritó: "¡Socorro! ¡Socorro! Me quieren matar".

Detrás suyo venía un coche con sus asesinos: probables miembros de las fuerzas de seguridad guatemaltecas. Fue abatido en cuestión de segundos con ocho disparos y aún respiraba mientras agonizaba en el pavimento. Finalmente le dispararon en la cabeza.

La afluencia a su funeral fue tan grande que el edificio no pudo acoger a los miles de fieles que acudieron: seglares, religiosos, asociaciones y visitantes extranjeros lloraron la pérdida del sacerdote. Sus restos fueron enterrados dentro del templo.

La terrible tortura que padeció

El martirio de Fray Augusto se produjo en un contexto de violencia extrema. En junio de 1983, él, un campesino y dos niños fueron llevados a la base militar de Chimaltenango. Los soldados exigían que el fraile revelara lo que aquel campesino le había confiado en confesión. 

Para obligarlo a hablar, lo colgaron, lo golpearon y le quemaron las manos. Más tarde lo arrojaron a un agujero en la tierra. Al amanecer, los dejaron marcharse, pero antes intentaron que firmara un documento que afirmaba que había sido bien tratado. Su respuesta fue firme: "No debo nada a nadie, yo no me voy. Hay que dar un precedente".

El campesino que había buscado ayuda recordaría después: "Bajé a la Iglesia de San Francisco y encontré a un sacerdote en el confesionario. Él me escuchó y me ayudó. Yo no conocía al Padre Augusto. El Padre Augusto dio su vida por mí". Durante el conflicto armado, muchos acudían a Antigua para acogerse a la amnistía ofrecida por el gobierno, y él nunca negó auxilio a quien lo necesitara.

Su compromiso pastoral se extendió a múltiples ámbitos: trabajó con jóvenes de MOJUFRA, colaboró en la pastoral indígena de Sacatepéquez y formó catequistas

También ejerció como Rector del Seminario Menor en Antigua Guatemala, Consejero de la Custodia Franciscana, Superior y Párroco de San Francisco El Grande, además de impartir cátedras de Psicología en el Liceo Francés.

Nacido en Ciudad de Guatemala, estudió muchos años en España

Su trayectoria académica y pastoral fue muy amplia. Nacido en Ciudad de Guatemala, estudió y sirvió muchos años en España. Entre 1972 y 1975 estudió Lenguas Clásicas, Pedagogía y Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca.  

El 18 de junio de 1967 había sido ordenado sacerdote en la iglesia de San Francisco de Teruel, España. Sus estudios teológicos los realizó entre 1964 y 1967 en Orihuela y Teruel, y la Filosofía la cursó en Hellín, Albacete, entre 1959 y 1964. Su profesión simple la hizo el 26 de diciembre de 1959.

Nació en Guatemala el 5 de noviembre de 1937, hijo menor de nueve hermanos y su ingreso formal a la Orden Franciscana se produjo en noviembre de 1952. En 1958 viajó a España para continuar su formación sacerdotal.

Desde joven mostró inclinación por la música, participando en el coro juvenil de los padres Maryknoll, y fue acólito en las Beatas de Belén y en la iglesia de Belén. Era conocido por su carácter alegre, servicial y atento, además de ser un buen futbolista y amigo de todos.

Un episodio marcó su infancia: en 1949 murió su padre, cuando él tenía apenas 12 años. Recordaba que su padre conservaba un Niño Dios dentro de una bola de cristal, una antigua imagen del Niño dormido bajo un árbol. Antes de morir, pidió a su esposa que lo entregara en la iglesia de San Francisco. Ella cumplió el deseo y los tres hermanos llevaron la imagen.

Desde los seis años, el futuro beato ya jugaba a celebrar misa, invitando a sus amigos y realizando la "celebración" con respeto y solemnidad. Afirmaba con convicción infantil: "Yo llegaré a ser obispo".

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