En la Jornada Mundial del Pobre, subraya que no basta con limosnas, hay que darles «lo necesario»
Padre Horcajo, cura en Vallecas desde 2009: «Para ser buen cristiano hay que tener amigos pobres»

José Manuel Horcajo, párroco de san Ramón Nonato, en el documental "En Vallecas está el Cielo".
José Manuel Horcajo tenía unos 35 años cuando fue nombrado párroco de San Ramón Nonato. La parroquia se encuentra situada en Puente de Vallecas, que desde hace años lleva la delantera en el listado de barrios con menos renta e ingresos de la capital. Como relató el sacerdote en una entrevista concedida a Ecclesia es domingo, la celebración de la Jornada Mundial de los Pobres este 16 de noviembre ha transcurrido en su parroquia “como un día más”.
El sacerdote no generaliza, pero admite que el día a día en el barrio no es sencillo, especialmente por las derivadas que tiene en lo relativo a incidentes o inseguridad.
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Una navaja, el regalo de bienvenida: "Te vendrá bien"
“El día que llegue no pude tomar posesión porque había una manifestación y contramanifestación. La policía iba disolviendo, los encapuchados pasaban por encima de mi coche… El día que llegué, una señora, muy buena, por cierto, me dio una caja, la abrí y había una navaja”, relata el sacerdote, que pensó que se trataba de una broma. “Guárdela, que le vendrá muy bien”, le dijo ella.
Dieciséis años después, el sacerdote conserva el regalo en su coche, como un apreciado regalo… “y porsiacaso”, agrega entre risas.
Desde entonces, la pobreza no es solo el día a día de José Manuel. De hecho, es su principal escuela de virtud.
Escuela de vida y virtud
Preguntado por si puede ser feliz así, no duda al responder que es “totalmente” así. “Me ha enseñado las bienaventuranzas, los pobres, los mansos, los que sufren, los que lloran… Para ser luz del mundo hay que vivir con los pobres y ser pobre con ellos. Te enseñan a ser pobres, como Jesús”, observa.
El sacerdote tampoco cae en idealismos ni estereotipos. No generaliza la delincuencia de su barrio, pero tampoco dice que sean “mejores ni mas santos”.
En 16 años, el sacerdote ha aprendido que las personas sin recursos “te enseñan con su vida, Dios te enseña a través de ellos cuál es la verdadera riqueza. La pobreza te muestra una evangelización que solo puedes descubrir en su vida difícil. A mí me han enseñado verdaderamente el rostro misericordioso de Dios”.
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La limosna no basta, hay que ir al fondo del problema
Un aspecto fundamental en su día a día es el de la asistencia, la ayuda y lo que comúnmente se llaman limosnas, que él considera como “el comienzo de una amistad” pero que, si no se mantiene o crece, no deja de ser un parche. “Si doy solo una ayuda puntual y mañana no me importa lo que ocurra, no estoy dando verdadero calor humano”, explica.
Lo mismo ocurre con otras ayudas de corte material, necesarias, pero siempre insuficientes pues, según ha aprendido, “hay que ayudar al pobre, pero no por darle un dinero o trabajo, que sería un parche, sino para entrar al fondo de la cuestión: ¿Qué le está pasando? ¿Por qué tiene fracturas en el corazón, en la inteligencia…?”. Solo entonces, al plantearse esos interrogantes, es posible “entrar al fondo de la cuestión” y tratar de dar lo necesario, “una amistad, una familia… a Dios”.
Si se busca ayudar en la carencia, el padre Horcajo subraya la importancia de “comprender la herida interna que tiene el que está sufriendo, su grito y su clamor. Cuando entiendes eso, entonces comienzas un acompañamiento y puedes ayudarle a salir adelante”.
"Cuando la familia falla, comienza el desastre"
Una visión que solo se puede comprender conociendo primero la realidad y origen de la pobreza, que según su experiencia se encuentra siempre en una herida en el corazón, la esperanza y el amor.
Lo personaliza con el ejemplo de una joven de 13 años que, en pleno campamento, acudió sangrando y buscando ayuda en el sacerdote. “Había venido embarazada y lo había ocultado. La familia estaba desestructurada, rota, y la niña había buscado cariño en su novio. El bebé nació bien”, relata con emoción. Aquel niño fue el primero de otros a los que, en cierta forma, considera y quiere como si fuesen suyos.
“Ahí me doy cuenta de que el gran problema siempre es la familia. Cuando la familia falla, cuando fallan los vínculos de amor, cuando uno tiene soledad y nadie le quiere, entonces comienza el desastre. El desastre social comienza por el desastre familiar. Y el desastre familiar está porque hay un desastre en el corazón, una falta de esperanza, de paz y de amor”, explica.
Aquel pequeño y los que vinieron fueron el germen de sus proyectos de acogida, ofreciendo a las madres y necesitados un hogar y una familia. “Cuando uno tiene una familia, tiene un hogar, y entonces lo encuentra todo”.
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"No eres pobre porque quieres"
Su experiencia, dedicación y conocimiento de la pobreza en su propia vida le lleva a refutar enérgicamente simplificaciones hoy en auge, como la de que los pobres tienen la culpa de serlo.
Una explicación de la pobreza que el sacerdote no comparte, convencido en su lugar de “una fractura o una herida que impide salir adelante”, lo que ejemplifica y personaliza en la entrevista.
“Esa persona necesita una ayuda de todos y una ayuda desde el corazón. Siempre se dice que no hay que dar el pez, sino la caña. Sí, pero ¿y quién le da la paciencia para pescar? Porque hace falta paciencia. Y dar la paciencia requiere un entorno, un ecosistema afectivo que se llama familia, hogar, comunidad. Sin eso, la persona no tiene paciencia. y si no tiene paciencia, nunca tendrá trabajo”, explica.
Nuevas formas de pobreza
Preguntado por otras formas de pobreza además de la material, apunta directamente a dos. En primer lugar, la falta de esperanza, plasmada en las elevadas y crecientes cifras de suicidio juvenil. “Llama la atención. Son jóvenes que tienen de todo, que a lo mejor dos días antes publicaban en Instagram su felicidad digital y al día siguiente se suicidan. Es la falta de esperanza, de un proyecto de vida, de un amor”.
En segundo lugar, y relacionada a la primera, se encuentra lo que considera la carencia de una vida o de interés por generarla. “El que no quiere generar una vida con amigos, con familia, generar vínculos”. Se refiere así a otra “gran pobreza”, una “falta de compromiso y aislamiento que produce gente que no se atreve a comprometerse, a generar una familia”.
De la limosna a la amistad, verdadera caridad
Abordando posibles modos de afrontarlo en esta Jornada Mundial de los Pobres, remarca que, lejos de ser indiferentes o huir de la pobreza o conformarse con limosnas, solo si se mira frente a frente ayuda a entender qué es el hombre.
Al verlos, concluye, “comprendo mejor a Jesucristo y la encarnación. Para ser buen cristiano y tener caridad hay que tener amigos entre los pobres. Hay que darles amistad. Y esa amistad comienza en la caridad. Y la caridad en el conocimiento de Jesucristo”.
[Se pueden consultar los programas de acción social de la parroquia San Ramón Nonato y colaborar con ellos desde su página web]